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Matías Vallés

Al Azar

Matías Vallés

Los adioses de Tania Sánchez

La política es más dura en sus descartes que una selección de fútbol. Tania Sánchez podría escribir un libro sobre los zarandeos de la vida pública, ni su ego a la altura de Podemos la ha liberado de ser arrastrada por el oleaje, con polos en Izquierda Unida y de momento en Más Madrid. Cuando la entrevisté como estrella en ascenso en 2014, destacaba que «me sentiré muy honrada si me pones en el mismo paquete que a Ada Colau y Mònica Oltra». Todas las mujeres citadas hasta ahora se van eclipsando, sustituidas por la generación no necesariamente más joven de Yolanda Díaz, Nadia Calviño o Irene Montero.

El apartamiento de Tania Sánchez ha sido tan radical que obliga al repaso biográfico de sus escaños en la Asamblea de Madrid y en el Congreso. Se ha dejado dos partidos por el camino, y ahora se anuncia que también abandona el tercero. Los adioses de la diputada obligan a recordar que en la eclosión de Podemos no le hubiera extrañado a nadie que llegara a ministra. Salvo que ella pensaba en la presidencia del Gobierno, no concebía una posición subordinada respecto al entonces y ahora líder del partido de izquierdas, que además era su pareja. «Respeto la opción política de mi compañero, pero hay que acostumbrarse a que el hombre y la mujer no compartan el mismo proyecto político, y el mío es previo al de Pablo Iglesias. Di el salto antes que él». Por si no quedaba claro, anteponía a IU para destacar que «a Podemos le queda demasiado camino para aterrizar en cada pueblo de España».

Ojalá todos los entrevistados mostraran la franqueza transparente de Tania Sánchez, como en «soy bastante dominante, no puedo evitarlo. Yo no como carne y mi compañero, sí. Por tanto, en casa no se come carne». No le molestaba que le preguntaran por Iglesias, le dolía que a Iglesias no le preguntaran por ella. Y sobre todo, no supe leer mi propia entrevista. La mujer de los adioses reclamaba el liderazgo por encima de Iglesias, y Podemos era un polvorín antes incluso de empezar su recorrido en el poder. O lo advertí y no me atreví a expresarlo, que es todavía peor.

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