Suscríbete

Diario de Mallorca

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

Juan José Millas

Tierra de nadie | A ver qué pasa

Estuve cenando en una casa en la que tenían un marco de fotografías digital. Cada seis segundos, con la exactitud de un taxímetro, cambiaba de foto. Mis anfitriones no le prestaban atención porque ya se habían acostumbrado a él, pero yo no podía quitarle los ojos de encima. Calculé que debía de contener cuarenta imágenes que resumían la vida de mis amigos y que se repetían en bucle, como una pesadilla. Aparecían de niños, de novios, de casados. Se les veía luego con sus propios hijos en parques de atracciones, en playas, en fiestas infantiles… Cuando la serie se acababa, comenzaba de nuevo. Me pregunté si se podría apagar el aparato para interrumpir aquella exhibición de felicidad, pero no me atreví a sugerirlo. Quizá lo encendían para las visitas o quizá permanecía activo todo el día, incluso durante las horas de la noche, mientras los habitantes de la casa dormían.

Al día siguiente, se lo conté a mi psicoanalista. Le dije que me parecía un ejercicio de narcisismo insoportable. Luego permanecí callado unos minutos al cabo de los cuales confesé que yo no tenía una relación de afecto con mis fotografías.

¿Le preocupa eso? preguntó.

No sé. Sí y no. A lo mejor lo patológico es lo mío.

Entre lo de sus amigos y lo de usted -aventuró ella- quizá haya un punto medio.

Seguí dándole vueltas al asunto tras abandonar la consulta. Llevo en el móvil muchas fotografías, pero las llevo sin querer. Se han ido acumulando ahí como el polvo en las estanterías. Jamás las miro, aunque algunas las he hecho yo. Tengo, por ejemplo, la manía de fotografiar los cuartos de baño de los hoteles en los que duermo. Me obsesionan los cuartos de baños. ¿Por qué? Ni idea, tal vez debería hablar de ello en la terapia. Pero hago tantas cosas sin saber por qué que quizá debería empezar por otra. Mi vida es para mí una incógnita, cada día más, como si mi vida, en lugar de ser mi vida, fuera la de otro. Es posible que mis amigos del marco digital de fotos me den envidia porque saben quiénes son. Yo, en cambio, soy un pozo de oscuridad, un espejo turbio, un bulto en medio de la niebla. Este bulto acaba de entrar en el nuevo año, a ver qué pasa.

Compartir el artículo

stats