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Diario de Mallorca

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Jose Jaume

Desde el siglo XX

José Jaume

La espada de Bolívar, el Rey pasmado y Podemos desbarrando

La «Tizona» del Libertador ha desparramado las querencias republicanas pésimamente gestionadas de Podemos por el supuesto desplante de Felipe VI

El Rey, sentado ante la espada en la toma de posesión de Petro. EFE

Se ha echado mano del protocolo para parapetar a Felipe VI negando desplante por permanecer pasmado cuando en la toma de posesión del nuevo presidente de Colombia, el izquierdista Gustavo Petro, desfiló ante los asistentes la espada que blandió Simón Bolívar al alzarse en armas contra el colonialismo español. Aquello de donde fueres, haz lo que vieres no lo tuvo en cuenta el jefe del Estado en Bogotá: se levantaron casi todos los invitados al acto. El Rey de España se quedó amarrado a su silla. ¿Desplante? ¿Falta de respeto? ¿Desliz? ¿Ajustarse a lo que establece el protocolo? Asunto menor, se mire por donde se mire, pero, hete aquí, que en las recalentadas Españas, no solo por el julio e inicios de agosto más cálidos desde que hay registros, en las que el trumpismo de derechas e izquierdas campa libremente, se ha desatado un vendaval de críticas dirigidas al Rey. En Podemos, la inútil Ione Belarra y el estalinista Pablo Echenique, llegando a la innominada que ha lamentado la inexistencia de la guillotina en pretéritos tiempos, la desbarrada, ridícula, extemporánea, ha sido general. Tampoco se ha quedado rezagado Gabriel Rufián, lo que entra dentro de lo habitual. Los más comedidos han sido los de Bildu, que han lamentado que las posaderas del monarca no se desperezaran, pero sin excesivos aspavientos. En pocas palabras, desaforada explosión de ira republicana, que llega hasta solicitar urgentes explicaciones a Albares, ministro de Asuntos Exteriores, por el desprecio manifiesto que consideran que el jefe del Estado español ha escupido a la cara de quien acaba de asumir la jefatura del Estado de Colombia, «nación hermana», como todo el mundo sabe, porque lo de la «hispanidad» es para las derechas nacional católicas atrincheradas en PP y Vox asunto trascendental. Tanto o más que el de «Gibraltar español», que cada vez resuena con menos ímpetu.

Se recuerda lo que soportó José Luis Rodríguez Zapatero, a la sazón jefe de la oposición, cuando no se levantó en un desfile en Madrid, esos que para Mariano Rajoy son un «coñazo», al paso de la bandera de los Estados Unidos. Era su protesta por la invasión de Irak. Los americanos se lo hicieron pagar con creces. No es probable que el supuesto desplante de Felipe VI cause similares estragos, dado que Colombia no es Estados Unidos, pero no se oculta que el Rey fino no ha estado, que nada le suponía emular en prietas las filas a sus colegas: ponerse firmes al toparse con la venerada espada de Bolívar, que, cosa chocante, dispone de buena imagen en España; Cádiz luce escultura del Libertador.

Felipe VI es un Rey anodino: no da con la tecla que le haga aparecer como árbitro de no se sabe qué

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Felipe VI es un Rey anodino: no da con la tecla que le haga aparecer como árbitro de no se sabe qué; no es su padre, por supuesto, ni para lo bueno ni para lo malo, loados sean los dioses, pero después de renunciar a caer bien en Cataluña (su discurso cuando la efervescencia independentista escaló hasta sus máximos fue torpe con avaricia, además de innecesario) y en Vasconia, podría intentar ser menos Grecia y más Borbón, aunque a algunos solo mentar que los genes de su primer apellido se impongan les provoca escalofríos. Veremos qué dice el republicano PSOE, el más sensato de los respaldos que sustentan a la Monarquía parlamentaria de los existentes en España; por dónde también desbarrará la derecha, que en trumpismo se iguala a Podemos. Queda constancia de que una legendaria espada, que el presidente saliente Iván Duque no quería dar al entrante Gustavo Petro, ha posibilitado que la causa republicana quede otra vez en manos de una colección de lerrouxistas sin tino. Qué lástima.

Acotación también desbarrada.- El decreto para ahorrar energía ha liberado al PP de sus frenos: zafarrancho de combate, desbarrada ad nauseam. No es solo que Díaz Ayuso, rufiana aventajada, se eche al monte, sino que otros dirigentes de la derecha conservadora han vuelto a vociferar que el Gobierno es «ilegítimo». El ectoplasma del apiolado Pablo Casado se ha aparecido. ¿Por dónde circula el «moderado» Feijóo?

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