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Diario de Mallorca

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Luis M. Alonso

Sol y sombra

Luis M. Alonso

La soga

Indro Montanelli recordaba cómo un ex primer ministro de Francia, Georges Clemenceau, decía que toda democracia debía resignarse a soportar un mínimo de corrupción entre su clase dirigente. Acto seguido, el gran periodista toscano, refiriéndose a Tangentopoli, se apresuraba a subrayar con ironía que Italia había alcanzado ya el máximo. Nada que se pueda comparar, no obstante, con el caso de Argentina. Luis Barrionuevo, dirigente sindical y político justicialista, pronunció una de las frases que mejor describen el estado de las cosas en el país austral: «Tenemos que dejar de robar por lo menos dos años».

Cristina Fernández de Kirchner está acusada de encabezar una matriz de «corrupción extraordinaria». No es la primera vez que ocurre. Acumula más causas por latrocinio en los tribunales que cualquier otro mandatario de la historia. Como es habitual entre los populistas, no ha dejado de mantener que se trata de una persecución por parte de los jueces. Por expresarlo de distinta manera y referido a otro ámbito delictivo, lo que nuestros independentistas catalanes, en sintonía con el Gobierno de España, suelen llamar judicialización de la política. El argumento de Kirchner es simple: se trata de un linchamiento por haber defendido la herencia de su marido, «el Dioni de Pampa», incluso por engrandecerla llevando al país a las más altas cotas de progreso.   

A un peronista no se le pilla fácilmente; la soga de linchar la maneja él. Perón tejió con esa misma cuerda del ahorcado una singular tela de dichos. En 1947 prometió levantar horcas en todo el país para colgar a los opositores. Advirtió a los argentinos que repartiría metros de piola entre los descamisados. A lo largo de su dilatada carrera política, jamás echó de menos el alambre de fardo en el bolsillo. El peronismo sabe alimentarse de su nostalgia y cuando no maneja la soga apela al victimismo: se siente vilmente ahorcado por «los enemigos del pueblo» que no aguantan el gobierno de las clases desfavorecidas. ¿Les suena, aunque remotamente, a algo todo esto?

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