Suscríbete 4 Billetes GRATIS Diario de Mallorca

Diario de Mallorca

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

Felipe Armendariz

PENSAMIENTOS

Felipe Armendáriz

La mar comienza en las aceras

En Palma a veces se encuentra la poesía en donde menos se espera. En frente de mi casa, en la acera, hay una placa junto a una alcantarilla con un lema maravilloso, cálido y utópico. Mi domicilio está bastante lejos de la costa, pero el trozo de metal nos recuerda que «La mar comença aquí».

Como subtítulo, la plaquita nos conmina a no tirar ni verter nada por allí. El mar es una de las pocas palabras en castellano y catalán que pueden usarse en masculino o femenino, pero decir «la mar» nos evoca a algo grande, vivo, próximo y hasta escenario de aventuras.

El mensaje está muy claro: todas las acciones humanas repercuten en el medio ambiente, aunque no nos lo parezca y aunque actuemos de una manera mecánica e inconsciente.

En nuestra ciudad tendremos próximamente ocasión de dirimir, en un escenario quizás inapropiado como es una sala de vistas, si hay responsabilidad penal por los vertidos de aguas sucias a la Bahía. Esta lacra la sufrimos durante décadas por la pachorra de varias administraciones. Ahora se quiere responsabilizar del entuerto a Neus Truyol, actual concejal de Model de Ciutat en Cort, y a Inmaculada Mayol. Ambas acusadas eran las responsables de la empresa municipal de limpieza y alcantarillado de Palma, Emaya, en la pasada legislatura. También están inculpados un jefe de departamento y dos técnicos de la sociedad pública.

Para que haya un delito ecológico primero tiene que demostrarse de manera fehaciente que los vertidos han causado contaminación y un daño medioambiental palmario. Después, hay que determinar las responsabilidades individuales en los hechos.

En este caso la culpa derivaría de la pasividad, de la inactividad por no poner solución al problema. La clave de la cuestión es aclarar si ambas encausadas podían remediar la disfunción o era algo, como se ha visto a posteriori, que superaba a sus competencias.

Lo cierto es que la Administración se puso en marcha cuando vio las orejas al lobo penal y en los últimos años está habilitando una serie de infraestructuras, como lo han notado en carne propia los vecinos de Las Avenidas, para impedir que las aguas sucias lleguen a la mar sin depurar y con ocasión de pequeños o grandes chubascos.

Otro aspecto capital es responder a la pregunta de por qué solo se enjuicia a estas dos personas y no a anteriores responsables de la materia, sean del ayuntamiento de Palma, el Govern o el Estado central. El ministerio público postula que el presunto delito empezó en 2016, año en que se abrió una primera investigación penal por parte del Seprona de la Guardia Civil y la propia fiscalía. Esto no deja de ser un criterio de parte y cuestionable, dado que las primeras diligencias se archivaron.

Los cinco procesados lo van a pasar mal en el juicio. A nadie le gusta que le pidan condenas de varios años de cárcel. Además, tener que comparecer ante un tribunal cohíbe a los profanos y es una experiencia traumática.

La fiscalía contra los delitos de medio ambiente lo tiene claro: hubo dejadez. La pregunta del millón es si hubo delito.

Compartir el artículo

stats