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Diario de Mallorca

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Antonio Papell

HOJA DE CALENDARIO

Antonio Papell

Afganistán

En un mundo como el nuestro en que la globalización amenaza con quebrarse de nuevo, esta vez mediante una división entre Occidente, liberal, y las potencias autoritarias orientales, el papel que jueguen las democracias es determinante para el futuro de la humanidad.

Occidente no está obligado a hacer proselitismo de sus convicciones, ya que la apertura de Rusia o de China tan solo está en manos de sus ciudadanos. Pero sí tiene la obligación de mostrar al mundo que en su ámbito se respetan los derechos humanos, hay unas reglas de convivencia tolerantes que abarcan a todos y existe una ética del poder que, aunque imperfecta, es la base de la convivencia. Debemos en fin mostrar una cara amable y superar el clásico criterio ruin de los anglosajones que se resume en la famosa frase de Lord Palmerston a principios del siglo XIX: «Gran Bretaña no tiene amigos ni enemigos, solo tiene intereses». Viene esto a cuento, obviamente, de lo sucedido en Afganistán: España está cumpliendo a trancas y barrancas su promesa de expatriar y acoger a los colaboracionistas afganos que serían represaliados por los talibanes, y eso es muy meritorio. Pero la desbandada de la primera potencia de la tierra, que ha dejado inválidas a todas las mujeres afganas y presos de un repulsivo fanatismo a todos los ciudadanos de aquel país es detestable, y deja en muy mal lugar a la coalición que, encabezada por los Estados Unidos y con España dentro, llegó a aquel remoto país asiático hablando de paz y libertad.

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