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Lletra Menuda | Fruto y esfuerzo tras el paisaje agradable

Recolección de aceitunas en la Serra. Joan Mora

Pese a desarrollarse en un árbol muy sufrido y resistente, era inevitable que la aceituna pudiera escaparse de los vaivenes, más bien las penurias, con las que la climatología ha castigado este año al campo mallorquín. La escasez de frutos y hortalizas autóctonas es la tónica dominante este verano en fora vila y en la Serra se nota de forma predominante en los olivares. La moda del tecnicismo lo llama estrés hídrico, pero es la sequía de toda la vida, tan mediterránea como los propios olivares milenarios.

A falta de agua, a los árboles no les ha quedado más remedio que volverse selectivos en julio y agosto. Han reducido a la mitad sus frutos, lo cual, si se mantiene la calidad de la denominación de origen, repercutirá en precios superiores a los del año pasado. Por lo menos esta es la impresión que se respira, cuando empieza la campaña, en la cooperativa Sant Bartomeu, de Sóller.

Sea por una cosa o por otra, nada es fácil ni gratuito en el mundo de la aceituna mallorquina. Su historia y desarrollo está ligado al esfuerzo, tesón y sacrificio de la sucesión de generaciones de mallorquines. El paisaje bucólico y turístico de la Serra no es más que el decorado consecuente y respetuoso de la austeridad y duro trabajo de la pagesia.

Precisamente el Consell aprovecha estos días las últimas oportunidades que quedan para agrupar y recoger el testimonio único de las collidores, las mujeres de la Serra, pero también del Pla, que cada año se trasladaban a muntanya para ayudar al sustento de sus familias con la recolección. La historia humana de Mallorca de la primera mitad del siglo pasado se queda corta sin estas aportaciones vitales.

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