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Diario de Mallorca

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Crisis del coronavirus

El vacío legal de vivir con covid persistente

Se calcula que afecta hasta al 10% o 15% de los contagiados, a los que el coronavirus provoca efectos a largo plazo de diversa índole

Pedro Sánchez, afectado por covid persistente, vive conectado a una máquina en su casa.

El día que Pedro Sánchez recobró la consciencia entre sueños después de noventa y tantos días intubado y otros 15 en la Unidad de Cuidados Intensivos (UCI) tras sufrir el latigazo del coronavirus fue como la madre de Daniel Brühl en 'Good Bye, Lenin!', al despertarse años después del coma. La realidad que conoció al entrar al hospital fue otra bien distinta a la que se encontraba. "Tenía un cacao mental... había que ir diciéndole las cosas poco a poco. Él, claro, había sido ajeno a todo lo que vivíamos los demás, al encierro en casa, a que toda esa gente estuviera hospitalizada, a los aplausos de las ocho de la tarde, a estar pegados a la televisión...".

Lo dice su mujer, Ana, apoyando los nudillos sobre la mesa del salón, entre emocionada y orgullosa, a ratos riendo, a ratos con las lágrimas a punto de estallar –"los médicos me lo pintaban negro todos los días"–, mientras Pedro rememora su particular retorno a Ítaca: se inició un 11 de marzo, "con lo que yo creía que era una gripe tremenda", y acabó meses después, en mitad del verano, con sus amigos, su mujer y sus dos hijos aplaudiendo su llegada en ambulancia a casa. Por fin a casa. "Fue muy emocionante", suspira.

Pedro tiene 56 años, y por tanto, todavía le quedan "10 o 12 años por cotizar". Es lo que él quiere: "Para mí la incapacidad permanente es un putadón. Yo lo que quiero es trabajar. No creo que haya nadie de los que tenemos covid persistente que no deseemos trabajar. Hay gente que tiene 25, 35 años, que necesita trabajar para hacer vida normal. Quiere volver a sus fiestas, de viaje a casa rural con amigos, a tomarse una caña, a llamar cabrón al jefe...".

"Es que quieren normalidad", sentencia Pedro mirando fijamente a los ojos, como subrayando así que esto es importante. Está sentado en el sofá, donde se pasa la mayor parte del día, enganchado a la máquina del oxígeno, excepto cuando sale a comprar o saca a la calle a Cartucho, su perro. Se lo regalaron sus hermanos para que fuera el animal el que le sacara a pasear a él. Cuando baja a las calles de su barrio, Lucero, en Madrid, Pedro camina siempre sujeto a la percha de la máquina, como si fuera un órgano más de su cuerpo. Y es que lo es. No puede estar más de 15 minutos sin él.

La neumonía bilateral provocada por el covid y el tiempo en la UCI lo dejó con una insuficiencia respiratoria severa –su pulmón izquierdo, del que fue intervenido quirúrgicamente, está destrozado– y quedó sordo del oído izquierdo. Tiene, como muchos pacientes con covid persistente, niebla mental, astenia, pérdida de memoria, inflamación generalizada, agarrotamiento muscular, parestesia en las manos, problemas estomacales y herpes en la retina que van dejando "cicatrices que hacen que pierda visión".

Decenas de medicinas

Cuando su mujer Ana desparrama la caja de las medicinas sobre la mesa es como cuando un niño vacía sobre el suelo la caja de los Legos. Hay decenas: "Analgésicos, antiinflamatorios, para los huesos...". "Si me dieran la baja, ¿qué será?, ¿el 75% del sueldo? No me soluciona nada. Tengo a mis hijos empezando en la universidad", lamenta. "Yo soy comercial y antes me hacía 200 o 300 kilómetros al día, pero ahora no me veo capaz de volver a conducir, no me veo con fuerza. Ojalá pudiera volver a trabajar", insiste.

Pedro es uno de los cientos de afectados por covid persistente que ya han cumplido el año de baja y los seis meses de prórroga –de los primeros contagiados– y están a la espera de que un tribunal médico determine si les da la incapacidad permanente. Están en una suerte de vacío legal. El Instituto Nacional de la Seguridad Social tiene 135 días exactos para ofrecerles respuesta. Han de estar atentos porque, en uno de esos perversos retruécanos del Estado, el silencio administrativo es negativo en este caso. Si no se reclama, te quedas sin baja.

Hasta ahora sus bajas no lo han sido por covid persistente, sino por los mil síntomas que les provocan: fatiga, disnea, dolor muscular, insuficiencia respiratoria... No ha sido hasta recientemente cuando el ‘long’ covid ha sido reconocido por la OMS como enfermedad. Se calcula que afecta hasta un 10 y un 15% de la población contagiada, a la que el virus provoca efectos a largo plazo de diferente índole.

"Yo creo que me darán una revisable, porque lo que tiene esta enfermedad es que no se sabe nada sobre cómo va a evolucionar", explica Pedro mientras enseña el mensaje que le envió el pasado 13 de septiembre la propia Seguridad Social: "Se propone inicio de expediente de incapacidad permanente. Recibirá resolución".

Fue, como el resto de casos, tras una cita en la que ni siquiera tuvo una valoración médica. Solo le hicieron preguntas sobre los informes y será un tribunal médico el que tome una decisión. Esto está provocando una gran indignación en los colectivos de afectados.

Sin exploración física

"Es que no están haciendo evaluaciones presenciales. Se miran los pocos informes que tengan, y si no están volcados, ni se tienen en cuenta. Eso cuando no están dando altas forzosas", denuncia María Eugenia Díez, portavoz de la asociación de covid persistente de Madrid. "No sabes si quienes te atienden son administrativos o médicos. No te hacen una exploración física", denuncia.

Desde el Ministerio lo niegan. "Antes de agotar los 18 meses se vuelve a hacer un control médico y una nueva evaluación que determina, o bien el alta, o bien el inicio de un expediente de incapacidad permanente". En este último caso, se le declara con un grado de incapacidad o, en supuestos de una posible reincorporación laboral, puede decidirse "demorar calificación» hasta otros 6 meses más".

Muchos de los afectados que son dados de alta antes de que se cumplan los 18 meses están pidiendo "un informe de síntesis de la valoración de incapacidad" que explique por qué no siguen de baja. Esta es solo una de las múltiples vallas que tienen que ir saltando los afectados por covid persistente, que critican asimismo que no se reconozca la enfermedad con carácter retroactivo, lo que provoca, entre otras cosas, que ese periodo de inactividad no sea reconocido como baja laboral o enfermedad profesional.

El Ministerio de Inclusión, Seguridad Social y Migraciones admite que los médicos llevan usando desde febrero para la tramitación de las bajas "la codificación B94.8, secuelas de otras enfermedades infecciosas y parasitarias" y no será hasta el 1 de enero de 2022 cuando sea sustituida por 'Afección posCovid-19'. Es decir, cuando empiece a reconocerse como una enfermedad propia. En los colectivos no entienden que miles de pacientes sean dejados de lado entremedias. "Es olvidarte de los pacientes con covid de los últimos dos años. Por lo que luchamos no lo decimos nosotros, lo dice la propia OMS", asegura Díez. En la actualidad, hay más de 6.000 personas en las asociaciones de afectados por covid persistente.

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