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RAÚL ENTRERRÍOS | Internacional de balonmano, se retira tras lograr el bronce en Tokio

Entrerríos: “Hemos tenido un aprendizaje constante, esa es la clave del éxito”

“Falta apoyo privado para conseguir un proyecto asturiano que resista en el tiempo en la élite masculina”

Raúl Entrerríos trata de superar a la defensa de Egipto.

Aunque acudía a Tokio a por la medalla de oro, el logro que le faltaba en su palmarés, Raúl Entrerríos celebró el bronce con verdadero entusiasmo, como si fuera su primer gran éxito. En realidad, era el último encuentro de una larguísima carrera en la que el pequeño de los Entrerríos no solo ha destacado por su brillantez deportiva, sino que ha coleccionado elogios de todo tipo por su ejemplo y sus valores. El viaje de regreso de Tokio servirá de transición hacia su nueva tarea como coordinador de los equipos inferiores del Barcelona y entrenador del conjunto juvenil. El medallista gijonés, todo elogios y agradecimiento hacia sus compañeros, echa de menos un club en Asturias que pueda servir de vehículo hacia la élite para las jóvenes promesas.

–¿Aún le dura la euforia del final del partido contra Egipto?

–Todavía estamos en un estado de felicidad, en una nube, que es difícil de igualar con otra competición u otra situación. Estamos en unos Juegos Olímpicos y terminar con una medalla de bronce es algo increíble, que va a quedar para siempre, y para mí personalmente es una forma de cerrar mi círculo profesional de una forma muy especial.

–No ocultaron que el objetivo era el oro. ¿Cómo fue la recuperación tras el mazazo de perder la semifinal?

–Como superamos antes otros momentos complicados a lo largo de todos estos años: uniéndonos, levantándonos y pasando un trago que es complicado porque la posibilidad de jugar una final olímpica, de luchar por un oro, no es sencillo de conseguir y cuando se te escapa de las manos es un golpe duro. Hay poco tiempo de margen, pero desde el momento en el que salimos del vestuario después de la semifinal todos los jugadores sabíamos internamente que había que pasar esa noche y que al día siguiente nos íbamos a poner manos a la obra.

–¿Qué es lo primero que se le viene a la cabeza al echar la vista atrás y pensar en su carrera?

–Ha sido una fuente inagotable de experiencias, de momentos, y todos ellos van quedando marcados en tu memoria, desde los inicios en Gijón hasta el paso por las diferentes ciudades y los diferentes clubes, el debut con la selección siendo muy jovencito… Son cosas que te van ocurriendo durante tu carrera, sueños que se van cumpliendo, pero nunca piensas hasta dónde pueden llegar. Simplemente intentas exprimirlos y trabajar al máximo para que eso nunca deje de ocurrir. Me siento privilegiado de poder cerrar una etapa así, con una medalla olímpica.

–¿Cuándo fue la primera vez que se dio cuenta de que iba a poder vivir del balonmano?

–El momento en que salgo de Gijón y ficho por el Ademar de León, un equipo que aspiraba a todo en España en ese momento. Disputaba partidos en División de Honor B con el Gijón de aquel entonces, con mis amigos de toda la vida que tenía desde el colegio, de una forma más amateur pero al mismo tiempo con muchísima implicación de todo el mundo, entrenadores, directivos, compañeros... Siempre se ha trabajado duro, al menos yo he tenido siempre la suerte de tener equipos y entrenadores que me han inculcado esa constancia, esa perseverancia.

–¿Alguna vez pensó que iba a superar las cifras de su hermano Alberto, con lo que él marcó en el balonmano español?

–He tenido la suerte de tener a mi hermano como espejo desde muy joven. Siempre he admirado la forma de jugar de Alberto porque ha sido un deportista honrado, generoso con los compañeros, y a mí eso me ha servido para aprender y valorar lo que significa un deporte de equipo. Todo lo demás era difícil de imaginar. Mucho del camino que he tenido en el equipo nacional lo he podido compartir con mi hermano, incluso Juegos Olímpicos. Es algo extraordinario.

–Ha sido protagonista de la época de más éxito del balonmano español. ¿Cuáles cree que han sido las claves?

–El funcionamiento de este grupo ha sido siempre ejemplar. Creo que hemos vivido situaciones de todo tipo, que nos han dado un aprendizaje constante sobre cómo competir, cómo sobreponerse a golpes duros, sobre cómo mantener los pies en el suelo a pesar de ganar competiciones. Eso se forma a través del tiempo y a través de grandes personas. Desde que llegué a la selección el sentimiento de equipo siempre ha estado presente y en los últimos años nos ha empujado a tener un rendimiento espectacular. Podemos estar contentos de este ciclo olímpico. Hemos conseguido dos campeonatos de Europa, un bronce en un Campeonato del Mundo y ahora este bronce olímpico. Estoy muy feliz por el equipo porque todos y cada uno lo merecen, los que están aquí y los que han formado parte en otras competiciones y no han podido estar aquí por las circunstancias.

–El sueño de Raúl Entrerríos privó del suyo a Antonio Cartón, segundo entrenador de Egipto.

–Toño y yo nos conocemos desde muy jovencitos y hemos compartidos muchas cosas en el Gijón, en el Ademar de León, en las selecciones de categorías inferiores… Es una gran persona. Es una lástima que hayamos llegado a este momento y que solamente uno de los dos haya podido salir con el premio de la medalla. Pero como le decía al final del partido, tanto a él como a Roberto García Parrondo, el entrenador de Egipto, que también es amigo, pueden estar muy orgullosos del trabajo que han hecho porque no es nada sencillo llegar a unas semifinales de los Juegos Olímpicos y hacer crecer a un equipo como lo están haciendo. Están convirtiendo a Egipto en una selección muy a tener en cuenta para el futuro.

–Entra en el organigrama del Barcelona en un momento especialmente convulso del club.

–Está claro que la situación del club es difícil porque a nivel económico ha supuesto un palo muy gordo el tema de la pandemia. De lo que se trata es de ponerse a trabajar, y agradezco la confianza del club. Va a ser un cambio significativo porque llevo muchos años haciendo carrera como jugador, con muchas rutinas, acostumbrado a hacer lo mismo año tras año. Esto va a cambiar, pero voy a seguir vinculado al balonmano y a tratar de transmitir todo lo que he aprendido a lo largo de mi carrera a los jóvenes jugadores.

–Asturias tiene entrenadores y jugadores en la élite, pero los clubes están en una categoría muy baja. ¿Qué falla?

–Hay cantera, hay mucha gente que trabaja a nivel de base de forma espectacular, siguen saliendo jugadores a pesar de ser una comunidad pequeña y de tener los recursos que tenemos. El ADN asturiano se vincula muy bien a lo que es el deporte de equipo y es algo que se debe aprovechar. Pero es difícil afianzar un equipo en la máxima categoría. Hablo del masculino, que en el femenino sí lo tenemos con el Balonmano La Calzada. A ver si las empresas privadas pueden volcarse un poquito para conseguir algo que resista en el tiempo y que se convierta en ese lugar donde todos esos jóvenes jugadores tengan el espacio para seguir creciendo. Creo que todos los que hemos estado haciendo carrera en el balonmano en otras ciudades echamos de menos esto.

–Le están preparando un partido homenaje en Gijón.

–No puedo más que dar las gracias de que simplemente se tenga en cuenta esa posibilidad. Para mí volver a Gijón ha sido siempre muy bonito, cuando estaba el Gijón Jovellanos en Liga Asobal, la Copa del Rey... No hay mejor forma de recordar y de agradecer, o de tener claro de dónde ha salido uno, que volver allí y sentirlo. Estaría encantado y, por supuesto, agradecido.

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