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Lletra menuda: el impago de la gratuidad

Saturación en el interior de un vagón de SFM. A.U.T.

El tren de apariencia gratuita tiene gancho y buena respuesta. Para confirmar su gran aceptación basta una mirada superficial a los vagones repletos con peligros que ahora denuncia el comité de empresa y viene a confirmar la asociación de usuarios.

La gratuidad no es más que otra forma de pago, adelantado o atrasado y siempre diluido en forma de tributos públicos.

Vista la situación, en el caso del tren de Mallorca, incorpora un nivel de riesgo para el pasajero. Esta última condición es mala compañera de viaje porque la seguridad y confort nunca salen gratis total. Necesitan pagar el coste de la inversión en forma de dotación adecuada de medios materiales y humanos.

Al usuario del tren no puede extrañarle la demanda laboral que se plantea. Padece a diario el efecto y el peligro de las carencias. Lo que sí puede llevar a asombro es la incapacidad de normalizar relaciones de resolución práctica entre SFM y su comité de empresa. Promesas incumplidas, expectativas diluidas, averías, horarios descompensados. En fin, la de siempre. Pero, con tarjeta intermodal o sin ella, los pasajeros siguen acudiendo al andén, señal inequívoca de su necesidad en la isla del transporte público cojo y el abuso del vehículo privado.

Era previsible lo que está ocurriendo. El usuario ya está escamado y, a falta de otros recursos, se abriga con la resignación y la paciencia. El viajero oportunista y ocasional está en condiciones de dejar al habitual sobre al andén. O en su casa, o desviarle al coche. Gratuidad no era solo abrir las puertas a todos. Era hacerlo en plenitud de condiciones y medios, con vagones, frecuencias y personal capaz de responder a las expectativas alimentadas.

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