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Diario de Mallorca

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Historias de emigración

El pálpito y el esfuerzo del progreso

Si bien la costa de Santanyí recibe ahora pateras con inmigrantes, hubo un tiempo en que la diáspora salía de Mallorca

La obra es fruto de la complicidad entre Joan Nadal y Sebastià A. Adrover. LL.R.

Fruto de la complicidad entre Joan Nadal y Sebastià A. Adrover acaba de ver la luz ‘Èxode, 22, 20, Epistolari d’emigrants llombarders (1895-1933)’, un retrato de la emigración a través de las cartas de sus protagonistas.

Un manojo de cartas puede comportar un sinfín de recursos y posibilidades porque es susceptible de contener el pálpito vital de quien las ha escrito o las ha dictado. Si así es, también constituye el reflejo de toda una época y guarda los anhelos de una determinada generación, que en este caso, como en tantos otros, son los de la subsistencia y el progreso, la vida misma, vaya. Esto es lo que supieron ver, o por lo menos intuir, en Es Llombards, los herederos del legado de mossèn Miquel Clar, Margalida Clar y su esposo Sebastià Agustí Adrover. Persuadidos del valor histórico y humano de la documentación epistolar que tenían en sus manos, necesitaban un cómplice para sacarla del archivo y darla a conocer al gran público. El interés y el acierto de la iniciativa halló buena acogida y predisposición para el trabajo de transcripción y documentación en Joan Nadal Clar (Es Llombards, 1961), un profesor con antecedentes en la investigación y publicación de trabajos históricos vinculados al entorno de Santanyí y Es Llombars. Fruto de la complicidad entre Joan Nadal y Sebastià A. Adrover acaba de ver la luz Èxode, 22, 20, Epistolari d’emigrants llombarders (1895-1933).

En la Mallorca de principios del siglo XX la figura del capellán de pueblo tiene peso específico, mucho más si se trata de una población de las dimensiones de Es Llombards y no digamos ya si el protagonista está dotado de un marcado carácter y una fuerte personalidad. Cuentan de Mossèn Miquel Clar que no tenía buen genio, por lo menos así es recordado, pero tras esta condición de su talante se desvelaba un hombre esforzado en su condición sacerdotal, una constante preocupación por el desarrollo material y social de sus vecinos, especialmente en el ámbito educativo y un marcado interés por la cultura que tuvo uno de sus principales reflejos en la colaboración directa con el Diccionari de Antoni Maria Alcover.

En estas condiciones, no puede extrañar que Mossèn Clar fuera el destinatario de las cartas que los emigrantes llombarders dirigían a sus familiares y allegados. No olvidemos que estamos en una época de alto analfabetismo. El sacerdote era el último enlace vital para que el mensaje de las misivas llegara en su integridad a su destinatario. Él las recibía y leía a los interesados. También, por lo general, las guardaba. Por eso Joan Nadal las ha podido documentar y transcribir ahora.

Entre 1898 y 1910 es cuando se produce el mayor flujo de emigración desde Es Llombards. Quienes han estudiado el fenómeno señalan las causas principales para ello, el excedente de población, la pobreza de la tierra con una climatología adversa y la acumulación de grandes propiedades en manos foráneas. «Era una penuria tan intensa que hacía pensar a los regidores de 1880 que nuestro término municipal era, sin duda, el más pobre y miserable de la provincia», escribe Joan Nadal. Pero la emigración no fue solo una diáspora exclusiva del Migjorn, se dio en toda Mallorca. La eclosión turística todavía no se vislumbraba.

En todos caso, las circunstancias han cambiado por completo. Ahora, la costa de Santanyí es la que recibe las pateras con migrantes. Es una inversión que también se estudia en libro de Joan Nadal con Sebastià Agustí Adrover como curador. Este último, en el epílogo de la obra, recuerda que «el siglo XX ha sido muy fértil en crisis causadas por grandes movimientos de población» y que «casi el uno por ciento de la población mundial ha abandonado su lugar de residencia a la fuerza».

El pálpito y el esfuerzo del progreso.

Èxode 22, 20, de inequívoca referencia bíblica, se sustenta en un total de 86 cartas de 31 emigrantes de los cuales 23 son directamente llombarders. Son gentes que, en su día, se trasladaron a Argentina, Cuba, Puerto Rico y Alemania. Algunos volvieron, otros no, tuvieron suerte y fortuna desiguales. No se puede caer en la tentación de suponer que se corresponden con todos los llombarders que se trasladaron al extranjero. El autor, Joan Nadal, ha documentado más de 60 personas de la población que optaron por emigrar y destaca la alta proporción que este número supone en relación al número total de vecinos de la población.

El trabajo de transcripción ha requerido intuición y paciencia. Son misivas escritas, o dictadas, muchos de sus autores eran analfabetos, con mejor voluntad que precisión. En ellas no se percibe un excesivo interés por facilitar detalles de la nueva vida, predomina la mera intención de tranquilizar a la familia y de dejar constancia de la comunicación. En el libro también queda espacio para un caso singular, pero en sentido inverso al de los originarios de Es Llombards, es el de Francisco Bernareggi, el conocido pintor argentino que desplegó buena parte de su obra en Santanyí.

En la obra se refleja sin equívocos que el autor y el curador del libro han perseguido un claro fin social y humanitario con el mismo. Las colaboraciones escritas que aparecen en él como las del obispo Sebastià Taltavull, de los miembros de Cáritas y de otras personas, referentes culturales y sociales de la zona de Santanyí, inciden claramente en esta línea. Al escribir Èxode 20, 22 no se ha tratado solo de transcribir cartas, indica Sebastià Agustí Adrover, sino que se ha procurado «remover conciencias» y traspasar el fenómeno de la emigración a la actualidad para comparar el pasado con la movilidad humana actual y tener presentes sus retos en la convivencia y la vida diaria.

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