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Diario de Mallorca

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Primera División

Un Mallorca irreconocible ante la Real Sociedad

El Mallorca se diluye ante la Real Sociedad en un terrible partido que apaga el optimismo colectivo tras la imagen mostrada ante Cádiz, Athletic y Betis -Amath, uno de los grandes señalados

Maffeo se lamenta en el suelo tras una ocasión fallada.

Tristeza, impotencia y desilusión. Hacía mucho tiempo que un ambiente tan fúnebre no se vivía en Son Moix cuando Melero López señaló el final del encuentro ante la Real Sociedad. El Mallorca firmó, de lejos, su peor partido del año en casa, en medio de una incesante lluvia que no hizo sino magnificar el sentimiento de indignación en los mallorquinistas. 

Los bermellones apagaron de un plumazo el estado de optimismo colectivo instaurado desde hacía semanas con un partido en el que todos estuvieron a años luz de su mejor nivel, a merced de un conjunto txuri-urdin que es mejor equipo, pero que disfrutó como si del patio de su casa se tratase. 

Luis García habló de «sorpresa» en rueda de prensa para definir el partido de los suyos. El Mallorca, que si bien venía de dos derrotas consecutivas, parecía haber recuperado la alegría en las últimas jornadas y ya no se mostraba como un equipo timorato e indolente, sino como un conjunto aguerrido y consciente de la situación y la importancia de cada punto. Algo que se borró este miércoles de un plumazo y que se espera solo sea un bajón espontáneo.

Dentro de todo lo malo del partido, lo único positivo a extraer es que la clasificación continuará inamovible hasta el fin de semana puesto que nadie más jugaba. La oportunidad de ponerse a ocho puntos del descenso, una ocasión única provocada por un calendario caótico y sobreexplotado, no fue aprovechada. 

Ya la alineación elegida para el partido sorprendió . Luis García renunció a dos delanteros al uso, formación con la que se llevó los tres puntos ante Cádiz y Athletic, para regresar al sistema de tres mediapuntas. El temor al centro del campo de la Real era su justificación, con un Mikel Merino y un David Silva imperiales en todas las facetas del juego. La otra novedad fue la inclusión de Amath en el once. 

El futbolista senegalés, de baja media Liga por una uña del pie infectada, todavía no ha comprendido que está jugando en Primera División. Fundamental en el ascenso gracias a su garra, velocidad y goles, da la sensación de que la categoría le queda grande. Su encuentro fue un espanto de principio a fin. 

Escorado en banda, de la que partió Silva en multitud de ocasiones para meterse por dentro, no llevó a cabo ni una sola acción buena con el balón. Cualquier atisbo de punta de velocidad ha desaparecido, y solo se le recuerda deambulando por el campo, sin ningún arrebato de amor propio. Una oportunidad para ganarse un sitio en el once que no comprendió. 

No fue el único. Dani, Salva, Take, Valejnt... Nadie estuvo como tocaba, a excepción de Antonio Sánchez. Más allá de nombres, el sistema no funcionó por ningún lado. La Real, a una velocidad parsimoniosa, encontró huecos por todos los costados. Las ayudas bermellonas no llegaban , y si se recuperaba el balón, la opción era enviarla arriba buscando a un Muriqi abandonado a su suerte. 

El primer gol, tras una jugada de cine, dejó KO a todos los que estaban sobre el verde. Tras el descanso, se vio cierto amago de rebelión, sofocado rápidamente con el 0-2. Si ante el Valencia faltó definición, ante la Real faltó cruzar el centro del campo. Un tiro manso a puerta en el 83 fue toda la producción ofensiva de los bermellones. 

Los cambios, que llegaron con el partido ya resuelto, significaron la rendición absoluta, hechos con la mente puesta en Balaídos. «Habría cambiado a ocho en el descanso», dijo Luis García. Pero salieron los mismos once.

El final del partido, con la Real haciendo un rondo ante la permisividad local y dando oportunidades a los chavales de la cantera fue un espectáculo triste. El Mallorca perdió todas sus señas de identidad y se dejó ir entre silbidos del público. Ahora queda ver si fue solo cosa de un mal día o la cruda realidad. 

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