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Jose Jaume

Desde el siglo XX | El PP hace suya la herencia de los golpistas de 1936

El Gobierno remite al Congreso de los Diputados el proyecto de Ley de Memoria Histórica: tendrá cerrada oposición de las soliviantadas derechas

Imagen de archivo del Valle de los Caídos. Efe

Tenemos triple alternativa: o bien el PP de Pablo Casado no quiere dejar a Vox un centímetro más de terreno del ya conquistado o está sumido en absoluta ignorancia sobre lo sucedido en 1936 o asume como propia la herencia de los golpistas, la dictadura del general Franco. El periodista Isaías Lafuente, que ha indagado a fondo sobre la tenebrosa mastaba que es la basílica católica del Valle de los Caídos, ha definido la insalvable contradicción de parte de la derecha española (¿dónde están los liberales?): se consideran herederos de los vencedores de la Guerra Civil y de los de la Segunda Guerra Mundial. Asevera el periodista que con las dos victorias al tiempo no se puede estar. En eso siguen las derechas españolas. La disfunción se acentúa, complica la convivencia española, que en ese asunto no cuaja. Tampoco es sorprendente: de la guerra civil americana, la Guerra de Secesión de Estados Unidos, se han cumplido casi 160 años. En los antiguos estados confederados, en el sur, reverbera con fuerza. Cómo no va a suceder en España donde las derechas muestran incapacidad de cortar el cordón umbilical que las conecta con los golpistas vencedores de la contienda. El PP fue fundado por un ministro del general Franco, Manuel Fraga, escoltado por otros cinco ministros de la dictadura: Gonzalo Fernández de la Mora, Federico Silva Muñoz, Cruz Martínez Esteruelas, Laureano López Rodó y Licinio de la Fuente. Sus resultados electorales en 1977 y en 1979 fueron catastróficos. Después llegó la voladura de UCD y con posterioridad, al concluir la década de los 80, reconversión de Alianza Popular (AP) en el actual PP. La «refundación». En ningún momento se produjo el tajo definitivo con la génesis: la derecha era la que fue. Llegó a emitir tibia condenada de la dictadura.

Al llegar Pablo Casado, al surgir con fuera la extrema derecha de Vox (los hermanos separados), se han olvidado tales veleidades. La fundación Concordia y Libertad, donde el fantoche Ignacio Camuñas, ministro de Relaciones con las Cortes en el primer Gobierno de Adolfo Suárez, del que solo se recuerda que se sentaba en el escaño del presidente en el Congreso cuando estaba ausente, ha dicho que el responsable de la Guerra Civil fue el Gobierno legítimo de la República, que no hubo golpe de Estado. Casado considera un «lujo» tenerlo de ponente. Resume lo ocurrido como pugna entre los que querían democracia sin ley y los que abogaron por ley sin democracia: la dictadura.

Queda garantizada la tramitación abrupta del proyecto de Ley de Memoria Histórica que ayer el Gobierno remitió al Congreso de los Diputados. Antes de conocer el contenido Casado anunció que cuando gobierne la derogará de inmediato sustituyéndola por una ley de concordia. Qué clase de perturbación le atenaza imposibilitándole enunciar retórica condena nítida del golpe y la dictadura. Casado tiene abuelo republicano represaliado. Es dudoso que desconozca qué fue lo que sucedió, pero insiste en situarse en el mundo del revisionismo de extrema derecha, en sedicentes historiadores como Pío Moa, antiguo terrorista, celebrado por quienes consideran que el general Franco encabezó «el glorioso movimiento salvador de España». Qué hacer para que la derecha asuma que los sublevados eran golpistas, para que acepten que en las cunetas siguen los huesos de miles de asesinados después de la Guerra Civil, a lo largo de la tétrica década de los 40, cuando en Europa las democracias se aliaron «con el diablo» (Stalin) para derrotar a nazis y fascistas, decisivos para que Franco ganara la guerra.

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