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Robert Sarver, 2.723 días en el Real Mallorca

El norteamericano reflotó el Mallorca con su aportación de 21 millones de euros en 2016, y ha ido perdiendo protagonismo tras el escándalo en los Suns

Una de las imágenes icónicas de Sarver en el Mallorca, invitando a paella a los aficionados junto a Kohlberg y Nash. Manu Mielniezuk

Siete años, cinco meses y quince días. O, si lo prefieren, 2.723 días son los que ha estado vinculado al Real Mallorca el magnate norteamericano Robert Sarver (Tucson, Arizona, 1961). Su aterrizaje en el club el 4 de enero de 2016, con una aportación de 20.660.475 euros, supuso un bálsamo para la entidad mallorquinista, que venía de una tormentosa etapa con continuos problemas entre Utz Claassen, Biel Cerdà y Llorenç Serra Ferrer. Su llegada fue un regalo de Reyes anticipado en 24 horas. Sarver, junto a su vicepresidente en los Suns de Phoenix, Andy Kohlberg, desde ayer nuevo mandamás de la entidad, tomaron el mando del Mallorca a través de la empresa Liga ACQ Lagacy Partners LLC, que reunió el 77 por ciento del accionariado del club tras ejercer el derecho de suscripción preferente poer 549.867 acciones, con el propio Sarver y Kohlberg con un 31 por ciento cada uno.

«El éxito no se compra con dinero», fueron las primeras palabras de un Sarver triunfador en lo personal y en lo profesional. «Hemos comprado un equipo de Primera que está en Segunda, pero no puedo decir cuándo subiremos. La idea es que algún día este sea un sitio en el que quieran venir a jugar futbolistas de todo el mundo», fueron las primeras declaraciones de intenciones del nuevo mandamás del Mallorca, que hasta su descenso a los infiernos en abril de 2022, cuando se desvelaron sus escándalos de sexismo y racismo en 17 años al frente de los Phoenix Suns, llevaba el mando de las operaciones, siempre desde la distancia. En septiembre hará dos años que no pisa Mallorca. Se despidió de Son Moix el 26 de ese mes, en la derrota del equipo ante Osasuna (2-3), el día del debut de Dominik Greif. Nunca más se supo de él en la isla. Y más cuando se desveló su conducta en su franquicia norteamericana.

Sarver ha vivido de todo en el Mallorca, ascensos y descensos, y ha invertido más de 60 millones de euros que han salvado al club de la quiebra

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Sarver ha vivido de todo al frente del Mallorca. A los cinco meses de su llegada tuvo su primer disgusto, el descenso a Segunda B. En vías de solución en lo económico con su llegada, se tocó fondo en lo deportivo. A la temporada siguiente se logró el ascenso a la categoría de plata de la mano de Vicente Moreno y en la 18-19 sube a Primera. Se vuelve a bajar en la temporada siguiente y se vuelve a subir en la 20-21 de la mano de Luis García Plaza. Demasiados vaivenes y altibajos, que se han reconducido en los últimos tiempos con una relativa estabilidad en Primera. Tras salvarse el equipo por los pelos la temporada pasada, en la actual ha logrado una brillante novena plaza, con Sarver muy lejos de la isla, física y mentalmente.

El paso de Sarver por el Mallorca será recordado por haber sabido dar solvencia deportiva y económica al club. Desde su llegada, en siete años ha invertido en el club más de 60 millones de euros; ha remodelado el estadio de Son Moix, con la supresión de la polémica pista de atletismo; ha sacado al club del concurso de acreedores en el que estaba cuando llegó y con él como máximo accionista se ha solucionado el conflicto de los copropietarios del Lluís Sitjar, enquistado desde hace más de dos décadas. 

Sarver pasa el testigo a Kohlberg, mucho más vinculado al club y a la isla, donde posee una casa. Se acaba una etapa, una buena etapa pese a todo, y se inicia otra. Se va Sarver, coge el testigo Kohlberg. A rey muerto, rey puesto.

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