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Souvenirs | El imán, ¡qué gran idea!

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Souvenirs | El imán, ¡qué gran idea! Joan Riera

La puerta de la nevera aporta más información que el móvil y la tableta juntos. Ahí están los horarios del tren (teóricos), la receta de las magdalenas y el diagrama de la dietista para una alimentación equilibrada. También el calendario con las citas del veterinario, los días de la recogida selectiva de basura y el número de teléfono que anoté, aunque ahora no recuerdo para qué. Por ahí anda una factura pendiente de pago, una foto bonita y el recordatorio de que algún día, nadie sabe cuándo, hay que reorganizar la biblioteca de la casa.

¿Cuál es el sostén de tanta sabiduría? No se mide en megabytes ni en la potencia del ordenador capaz de procesar millones de datos por segundo. Tanto conocimiento útil se sustenta en algo tan simple como un imán. Ahí está el autorretrato de Rembrandt adquirido en su casa de Amsterdam. El cuadro de Caspar David Friedrich en el que los hielos crujen un diminuto barco de madera, traído de una fugaz visita a Estocolmo. El perro de Goya llegó desde el Prado. Las banderas del cosmos de Jorge Manrique, desde Lanzarote. Un gato sobre el pie de la estatua de Constantino tiene que ser necesariamente romano.

Arte que organiza sabiduría. O traducido en términos que interesan para esta sección veraniega: ¡al fin un souvenir útil! Y barato, cabe añadir. Y poco voluminoso, sentenciará quien, atosigado por las compañías aéreas de bajo coste, se han acostumbrado a conocer mundo con una mochila en la que apenas caben el cepillo y la pasta de dientes.

El imán reúne méritos suficientes para figurar con todos los honores en el podio de los souvenirs de hoy. Mallorca no podía quedar al margen de este reconocimiento. La variedad de producto es tangible al entrar en cualquier tienda, allí se suceden los paneles metálicos en los se alinean imanes con formas y motivos aptos para satisfacer cualquier gusto.

Existe una serie de imanes redondos que, por la temática, parecen destinados al mercado local. Tiene dibujos con las siluetas de la catedral, el castillo de Bellver y el tranvía de Sóller. Sin embargo, la mayoría son palabras cuya comprensión sólo está al alcance de los muy y mucho mallorquines, diría M. Rajoy. Por supuesto, en lugar destacado encontramos el Uep, que vale para un roto o un descosido. También existen los modelos «poma», «serramamerra», «dali cebes», «no diguis dois», aunque se lamenta la falta del imprescindible «ja te diré coses».

Pensando en el mercado internacional, los cerebros del negocio han puesto bajo el nombre de Mallorca bailarinas flamencas, cabezas de toro de las que se pueden ver en las casas de los toreros, abanicos adornados con zapatos de lunares y hasta una paella con su arroz, sus gambas y sus mejillones (Desde aquí pedimos humildemente perdón a andaluces y valencianos por la apropiación indebida de sus esencias nacionales).

Las técnicas desarrolladas para ilustrar los imanes incluyen el bajorrelieve, la foto o el dibujo. Tenemos catedrales, castillos de Bellver, lonjas, cuevas del Drac, el tren de Sóller y unos cuantos molinos. A veces se sintetiza todo en un solo recuerdo. Aunque el batiburrillo resulta de digestión difícil se debe reconocer la habilidad del grabador para agrupar en cuatro o cinco centímetros cuadrados estos monumentos de grandes dimensiones. Otros se conforman con una foto rectangular de las playas más populares de la isla. Cala Millor y Magaluf se convierten así en cuasiparaísos ecológicos gracias a las palmeras o pinos que siempre aparecen en primer término. Los mapas de Mallorca silueteados también deben tener su público porque abundan. Van desde los que juegan con el topónimo y lo transforman en Myllorca hasta los tradicionales, con sus bailarines vestidos a l’ample, su cartuja o su santuario de Lluc.

Sorprende un imán de Mallorca con la imagen de un burro que lleva una manta colorista sobre los lomos. Los arreos de la cabeza están profusamente adornados. No lograba establecer la relación con la isla, salvo cuando en los albores del turismo unos equinos semejantes paseaban por las playas vendiendo botijos y otros productos cerámicos. Al final se descubre que nada tienen que ver con nosotros porque otros muy parecidos se venden como recuerdo de Eivissa, Grecia o Bulgaria. El imán es útil, pero su temática es tan tópica como la del más inservible de los souvenirs.

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