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Matías Vallés

Al Azar

Matías Vallés

La ultraderecha bien, gracias

Meloni gana y Bolsonaro resiste. Qué tiempos aquellos en que las portadas recogían con pavor los avances casi imperceptibles de la ultraderecha, la noticia será pronto una derrota del postfascismo. Espero que se me dispense de demostrar que no votaría a un presidente brasileño que sostiene que la vacuna contra la covid transforma a sus receptores en caimanes. En cambio, se necesita explicar que Lula solo tiene sentido como antídoto caducado contra el bufón, y no como ejemplo de regeneración. Basta repasar el elenco de amordazadores de la izquierda europea que aplauden al expresidente, el símbolo de la socialdemocracia con jet privado.

El balance del primer asalto a las brasileñas, que según las encuestas iba a ser el último, es que la ultraderecha sigue bien, gracias. A cambio, resulta esperanzadora la derrota de los sondeos electorales, ahora que la mayoría de medios españoles establecen cuál debe ser el comportamiento de los candidatos para mejorar sus expectativas «según las encuestas». Artículo de fe. Por culpa de los estadísticos a quienes nadie reclama responsabilidades, Bolsonaro sale reforzado en Brasil. El anuncio de la victoria prematura se vuelve contra Lula, que ahora tiene que reencantar a partidarios decepcionados por haberse incumplido el pronóstico lanzado a bombo y platillo.

A diferencia de quienes han purificado su espíritu limitando el consumo a las teleseries, los supervivientes de los informativos habrán escuchado en fechas recientes discursos de Sánchez, Feijóo o Aragonès. Se caracterizan por ser indistinguibles, el mismo sopicaldo tibio y dirigido a la audiencia pueril que merecen sus asesores. Los políticos de ultraderecha mienten descaradamente, pero tienen éxito porque sus rivales no dicen nada inteligible. Con este panorama, el auge neofascista solo puede sorprender a los creadores de opinión que confunden el estado de ánimo de la mayoría con sus gustos personales, sospechosamente próximos de los políticos que les acarician el lomo.

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