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Jose Jaume

Desde el siglo XX

José Jaume

Nacionalislamismo, nacionalcatolicismo, nacionalfascismo

Rusia e Italia opacan lo que acontece en Irán, aunque todo es lo mismo: la brutal embestida de un mundo que se resiste panza arriba a ser arrumbado

Giorgia Meloni. GUGLIELMO MANGIAPANE

L as mujeres iraníes (el persa es un pueblo joven y culto) están echándole un fenomenal pulso a la clerecía dictatorial que desde 1979 las mantiene maniatadas, sujetas a códigos aberrantes. Es el viejo fascismo islámico. En Irán las mujeres se han sublevado. Es acontecimiento capital, que no obtiene en Occidente el eco que merece. No se ve por ninguna parte a las aguerridas feministas lanzando a los cuatro vientos sus proclamas de respaldo. Ocurre lo mismo que cuando los islamistas palestinos que gobiernan en Gaza aplastan las autonomía de sus mujeres. El silencio es la norma. Chocante. Ese islamofascismo está enfrentado a muerte a la vez que maridado con el nacionalcatolicismo que se expande en Europa. ¿Qué diferencia hay entre lo que proponen los gobernantes de Hungría y Polonia para sus sociedades con lo que hacen los islamistas en las suyas? Giorgia Meloni enfatiza «Dios, patria y familia». Anuncia que el símbolo de la cruz es universal. El único. Eso es nacionalcatolicismo, del que en España tenemos fresco recuerdo: la cruel dictadura franquista se arropó en él para subsistir después de la tragedia de la Guerra Civil (1936-1939). El nacionalcatolicismo es otra variante del fascismo. Letal. Resultado: el nacionalfascimo, que no se entiende sin la invocación a los «eternos valores» de la raza, la religión y la patria. ¿Qué proclama Vox? El patriotismo, la unidad de la patria son su bandera. No tiene otra ni falta que le hace. Existe una parte de la sociedad (se ha testado en Italia) que añora el mundo de ayer, el de las viejas certezas desaparecidas. Le han propuesto una quimera, porque nunca fue cierta, pero se la han creído y votan en consecuencia.

¿Hasta dónde llergará la ola nacionalfascista? Es la que con Putin ha iniciado la invasión de Ucrania que ha desconyuntado Europa. Putin amigo de Trump, Salvini, Berlusconi, el húngaro Orbán. Todos son lo mismo. La guerra contra la democracia liberal, la que defienden las instituciones de la Unión Europea (UE), el partido demócrata en Estados Unidos, parte, solo parte, de las nuevas izquierdas latinoamericanas, soporta una pugna incierta, porque quienes la combaten cuentan con medios sobrados para hacerle mucho daño. La fascista Meloni gobernará en Italia. Reiterémoslo las veces que sea necesario: fascista. No el fascismo de 1922, se cumple un siglo, de la eclosión de Mussolini, de «la marcha sobre Roma» de sus «camisas negras» , del decisivo instante en el que el rey Víctor Manuel III le abrió las puertas del gobierno. No, los tiempos son otros, pero el fascismo es el mismo en su esencia. Los perros llevan distintos collares. Es fascista Putin. Es fascista Meloni. Es fascista Orbán. Es fascista Abascal y lo es Macarena Olona, que, al tiempo, puede acabar siendo la Meloni de las Españas. ¿Dónde va el Partido Popular Europeo dando carta de naturaleza a tales energúmenos? La derecha democrática se está suicidando. Berlusconi, socio del PP, ha quedado reducido a cenizas. La derecha sueca está a un tris de echarse en brazos de su perticular fascismo. En España Castilla y León constata qué sucede cuando entra en el gobierno el fascimo que encarna Vox.

No es receta adecuada esperar, aguardar a los acontecimientos. Putin se ha apresurado a alegrarse por el voto italiano. Estúpida izquierda incapaz de entender lo que sucede. Meloni proclama su atlantismo. Falso. Hará equilibrios, pero su objetivo es destrozar a la UE, al igual que Hungría y el Gobierno polaco. Cuando Mussolini fue aceptado por los poderes italianos transcurrieron tres años hasta que instauró la dictadura. Il Duce. Firmó con el cardenal secretario de Estado del Vaticano, Eugenio Pacelli, el futuro papa Pío XII, el que acordó con Hitler un repugnante concordato, el Tratado de Letrán en 1929. La cruz. La proclama Meloni. El símbolo otra vez alzado. La civilización cristiana que defiende Vox. Los eternos valores del islam blandidos para sojuzgar a sus mujeres. El fascismo de hoy tan diferente al de ayer. Inquietantemente tan igual.

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