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Espacio

Canarias se une a la red mundial de vigilancia de asteroides peligrosos

El Instituto de Astrofísica instalará varios telescopios en el Teide del Proyecto Atlas, impulsado por la NASA | Será el primer observatorio de esta red en Europa

Prototipo de telescopio instalado en el Observatorio del Teide, uno de los cuatro que formarán parte de la red de vigilancia de asteroides. IAC

Canarias se prepara para blindarse contra los meteoritos. El Instituto de Astrofísica de Canarias (IAC) se ha unido a la red de vigilancia de asteroides peligrosos del Proyecto Atlas, impulsado por la NASA, que también tiene observatorios en Hawái, Chile y Sudáfrica. Esta instalación, que prevé completarse a lo largo de 2024, será la única que de esta red que proporcione datos desde Europa.

La instalación de defensa planetaria ya se ha empezado a construir en el Teide, sin embargo, será muy distinta que la de sus predecesoras. Como explica Javier Licandro, astrofísico del IAC y uno de los investigadores principales del proyecto, serán un total de 16 los telescopios que se situarán en las cumbres de Tenerife. Se dividirán en cuatro monturas que albergarán, cada una, cuatro de estos visores astronómicos. Licandro admite que su división dificultará su calibración, pero insiste en que las posibilidades que abre este tipo de infraestructuras "son mucho mayores" que la de sus primas-hermanas de la primera generación. 

"Los otros telescopios de Atlas toman una sola imagen, nosotros haremos 16 al mismo tiempo", reseña el investigador. Pese al esfuerzo añadido, Licandro insiste en que "es una forma más barata" de realizar estas observaciones nocturnas y con la que se obtienen "mejores resultados". Con estos telescopios, Canarias contribuirá a mejorar la alerta temprana de los asteroides potencialmente peligrosos que se acerquen al espacio terrestre. Pero no es la primera vez que lo hace.

El Teide albergará 16 telescopios que tomarán imágenes combinadas sobre asteroides

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"Con los telescopios con los que ya dispone el IAC, como el Gran Telescopio de Canarias (GTC), hemos contribuido a la caracterización física y detección de objetos particularmente interesantes", reseña el investigador. Con esta instalación, los científicos consiguieron detectar dos objetos a los que empezaron a hacer el seguimiento. "Llegamos a la conclusión de que uno era un posible impactador y, por ello, se ha incluido en el catálogo de asteroides cercanos a la tierra (NEA)", explica Licandro. Se denomina NEA a aquellos objetos cuya distancia orbital con la tierra es la vigésima parte de la distancia media entre la Tierra y el Sol y que podrían colisionar con la Tierra en un periodo de tiempo de 100 años. 

La incorporación a este programa refuerza el compromiso del IAC con la defensa planetaria. "Es un esfuerzo global, y ahora nuestro observatorio se situará en un lugar muy destacado", resalta el investigador. El IAC lleva cuatro años intentando formalizar esta colaboración con la NASA que, finalmente, se hizo realidad a finales de 2021 tras conseguir financiación de los fondos de recuperación europeos. Este año ha sido instalado la primera de las cuatro monturas del proyecto Atlas en Tenerife, y ya ha visto su primera luz.

El Proyecto Atlas tiene como objetivo establecer una alerta temprana para este tipo de fenómenos en todo el globo. Surgió en 2015 a raíz de la catástrofe de la ciudad rusa de Cheliábinsk, que en 2013 sufrió el impacto directo de un objeto de 17 metros con una fuerza de más de 500 kilotones (treinta veces superior a la bomba de Hiroshima). Según las autoridades, 1.495 resultaron heridas, la mayoría de ellas por la onda expansiva que provocó la explosión al romper la barrera del sonido. 

"Si el planeta hubiera contado con esta red se podría haber alertado a la población de que se acercaba y haber tomado medidas de prevención", asegura Licandro. Como ejemplo, si se hubiera previsto la llegada de este meteoro, "se hubiera advertido de la necesidad de alejarse de puertas y ventanas o de mantenerlas abiertas", explica. Y es que las heridas de los afectados fueron provocadas, en su mayoría, por los cristales que volaron por los aires tras la onda expansiva.

Meteoritos en Canarias

La caída de meteoritos en la Tierra es más común de lo que parece, y el ejemplo está en la reciente llegada de un pequeño meteorito, de apenas un metro, a la costa de Gran Canaria. En estos casos, las rocas espaciales son más difíciles de detectar, fundamentalmente por su pequeño tamaño. "Cada semana cae en alguna parte del planeta un meteorito de uno o dos metros y apenas hemos podido detectar cuatro en toda la historia", explica Licandro. Pero también desentrañan menos peligros. Cuando estos objetos atraviesan la atmósfera, el rozamiento los descompone en pequeños trozos. A veces, como ocurrió en Lanzarote en la madrugada del jueves, se descompone en dos y la población puede llegar a observar dos estelas similares a las que deja una estrella fugaz. En ese caso, "es probable que ni siquiera hayan llegado a tierra", remarca el investigador, que insiste que los trozos no podían medir más de unos pocos centímetros. 

"Detectar y predecir es fundamental" incluso cuando los objetos son pequeños. La defensa planetaria se completa con dos proyectos más. Uno es el envío de un telescopio espacial orientado al Sol para poder ver los objetos que aparecen en esa parte del cielo. Y es que uno de los hándicaps de esta tarea ha sido, precisamente, poder observar las rocas que provienen de esa parte del espacio. "Cuando los asteroides provienen de la dirección del Sol no los podemos ver desde Tierra", resalta el investigador. Para ello, tanto la NASA como la Agencia Espacial Europea (ESA) están trabajando en misiones para cubrir esta demanda. La de la NASA está más avanzada y está previsto que pueda lanzarse en 2026. Mientras, la de la ESA acaba de recibir financiación para plantear el proyecto durante los dos próximos años.

Por otra parte están las misiones dedicadas al desvío de objetos potencialmente peligrosos. Es el ejemplo de la misión DART (siglas de Prueba de Redireccionamiento de un Asteroide Binario, en inglés), cuyo objetivo era golpear al asteroide Dimorphos para cambiar su trayectoria. Antes del impacto de DART, Dimorphos tardaba 11 horas y 55 minutos en orbitar su asteroide anfitrión Didymos, de mayor tamaño. Desde la colisión de DART el 26 de septiembre, lo hace en 32 minutos menos: 11 horas y 23 minutos.

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