Suscríbete

Diario de Mallorca

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

El segundo gobierno de Sánchez parece ya una jaula de grillos. Por un lado, la ministra Yolanda Díaz que representa con vigor el ala comunista del ejecutivo, la que dice «autoridades y autoridadas» al iniciar un discurso; por otra Nadia Calviño, persona moderada y conocedora de cómo se las gastan en Bruselas y en medio un presidente que juega a la perfección el arte decir algo y lo contrario, al día siguiente, sin el más mínimo rubor. La cuestión ahora es la contrarreforma del mercado de trabajo, reforma que hizo el gobierno de Rajoy y que tuvo un resultado positivo. Sánchez debería de saber, y probablemente lo sabe, que los fondos europeos que tanto necesita el país, 140.000 millones, están subordinados a una serie de reformas, según criterios de la Comisión. También debería de conocerlo la ministra Yolanda Díaz, pero el escaso nivel de los ministros del gobierno nos advierte que cualquier cosa pueden decir y hacer. Pero si por algo se distingue el actual gobierno es por su incompetencia.

En otros tiempos un ministro era un cargo que se daba a una persona capaz, con preparación y experiencia, hoy estamos viendo que cualquiera puede ocupar un puesto de alta responsabilidad. Veamos, Irene Montero, pareja de Pablo Iglesias, la de portavoza, ¿qué experiencia tiene? Muy escasa y solo da noticia de su apuesta por un exacerbado feminismo, y por los colectivos LGTI, cuando la igualdad puede tratarse desde otras premisas mas útiles para la sociedad. Yolanda Díaz está empeñada en derogar la reforma laboral anterior sin la intervención de quienes dan empleo, los empresarios, tema ya advertido desde Bruselas. El ministro de consumo, Alberto Garzón, el de la cruzada contra los chuletones, parece un pardillo que no se entera de lo que tiene entre sus manos y así hasta veinte y tantos que conforman un sobredimensionado gobierno, en el que sobran carteras y faltan lumbreras, pobres resultados por su elevado nivel de incompetencia y torpeza, cuantos más son menos importancia se les da. No es lo mismo estar en la calle armando bullicio que formar parte de un gobierno. En países más importantes que el nuestro forman gobiernos más reducidos y seguramente más eficaces, con mejores resultados.

Cuando observamos las versatilidades de algunos miembros del gobierno, los despropósitos, los desatinos, se busca alguna explicación, pues debe de haberla, y la hallamos si acudimos al origen etimológico de palabra «ministro» aplicada a quienes forman parte del ejecutivo y si indagamos por qué se les llama ministro. Ministro es un término que deriva del latín, concretamente de «minister» que personifica al sirviente, subordinado con escasas habilidades, a su vez encuentra su raíz en el vocablo «minus» que expresa menos, menos que. Ministro en Roma tenía un significado opuesto a «magister» término del que derivan magistrado y maestro que representan el nivel más alto en cualquier estamento.

Compartir el artículo

stats