En las últimas horas, un niño de cuatro años ha fallecido ahogado en una piscina privada en Cabueñes, en el concejo asturiano de Gijón.

El menor, que fue encontrado flotando boca abajo, recibió los primeros auxilios de un vecino, pediatra de profesión.

Los ahogamientos son la segunda causa de muerte accidental en menores de 14 años. 

En el caso de menores de cinco años, se suelen producir, sobre todo, en piscinas particulares.

Mientras que en los adolescentes y jóvenes, en actividades acuáticas, tanto en lagos, mar o ríos, normalmente, y suelen estar asociados al consumo de alcohol.

“Un tanto por ciento muy elevado de los ahogamientos se producen como resultado de lesiones ocasionadas por zambullirse en zonas de escasa profundidad, practicando deportes acuáticos. Los saltos de cabeza causan más del 70% de todas las lesiones medulares relacionadas con actividades deportivas y recreativas”, resalta la Asociación Española de Pediatría (AEP). 

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), cada año mueren 236.000 personas por ahogamiento. En España, han fallecido 260 personas en 2021. 

Un gran porcentaje de las víctimas, de acuerdo con el Informe Nacional de Ahogamientos (INA), eran hombres, cuyos accidentes ocurrieron en playas, sin servicio de vigilancia, y entre las 10 y 12 horas de la mañana. 

Datos de ahogamientos en España en 2022. REAL FEDERACIÓN DE SALVAMENTO Y SOCORRISMO

Este año, 140 personas han fallecido en España por ahogamiento. Y en lo que llevamos de verano, 57 se han ahogado en nuestro país.

Por comunidades autónomas, la Comunidad Valenciana está a la cabeza con 24 decesos, seguido de Andalucía, con 23, y las Islas Baleares, con 20 muertos. 

Ante un ahogamiento, ¿cómo actuar?

La gravedad del accidente dependerá del tiempo que pase el menor flotando boca abajo sumergido en el agua. Y la gravedad se divide en cuatro grados:

  • Primer grado. La víctima tiene buena oxigenación cerebral y no ha sufrido ninguna alteración de la conciencia. 
  • Segundo grado. Se produce un broncoespasmo (los bronquios se obstruyen de manera temporal), pero no se ha visto comprometida ni la ventilación ni la conciencia.
  • Tercer grado. El paciente presenta broncoespasmo y dificultad respiratoria. Puede desarrollar hipoxia cerebral (no llega suficiente oxígeno al cerebro) con síntomas como desorientación o arritmia cardíaca. 
  • Cuarto grado. Paro cardíaco y, en el peor de los casos, la muerte. Los síntomas más graves del ahogamiento se producen cuando la aspiración de agua supera los 10 mililitros por kilogramo de peso corporal.

Unos chicos saltan a una piscina.

Elena Montesinos Sanchís, pediatra y Miembro de la Sociedad Española de Urgencias de Pediatría, explica qué se debe hacer ante un ahogamiento, teniendo en cuenta que un niño “se puede ahogar en menos de 6 centímetros de profundidad”. 

Esto significa que “se puede producir un ahogamiento cuando uno menos se lo espera, en la bañera, en un cubo lleno de agua, una fuente, una piscina inflable, una acequia o cualquier pequeño contenedor de agua que haya en el entorno doméstico”. 

  1. Sacar al menor de la piscina a la mayor celeridad posible.
  2. Si el niño está consciente y respira con normalidad, se recomienda colocarlo acostado de lado. “Con esta posición se evita que las vías respiratorias se puedan obstruir de nuevo y favorece la salida de agua con la tos, o el vómito del líquido que pudiera haber tragado”.
  3. Si no respira, hay que llamar inmediatamente a los servicios de emergencia, mientras se inicia una reanimación cardiopulmonar (RCP). 
  4. Si solo hay un adulto cuando ha ocurrido el accidente, “no se recomienda interrumpir las maniobras de reanimación para solicitar ayuda más de un minuto, y éstas deben continuar sin interrupción hasta la llegada de la ayuda del 112”.
  5. Es vital prevenir la pérdida de calor del niño. Hay que “retirar la ropa mojada, secarlo y taparlo”.
  6. Por último, “se desaconseja realizar maniobras de compresión abdominales para expulsar contenido líquido, salvo sospecha clara de obstrucción de la vía aérea por un cuerpo extraño aspirado”.

¿Cuándo hay que aprender a nadar?

Las clases de natación, sin duda, ayudan a disminuir las tasas de ahogamiento en los menores de edad. Los especialistas recomiendan que los niños aprendan a nadar a partir de los cuatro años. Aunque eso no significa que se prescinda del uso de dispositivos salvavidas.

Sin embargo, como hace hincapié la AEP, “existen estudios que afirman que iniciar las clases entre los 1 y 4 años disminuye el número de ahogamientos. Los padres deberán tener en cuenta la frecuencia de exposición al agua, la madurez emocional, las limitaciones físicas y otras cuestiones de salud, como la hipotermia, infecciones, etc.”.

Un niño se echa agua por la cabeza para refrescarse en el primer día de la segunda ola de calor, a 7 de julio de 2022 en Sevilla (Andalucía, España) Joaquin Corchero - Europa Press

Flotadores y manguitos… mejor no

Cuando los bebés o niños pequeños estén dentro o alrededor del agua, deben estar siempre al alcance y supervisados por un adulto

La pediatra María Paz González señala que la mejor opción son los chalecos salvavidas, que “deben ser de la talla del niño, estar homologados y usarlo siempre que el niño esté cerca del agua”. Los chalecos inflables y los manguitos, que son los más utilizados, “no son una protección eficaz contra el ahogamiento”.

Y es que “la utilización de dispositivos inflables puede producir una sensación de seguridad equivocada. La forma más segura de baño de los bebés es en brazos de un adulto y siempre sujeto y supervisado”.

Respecto a los flotadores que se colocan alrededor del cuello, y que en los últimos años se han popularizado, “no hay estudios que demuestran que la utilización de flotadores en el cuello produzca ningún beneficio en los bebés”. 

Aunque, “algunas publicaciones sugieren que el utilizar un dispositivo que mantiene el cuello erguido puede ser contraproducente para el desarrollo”. La posición del bebé durante su uso “podría producir tensión en sus ligamentos y músculos”.