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Reportaje

Can Picafort pierde uno de sus iconos: Adiós a la ‘piscina del pueblo’

En unos días la popular instalación del hotel Mar y Paz de Can Picafort quedará sepultada para dar paso a una nueva plaza pública promovida por el ayuntamiento de Santa Margalida, que gestionará el espacio durante 15 años

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Can Picafort pierde uno de sus iconos: Adiós a la piscina del hotel Mar y Paz

«Es un drama para Can Picafort porque esta piscina era suya, todavía no he oído a nadie decir que está a favor de lo que se ha hecho». Toni Gelabert, empresario que explotaba el chiringuito y la piscina del hotel Mar y Paz desde el año 2014, observa con tristeza cómo las máquinas excavadoras cubren con escombros el hueco rectangular de la popular instalación, convertida en un símbolo con 52 años de historia que tiene las horas contadas. De hecho, está previsto que el lunes la brigada municipal condene para siempre la piscina con hormigón. A partir de entonces, ya solo permanecerá viva en el recuerdo de varias generaciones de ‘picafortersque aprendieron a nadar allí y de muchos mallorquines que también se han zambullido en ella al menos una vez en su vida. El contacto de la piel con el agua fresquísima de la piscina del Mar y Paz, que cada día se renovaba con agua marina a través de dos bombas impulsoras, era una sensación difícil de olvidar.

Todo Can Picafort sabía que llegaría este momento. Hace unos años, el actual alcalde de Santa Margalida, Joan Monjo, ya había anunciado su intención de recuperar la concesión del espacio que ocupaban el chiringuito y la piscina, ubicado en el dominio público marítimo-terrestre, después de que la anterior concesión hubiera caducado. La intención es construir una plaza con anfiteatro incluido con vistas directas al Mediterráneo. Ya sin piscina, pero sí con otro chiringuito que se explotará mediante una concesión renovada. 

El Ayuntamiento es muy consciente del valor sentimental que tiene este espacio para la gente de Can Picafort, pero juega la baza de la legalidad para justificar una actuación que pocos entienden «porque no conocen la situación legal», indica el alcalde. La piscina estaba fuera de ordenación desde hace años (varían según la versión) y el equipo de gobierno Convergència-PP, impulsado por la gestión personalista de Monjo, ha sido el primero en atreverse a poner orden en la zona a pesar de lo impopular de la medida. Quienes conocen al alcalde saben que no se mueve por sentimentalismos y que las polémicas le motivan todavía más. «Si solicitamos la concesión en 2019 era porque Costas la había denegado a quienes explotaban el espacio en repetidas ocasiones, no hemos robado nada a nadie», precisa.

Las máquinas han arrasado esta semana uno de los rincones más queridos por los vecinos y vecinas del núcleo costero porque el espacio ha sido cedido por la demarcación territorial de Costas al Ayuntamiento por un plazo de quince años para la construcción de la plaza, aunque el diseño inicial de este proyecto ha sido modificado «en consenso con las entidades cívicas de Can Picafort», según apunta el alcalde, y ahora el Ayuntamiento ha solicitado una modificación. El nuevo espacio urbano tendrá un coste que «no superará los 200.000 euros», a pesar de que hasta ahora se hablaba de un proyecto de medio millón de euros porque incluía algunos elementos como juegos con chorros de agua que finalmente se han suprimido. En noviembre empezarán las obras.

Monjo explica que la concesión inicial, solicitada por los propietarios del hotel Mar y Paz en el año 1970, había caducado en 1995, y hasta la fecha se habían renovado las autorizaciones para instalar sombrillas y hamacas «pero no para tener una piscina, instalaciones que la ley de Costas prohíbe desde 1984 sobre el dominio público». El regidor ‘margalidà’ subraya que la eliminación de la piscina no es imputable al Ayuntamiento, sino que es una imposición de Costas para cumplir con la legalidad. «No hay debate posible: la piscina no se podía mantener», apunta. Monjo cuestiona la condición de símbolo de la piscina del Mar y Paz: «Al lado hay una serie de antiguos ‘escars’ para los que también he pedido la concesión a Costas con el objeto de recuperarlos y me la han denegado; esto sí son símbolos de Can Picafort», concluye. Además, añade, «el gran mérito del Mar y Paz eran las paellas muy buenas que servían en un lugar privilegiado y no la piscina», en la que, asegura, no ha tenido el «honor» de bañarse «nunca» porque él es más de zambullirse en el mar.

A pesar de que el Ayuntamiento ya ha ocupado los terrenos de dominio público, de 1.156 metros cuadrados, entidades como el GOB cuestionan la legalidad de la actuación municipal. La asociación ecologista ha reclamado esta semana a Costas que ordene la paralización de los trabajos porque entiende que la concesión «todavía no es efectiva» y además el Consistorio habría incumplido los plazos para aceptar las condiciones de la demarcación territorial. 

Por su parte, Monjo asegura que la concesión ya está autorizada porque la ha firmado. Y desde la demarcación territorial de Costas en Balears aseguran que la competencia sobre este asunto es del Ministerio para la Transición Ecológica, que no ha contestado a los diferentes requerimientos de este diario para conocer la situación legal del espacio público marítimo-terrestre.  

El GOB también cree que la plaza que quiere habilitar Monjo incumple la Ley de Costas e insta a restituir el espacio a su estado natural, una actuación que implicaría eliminar toda la explanada ganada al mar con tierras y roca a principios de los años 70, cuando los propietarios del hotel Mar y Paz, construido en 1967, solicitaron permiso para construir una piscina para sus clientes en la zona conocida como el ‘Clot de s’aigua dolça’ o ‘de s’alga’.

Los partidos de la oposición también son partidarios, con matices, de devolver la zona a su estado original. El PSOE apostaba por conservar la piscina como elemento emblemático, incluyéndola en el dominio público, pero ante la inviabilidad de salvar la instalación, abogan por «integrar el espacio con el entorno natural» sin «vaciarlo» debido a su «elevado coste». Can Picafort Unit y los Independents, por su parte, también se han manifestado a favor de mantener la piscina y en caso contrario, devolver la zona a su estado natural. Desde el PP, socio de Monjo, Martí Torres defiende la actuación municipal: «Yo me he bañado toda la vida en esta piscina, pero la concesión había caducado y no podía permanecer abierta; el proyecto gustará más o menos, pero la zona estará en orden».

Toni Gelabert, que seguirá regentando el restaurante ubicado en la planta baja del hotel Mar y Paz, ha tenido que prescindir de 15 de las 25 personas que trabajaban en el negocio, en el que como media se servían hasta 30 paellas diarias. aAsegura que «nunca hemos cobrado un céntimo para nadar en la piscina», que era un «reducto para los mallorquines». «La verdad es que lo llevo muy mal», lamenta mientras las máquinas siguen enterrando cada vez más la piscina. Mientras, se acercan varios vecinos para consolarle. «Todos me dan el pésame».

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