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Diario de Mallorca

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Antonio Tarabini

Entrebancs | Nuestras clases medias, en jaque

Dícese, con razón, que la existencia activa de las diversas formas de las clases medias puede significar una sociedad viva y sostenible. Se trata de unos amplios colectivos, no necesariamente homogéneos, de contextos urbanos, de profesiones y ocupaciones múltiples y diversas, de difícil catalogación ideológica, enrollados de manera prioritaria en sus quehaceres y necesidades próximas. Hablamos de una mayoría social, con frecuencia silenciosa, pero que puede dar y quitar mayorías políticas, y que se convierte en objeto de oscuros deseos de las diversas organizaciones políticas que, ¡no faltaría más!, se autodefinen como de centro-derecha, de centro-izquierda o transversales, independientemente de cuál sea su real naturaleza.

En Balears el boom turístico y la actividad de construcción posibilitaron un cambio radical en nuestras estructuras económicas, productivas y sociales. Surgieron múltiples pymes, autónomos y emprendedores, con facilidades para acceder a créditos financieros; se crean nuevos empleos y nuevas oportunidades; los salarios de los trabajadores aumentaron progresivamente; y también mejoraron la especialización dentro del mundo empresarial, dando lugar a nuevas profesiones. Los profesionales liberales ampliaron sus horizontes. Ya no eran sólo abogados y médicos. También arquitectos, aparejadores, programadores, diseñadores, consultores de todo tipo. Surgieron las diversas modalidades de las clases medias; personas con una renta suficiente como para poder cubrir algo más que las necesidades básicas, e incluso ahorrar y acceder a bienes de equipo y de consumo y al crédito hipotecario. Pero la sostenibilidad de tales avances socioeconómicos tenía los pies de plomo. Cualquier crisis afectaba directamente a su estructura.

En 2007/08 explotó la crisis global de las entidades financieras. Las clases medias, las pymes y los autónomos fueron los más afectados, lo que puso de manifiesto la fragilidad de nuestro modelo lastrado por la estacionalidad, y a su vez con una pretendida competitividad basada en los precios en base a un control (a la baja) de los costes laborales. La consecuencia fue el aumento de la inestabilidad laboral y del paro. Las clases medias se volatilizaron. Entorno al 2014 las circunstancias, al menos las macroeconómicas, anunciaron índices de crecimiento económico. La clase media-alta, formada por empresarios y/o personal dirigente, profesiones liberales de prestigio, ciudadanos con rentas y/o inversiones rentables y diferenciadas, recupera poder y espacio. Pero tales perspectivas no repercuten en la clase media/media, pymes, autónomos, emprendedores y asalariados, no tienen garantizada una cobertura digna de necesidades, ni expectativas de ascenso social, ni proyectos vitales y profesionales. Mientras, la clase media-baja, ubicada en el paro y/o en la temporalidad y precariedad laborales, corre grave riesgo de exclusión social y económica (Q.G. 393). El marzo de 2020 el covid-19 se instala también en nuestra Comunidad. Se decretó el confinamiento en las viviendas propias y se declara el Estado de Alarma. El covid-19 se trasforma en pandemia, que afecta a nuestra actividad básica, el turismo. Todos la sufrimos, pero en primera persona la clase media/media y media/baja. Pymes y autónomos ligadas a la hostelería y al comercio. La conjunción de Govern, Empresarios y Sindicatos ha posibilitado, una vez la aplicación eficaz de la vacuna, una significativa recuperación de la actividad turística que permite un cierto optimismo. Si analizamos los resultados del ejercicio turístico 2021, fueron positivos en relación a las previsiones. Relativa buena ocupación, aceptable recuperación laboral aunque con índices preocupantes de temporalidad/precariedad. Se ha puesto en valor del denominado ‘alquiler turístico’ y el turismo rural.

Se ven perspectivas de recuperación en 2022. El modelo productivo a desarrollar era (y sigue siendo) la exitosa temporada 2019, evitando en lo posible el turismo de ‘excesos’. Garantizada la sanidad, se apuesta por una demanda (y se supone una oferta) de calidad, donde el precio no sea el imput decisivo, y a su vez intentando prorrogar la temporada alta. Este fue el marketing desarrollado, parece que con éxito, en la recién concluida Feria Turística de Londres. Pero expertos relevantes y empresarios significados consideran que, sin dejar de apostar por lo inmediato; seguimos anclados a un modelo productivo obsoleto, instalados en la estacionalidad y en la precariedad, cuyo exponente máximo fue la quiebra de Thomas Cook máximo reflejo del turismo masivo donde el precio solía ser decisivo.

Pero siguen vivas y coleando multitud de ciudadanos/as especialmente de clases medias (media/media y media/baja) en fuera de juego. Tales negatividades hay que situarlas en el contenido del recién presentado VIII Informe FOESSA sobre Exclusión y Desarrollo Social en las Islas Balears: 1 de cada 5 personas sufre riesgo de exclusión social , que en cifras se contabiliza en 243 mil personas.

Es imprescindible cambiar el modelo productivo. El turismo sigue siendo la base, pero apostando por la diversidad de nuestros productos turísticos (haberlos haylos), más allá del establecimiento de hospedaje, que puedan «ofrecerse» fuera de temporada alta; y que a su vez demanda profesiones de nivel y no sólo mano de obra intensiva no cualificada. Es básico poner en valor los estudios de Formación Profesional. Y también Estudios Superiores.

Hace 5 años titulé un artículo Nuestras clases medias, jaque/mate. En el actual he borrado el «mate», que implica la derrota inevitable. Mantengo el «jaque» que, aún reconociendo las dificultades, mantiene vivas posibilidades/probabilidades de éxito. La clave puede depender de si sabemos aprovechar los fondos europeos destinados a la recuperación socioeconómica. Concretamente los proyectos Next Generation: cuya finalidad es reconstruir precisamente las estructuras socioeconómicas, no las meramente coyunturales.

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