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Diario de Mallorca

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Francisco Capacete

Tribuna

Francisco Capacete González

Director de Es Racó de ses Idees

Día mundial de la filosofía

Enseñó Platón que es necesaria una profunda formación moral para llegar a un conocimiento cierto de la naturaleza. Estas enseñanzas impartidas en el siglo IV a.n.e., en la antigua Atenas, siguen siendo un criterio válido para filosofar, esto es, para buscar la sabiduría. Queremos compartir, para celebrar esta efeméride declarada por la UNESCO, esta idea platónica de la unión entre la virtud moral y el conocimiento como ecuación necesaria para filosofar.

Para comprender la íntima simbiosis que hay entre ética y sabiduría, es necesario diferenciar entre conocimiento e información. La información se compone de datos descriptivos. Al describir una cosa o ser con exactitud lo que conocemos es su apariencia. Este conjunto ordenado de datos puede producir en nosotros la sensación de conocimiento. Sin embargo, conocer es penetrar más allá de las apariencias para llegar a comprender la ley que identifica o rige cada cosa o ser. Un ejemplo de esto es la naturaleza humana. Muchos estudios se han publicado acerca de la conducta humana, pero muy pocos son capaces de explicar cuál es la naturaleza humana, lo que identifica a los seres humanos y los hace ser en cuanto tales. Describir lo externo nos da información, conocer lo profundo nos otorga conocimiento.

Para describir sólo se necesitan los sentidos que captan datos y la mente que los procesa, ordena y etiqueta. Para conocer hace falta algo más, profundización, reflexión, imaginación, síntesis y comprensión. Además, para que estas herramientas mentales que acabamos de citar no sean mancilladas por el subjetivismo, se hace necesario que ciertas virtudes morales vigilen el proceso de comprensión profunda. Esta comprensión que conduce al conocimiento requiere un compromiso con la búsqueda del mismo, una disciplina de trabajo, mucha humildad para una correcta autoevaluación de las propias conclusiones, todo ello asegurado con la concentración y un cierto dominio de sí mismo. Honradez y sinceridad son también fundamentales para no caer en posiciones partidistas o ceder bajo las presiones de intereses comerciales o timocráticos. Cierta dosis de admiración a los que saben y de generosidad por enseñar sin reservarse nada, constituyen la base la transmisión del conocimiento y, con ella, el progreso de la sabiduría colectiva. Todos estos valores –y muchos otros- integran la moral. Por lo tanto, es a través de la moral y del conocimiento que se llega a la sabiduría.

Una prueba del anterior argumento es que la crisis moral que atravesamos desde hace siglo y medio, coincide con una crisis de conocimiento y ambas han provocado el derrumbe de los fundamentos de la sociedad. ¿Qué nos ofrece la filosofía intelectual? Desconcierto, escepticismo, vanidad, lucha de opiniones, desconfianza en el ser humano y sus potencialidades, inseguridad, etc. Estos son los hijos de una mente puramente teórica o intelectual. Sólo pensar debilita y como nuestra sociedad padece un exceso de intelectualismo, está debilitada.

Reivindicamos las enseñanzas del fundador de la Academia porque son útiles y necesarias para poder construir sociedad, civilización, cultura, ciencia y espacios de libertad y convivencia reales.

Los valores son las herramientas con las que podemos tallar nuestra propia personalidad. Cada uno de nosotros es, a la vez, Miguel Ángel y David. Decía Platón que la sociedad, al componerse de personas, adquiere las virtudes y los defectos de los hombres que la integran. Somos escultores y esculturas también en lo colectivo. Nuestra sociedad es el reflejo de lo que somos. Si los valores morales nos sirven para conformar una buena personalidad individual, también han de servir para construir una buena sociedad. Poseemos información en cantidades inabarcables y, a la vez, contradictoriamente, no sabemos cómo solucionar los graves problemas sociales. Nos falta algo en la ecuación y lo que nos falta es unir conocimiento y virtud.

Filosofar sigue siendo imprescindible porque integra la búsqueda del conocimiento y la práctica de los valores éticos. En realidad, no existe una filosofía puramente intelectual. Esto es estudio de la filosofía, pero no filosofía. Filosofía es artesanía, conjugación de pensamiento y vivencia, de compromiso y amor, de voluntad de ser y humildad en la conquista de uno mismo. Filosofía es sendero ascendente y no meseta, es claridad y no niebla. Filosofar no es dudar ni cuestionar, es flexibilidad interior para comprender las diferencias y convicción para seguir dando pasos firmes en un camino definido. Filosofía es amor y no egoísmo, es admiración y no vanidad, es colaboración y no competencia.

¡Se dan cuenta la cantidad de valores éticos que integran la Filosofía! Hoy la celebramos como a una musa que nos inspira belleza, sabiduría y fraternidad.

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