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Diario de Mallorca

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Juan José Millas

Tierra de nadie

Juan José Millás

Lo soñado y lo vivido

En una tienda de alimentación que hay en la esquina de mi calle tienen una maquinita que detecta si los billetes con los que pago son verdaderos. La maquinita, sin embargo, es falsa. Me lo dijo su dueño:

-Se trata de una imitación perfecta y cuesta mucho menos que las auténticas.

De modo que una máquina falsa es capaz de distinguir lo verdadero. El asunto le vuelve a uno un poco loco. ¿Podría un mal poeta escribir un buen poema? ¿Un mal cocinero hacer una buena paella? ¿Un político artificial tomar decisiones naturales? Por la tarde le comento a mi psicoanalista esta confusión.

-¿Por qué le preocupa tanto? -me pregunta.

-Imagine que usted fuera una terapeuta falsa que curara a enfermos verdaderos.

-Me cuesta menos imaginar que usted es un paciente falso que ha acudido a una terapia auténtica.

Jamás se me habría ocurrido pensar en mí como en un paciente falso, pero todo puede ser, ¿por qué no? Y no solo un paciente falso, sino un paseante falso, por ejemplo. Le doy vueltas a esto al día siguiente, durante mi caminata habitual por el parque. Parece que estoy paseando, como todos aquellos con los que me cruzo, pero en realidad finjo que paseo mientras mi cabeza le da vueltas a una idea novelesca. Trataría de un marido falso. Un tipo que está casado y que tiene hijos y que va y vuelve todos los días del trabajo. Un marido común, como cualquiera de los maridos que vemos cada día en el metro o en el autobús, aunque él, íntimamente, no se siente marido. No es marido. A lo mejor ni siquiera se siente hombre, ni ciudadano. A lo mejor lleva toda la vida fingiendo que es algo que no es. Tendríamos que averiguar su verdadera naturaleza. En eso consistiría la novela, en descubrir su condición. No hay maquinita falsa o verdadera capaz de detectar este tipo de imposturas existenciales. De ese modo extraño se trenzan en mi vida lo real con lo irreal, lo soñado con lo vivido. Ahora, cada vez que pago en la tienda de alimentación y pasan mi billete por la maquinita, temo ser descubierto y acusado, aunque no sé de qué.

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