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Juan Rigo

Desde París | Radicalité

A sí como suena, con acento agudo, y he de confesar que el vocablo en cuestión me ha pillado out, no lo había oído/leído nunca. A la primera imaginé que era, con perdón, una palabrota, o un neologismo, creado ad hoc en plena pre-campaña electoral por los medias –tenemos presidencial en siete meses – para impresionar a los oyentes, a los sufridos seguidores de los debates políticos.

Y la verdad, de entrada no encontré respuesta en mis socorridos diccionarios. Ni sombra de radicalité ni en el Robert ni en la Larousse que tengo en casa, aunque si di con este novedoso término, -que encabeza el ranking de apariciones en las escaramuzas previas a la campaña- en la red, al entrar en las respectivas webs de los diccionarios citados. La etimología, evidente, del latín, de radix, radicalis, en referencia a la raíz; de ahí lo de radicalizar, radicalización, una voz, que en general ya da miedo y más cuando nos metemos en política.

La radicalité, el mensaje, en el sentido de la necesidad de radicalizar la posición, ha sido uno de los argumentos prioritarios y repetitivos del discurso de Sandrine Rousseau en las primarias de Europe Ecologie- Les Verts. Un argumento con el que consiguió pasar el corte, primera vuelta, y disputar el puesto de líder/candidato a la presidencial al hombre tranquilo Yannick Jadot, diputado europeo e imagen moderada, al menos hasta ahora, del gran partido ecologista francés. La radicalización de la candidata, que ha perdido el envite por tan solo dos mil votos de diferencia, no facilita el trabajo de Jadot, que deberá reposicionarse, ante el estado de emergencia climática, y pone en evidencia, de nuevo, la profunda división entre los militantes «verdes».

Pero esa radicalité no es solo una exclusiva del sector ecologista, ya que el posicionamiento del hasta ahora periodista, polemista y ensayista Eric Zemmour es tan radical, en su anclaje extrema derecha, que esta borrando de la escena a la candidata natural de esa facción, la incombustible Marine Le Pen. Lo curioso es que tan siniestro personaje, cuenta ya con más de un 15% en intención de voto para la primera vuelta de los sufragios, cuando aún no ha hecho oficial su candidatura. O sea un candidato «fantasma» que escala posiciones vertiginosamente, tercero actualmente en los sondeos, acaparando pantalla y debates – penoso el cara a cara con un Melenchon en horas bajas – con un discurso racista, xenófobo y revisionista. Reivindicando, sin cortarse un pelo, la honestidad del régimen de Vichy y del Mariscal Petain, a la vez que se declara gaullista y defensor de la grandeur, soñando y prometiendo devolver a Francia al rango de gran nación que se merece, limpia de indeseables inmigrantes.

Maravilloso, por increíble, discurso y lo peor su sorprendente ascensión en los sondeos de opinión/intención de voto que está sembrando el pánico especialmente entre los candidatos de la derecha, Xavier Bertrand, Valerie Pecresse y Michel Barnier, un trío en fuera de juego momentáneo, esperando a que el Congreso de LR, Les Republicains, decida, quizás demasiado tarde, quién será el elegido. Una derecha sin líder ni programa, que no levanta cabeza desde el caso Fillon, y que al descartar ahora el debate de esas primarias, está haciendo el juego a los extremistas. Sin hablar de los procesos perdidos por el añorado Sarkozy, considerado de nuevo culpable en el affaire de la financiación irregular en la campaña presidencial del 2012, el oscuro dossier Bygmalion.

De la izquierda, del gran missing socialista, pese a las aspiraciones de la Hidalgo, hablaremos otro día. Ahora solo quiero recordar, en este momento dulce, en el que todos los comentaristas políticos se vuelcan, como palmeros, en alabanzas en la despedida de la canciller Merkell, pues que en Grecia lo ven desde otra perspectiva y no creo que la vayan a añorar mucho, ya que sigue siendo vista/considerada como la gran culpable del empobrecimiento/endeudamiento del país, por la intransigencia de Mutty en negociar la deuda cuando la terrible cris económica del 2008. El Auf wiedersehen de los griegos será de todo, menos nostálgico.

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