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'Boom' cannábico

Una bombilla para cultivar marihuana gasta más electricidad que una familia normal

El 95% de las plantaciones están ilegalmente conectadas a la red eléctrica | El consumo de una nave con 2.000 plantas implica un gasto eléctrico parecido al de un barrio entero

Plantación de marihuana de más de 500 plantas en Lloret. EFE

Los traficantes de marihuana consumen cada año más electricidad que el anterior. Pero no la pagan. El 95% de las plantaciones están conectadas ilegalmente a la red, según el jefe de inspección de la compañía Endesa, la principal empresa de distribución de energía, que añade que según todos los indicadores el ritmo de crecimiento de las cultivos clandestinos 'indoor' de cannabis en España es exponencial.

La cifra de intervenciones que la principal empresa energética habrá llevado a cabo cuando finalice 2022 en colaboración con los cuerpos policiales será un 30% superior a la de 2021. En los últimos tres años, los pinchazos a la red han crecido un 70% y cerca de un tercio de esos robos de energía son para alimentar invernaderos de marihuana. "Y estamos lejos de revertir esta tendencia”, mantiene en una entrevista con EL PERIÓDICO, del grupo Prensa Ibérica, en la que solicita aparecer sin nombre y apellidos. "Es un problema de país". 

Para Endesa es, sobre todo, un problema de fraude eléctrico: las plantaciones 'indoor' de marihuana defraudan en España tanta electricidad como la que consume una ciudad como Palma de Mallorca. Los viveros que proliferan en naves industriales, casas de urbanizaciones o pisos de ciudades sustituyen la luz solar por la luz artificial de una bombilla de sodio. Cada una de estas luces, que oscilan entre los 600 y los 1000 watts, consume más electricidad en un día de la que gasta una familia normal.

Encendidas las 24 horas

Estos cultivos permiten triplicar o cuadriplicar el ritmo de crecimiento normal de una planta en el exterior porque, a diferencia de la luz solar, la de las bombillas brilla durante las 24 hora del día. Los traficantes acostumbran a elegir semillas de crecimiento rápido, lo que les permite recoger de 3 a 4 cosechas anuales. Un fraude eléctrico incesante.

En una plantación modesta puede haber una veintena de bombillas, lo que significa –aplicando una regla de tres a lo anteriormente expuesto de la familia y la bombilla– que defrauda la misma cantidad de electricidad que consume un bloque entero de un distrito como el Eixample. Y cuando los medios informan de que la policía ha desmantelado una plantación con 2.000 o 3.000 plantas, se alude implícitamente a un gasto eléctrico parecido al de un barrio entero. 

Cifras sangrantes

Si para Endesa es un problema empresarial, para los ciudadanos que pagan una factura eléctrica que además no ha dejado de subir debido a la guerra de Ucrania debería ser casi personal. Más, si cabe, cuando a muchos negocios levantar la persiana cada mañana les cuesta mucho y a las puertas de un invierno que algunas familias deberán afrontar sin calefacción. En ese contexto, imaginar que uno puede estar compartiendo rellano con un vecino que roba tanta electricidad como la escalera entera y que no la usa para calentarse –unos 150 euros mensuales– o para abrir una cafetería –más de mil euros mensuales– sino para traficar con marihuana, resulta irritante. 

En algunas zonas las cifras son especialmente sangrantes. Según recoge este jueves la agencia ACN, que cita datos de la propia Endesa, el 85% de la electricidad que consume el barrio de la Font de la Pólvora, en el extrarradio de Girona, se defrauda y no pasa por ningún contador. La diferencia entre los pisos que tienen contrato y los que pinchan la luz es abismal. De los 642 puntos de suministro que tiene el barrio, 301 no están regularizados (el 47%) y llegan a consumir hasta seis veces más luz que el resto. El responsable territorial de Endesa en Girona, Marc Ruaix, explica a la ACN que haber sobredimensionado la red ha evitado que el fraude derive en cortes de luz continuos –como ocurría antes– pero alerta de que la situación tendrá un límite. "Estamos ante un problema social que debemos afrontar con el Ayuntamiento y las fuerzas de seguridad para evitar que vaya a más", afirma.

Los traficantes pueden engancharse ilegalmente pinchando la red general a través de una farola o de un cable subterráneo. O pueden hacerlo también con contrato y puentear el contador. A menudo son amaños chapuceros que conllevan riesgo de electrocución para los infractores –o para los vecinos si se producen derivaciones de carga a través de la tierra o de las tuberías de agua– y de incendio. También provocan que el sistema de protección salte y los cortes de suministro sean constantes. En un reportaje publicado en este diario en 2020, los Mossos d'Esquadra, la Guardia Urbana de Barcelona, los Bombers de Barcelona, los Bombers de la Generalitat y Endesa avisaban ya de que las plantaciones clandestinas interiores amenazan seriamente la integridad de los vecinos.

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