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Emma Riverola

Limón & vinagre | Céline Dion: La inspiración más allá de la voz

Céline Dion NBC

Excesiva, perfeccionista, inasequible ante la crítica, una diosa sobre el escenario, una orfebre de su voz… Céline Dion (Quebec, Canadá, 1968) ha labrado una carrera imponente y ha conseguido una legión de fans en todo el mundo. Si alguien encarna la palabra diva es ella. Indiferente a las modas musicales que pretendían relegar sus baladas al baúl de los recuerdos, su empeño en alcanzar la perfección vocal y ofrecerla a su público la ha situado en un trono ganado a pulso.

En diciembre de 2022, Dion anunció entre lágrimas que padecía una enfermedad neurológica rara: el síndrome de la persona rígida (SPR). Una enfermedad que afecta a una entre un millón de personas –más mujeres que hombres– y que afecta al sistema nervioso central, pudiendo causar rigidez en todo el cuerpo y espasmos musculares dolorosos. La duración de los espasmos puede llegar a durar horas y su gravedad es tal que puede producir caídas y roturas de huesos... Hasta aquí la descripción médica. La tragedia humana se desnuda en el documental Soy Céline Dion, que acaba de estrenarse en la plataforma Prime Video.

Vulnerabilidad

Ocho minutos, eso es lo que dura el ataque en la pantalla. Ocho minutos angustiosos en los que Dion pasa de la risa a perder el dominio del movimiento. El cuerpo prácticamente paralizado, las manos crispadas, el rostro contraído, las lágrimas inundándole los ojos y poco más que lamentos y gruñidos. La mujer que se ha dominado los escenarios y paseado por alfombras rojas luciendo las galas más lujosas y cuidadas muestra toda su vulnerabilidad. También su grandeza.

«Mi sueño es ser una estrella internacional y ser capaz de cantar toda la vida», afirma una Dion adolescente en una vieja grabación. Criada en una familia unida, pero que atravesó graves problemas económicos, supo muy pronto cómo quería que fuera su vida y dónde quería estar. Sobre el escenario, por supuesto. Respirando, absorbiendo, impregnándose del calor de su público, ese que ahora se antoja tan lejano.

Cuando Dion tenía 12 años, su hermano mayor envió a René Angélil una cinta con una interpretación de ella. Al escucharla, el productor decidió hipotecar su casa para impulsar la carrera de aquella niña tímida, con dientes desalineados y ojos magnéticos. A los trece años, la cría grabó su primer álbum. Hoy, ha grabado un total de 27 álbumes, sus giras han recorrido el mundo y ha ganado cinco Grammy y dos Oscar, además de una infinidad de premios más.

Angélil acabó convirtiéndose en el marido de Dion. Y aquella boda lujosa hasta la excentricidad en la Basílica de Notre Dame en Montreal también define a la diva. La revista Vogue ha descrito su vestido de novia como «el más extravagante de los 90». Para su confección se dedicaron 1.000 horas de trabajo, 90 metros de seda italiana, encaje francés y cristales. Sobre su cabello, una corona elaborada con 2.000 cristales Swarovski que pesaba tres kilos. La incomodidad de esa tiara se entiende mejor con un apunte del reciente documental. Muestra Dion el almacén donde guarda un derroche impresionante de vestuario y confiesa su pasión por los zapatos. «Cada vez que iba a una tienda y me encantaban los zapatos, me preguntaban: ‘¿Qué talla tiene, señora?’ Y yo les decía: ‘No, no entiendes. ¿Qué talla tienes? Los haré funcionar, los haré encajar’».

Zapatos varias tallas menor que le obligaban a caminar con los pies encogidos, tiaras excesivas, vestidos tan recargados que marcaban un estilo único, tan criticable como exclusivo. Dion ha sido la mujer del más. Una mirada barroca y ostentosa que la llegó a convertir un icono de la moda. No importaba la incomodidad, ¡el show debe continuar!

Hoy, ese exceso de Dion ha quedado eclipsado por una simplicidad que impresiona. El documental no deja de ser una larga entrevista a sí misma y la vanidad del exceso ha sido sustituida por un alarde de austeridad que, quizá, no deja de ser otra forma de seguir con el espectáculo. Aunque, esta vez, doblegada por el dolor, sin pizca de maquillaje, ropa sencilla y cabello recogido. La mansión en la que vive es apabullante, pero las cámaras se detienen en sus medicinas, en el momento en el que ella misma se prepara unos cereales o una infusión.

Le ha costado reconocer en público su enfermedad. Casi dos décadas medicándose en exceso y tratando de suplir sus carencias con trucos sobre el escenario. «La mentira ya pesa demasiado» admitió en su confesión. Su voluntad no deja de ser una inspiración.

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