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Caso Abierto - Diario de Mallorca

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Crimen de Elche

"Por el tiempo que el menor de Elche dedicaba a los videojuegos pudo perder la noción de lo real"

María Angustias Oliveras, especialista en psiquiatría legal, reclama más inversión en salud mental y dice que "hay trastornos que no se detectan en casa"

María Angustias Oliveras. Pilar Cortés

María Angustias Oliveras es doctora en Medicina y tiene un máster en Psicología Clínica Legal y Forense. Además, en sus más de 40 años de experiencia profesional, ha sido directora de varios hospitales de día, jefa del servicio de Psiquiatría del Hospital Universitario de San Juan y profesora de la Universidad Miguel Hernández.

Oliveras analiza para Información las condiciones psicológicas y sociales que pudieron afectar al menor de 15 años que confesó haber acabado con la vida de sus padres y su hermano en Elche. Además, hace hincapié en los efectos de la pandemia en la salud mental de la población y la influencia que ejerce en personas con enfermedades mentales la violencia existente en la ficción televisiva y en los videojuegos.

¿Cómo explica desde un punto de vista psiquiátrico el parricidio de Elche?

No se puede generalizar, y cada caso es un mundo, pero es evidente que tienen que existir anomalías previas en el chico. Aún así, siempre intervienen factores de todo tipo: biológicos, psíquicos y sociales, que son los que finalmente hacen que se produzcan tragedias como esta.

¿Cuáles cree que han sido los condicionantes que han podido influir en este caso?

A los seres humanos todo nos influye. En el caso de este chico, pudo ser cualquier cosa de su entorno y todas al mismo tiempo. No existen causalidades concretas, pero tampoco casualidades, todo cuenta. Desde un encontronazo en el colegio, algún episodio de acoso o bullying, problemas en casa...

¿Y a qué perfil cree que se ajusta el joven?

Encaja en un patrón compulsivo, con dificultades para las relaciones sociales y sobre todo para la generación de empatía. Por el tiempo que parece que dedicaba a los videojuegos, podría haber perdido la noción de lo que es real y lo que no. Si además tenía una baja o nula tolerancia a la frustración, el hecho de que le retirasen el acceso a internet, pudo ser fatal para él. Desde luego, la falta de remordimientos podría estar relacionada con algún nivel de sociopatía.

¿Considera que pudo haber mostrado algún síntoma del problema que podría padecer?

Seguramente sí: favorecer el aislamiento, no mirar a la cara, evitar conversaciones con los adultos, tener pequeños impulsos agresivos, no encontrar forma de afrontar la frustración...

Esos síntomas podría padecerlos casi cualquier persona de 15 años.

Ese es el problema, que es muy difícil de distinguir y por eso se hace casi imposible detectar ciertos trastornos en casa. Hay muchos síntomas que podrían confundirse con los propios de la edad, en casa podrían pensar que su hijo atravesaba "la edad del pavo". Pero por eso es tan importante la prevención. El problema es que no hay personal, faltan profesionales y falta inversión.

¿Qué se puede hacer ahora desde un punto de vista clínico con el caso de Santi, el joven de Elche?

Lo primero y primordial es diagnosticarlo adecuadamente y ya entonces actuar. El problema es que en el terreno de la salud mental falta inversión, mucha. Los profesionales no dan más de sí, y los casos siguen aumentando.

¿Cuál es el papel que juegan los profesionales de la salud mental en este tipo de casos?

Debería ser el de prevenir y evitar que hechos como los de Elche se repitan. Pero ahora mismo el papel de un psiquiatra es como si llegas al cine y entras a una película de misterio cuando faltan cinco minutos para que se acabe. Tienes muy poco tiempo para enterarte de quiénes son los personajes, de qué ha ocurrido, de qué les motiva... Por eso creo que, tal y como está planteado el sistema ahora mismo, los psiquiatras llegamos siempre tarde, porque se atiende lo urgente antes de lo importante.

¿Cómo cree que ha afectado la pandemia a la detección de enfermedades mentales?

Creo que, por un lado, ha servido para que todos estemos más concienciados de la importancia de cuidarnos también mentalmente. Se han roto algunos tabúes, no da tanto reparo hablar de salud mental... Pero, por otro lado, el confinamiento y la pandemia en general han servido para favorecer el aislamiento social, dificultar las relaciones y dotar de mayor protagonismo todavía a las redes sociales, lo que puede ser muy peligroso.

¿Por qué puede ser muy peligroso?

Porque estamos evolucionando socialmente de una manera muy rápida, y nos cuesta adaptarnos con tanta velocidad a los cambios. Ahora todo es violencia: los videojuegos, la ficción en el cine y en las series, las noticias... Estamos rodeados de violencia, y eso cala en las personas con problemas de salud mental. Al encontrarse episodios violentos de manera habitual, los normalizan. Por eso creo que no se trata de prohibir las consolas, ni el cine o las series. Sino de educarnos como sociedad en cómo podemos hacer un buen uso de ellos.

¿Cree que el hecho de que el joven dedicase varias horas diarias a los videojuegos tiene un papel importante en lo ocurrido?

Por supuesto. Pero no es tanto el videojuego en sí como la forma en la que puede afectar a una persona que sufre algún trastorno. Muchas veces, y especialmente a estas edades, si el mundo exterior es hostil los jóvenes se refugian en las redes sociales, en las videoconsolas o en internet. Este tipo de personas pueden ser altamente sugestionables. Tienen unos intereses muy limitados y por eso viven con mucha intensidad aquello que les motiva. No tenemos tolerancia a la frustración por demora, lo queremos todo ya y lo queremos ahora. Queremos satisfacción inmediata. El chico estaba acostumbrado a pulsar un botón y conseguir lo que quería, si de repente le arrancaron de todo eso, pudo ser demasiado para una persona obsesionada con ello.

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