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Investigador busca empresa y viceversa: cuando la UIB hace de Celestina

Con el programa Innova, las pymes pueden solicitar asesoría científica para desarrollar ideas innovadoras mientras que los investigadores pueden pedir ayuda para comercializar sus resultados

Así es el Programa UIB-PIMES: Investigadores que quieren vender y empresas que necesitan investigar

Así es el Programa UIB-PIMES: Investigadores que quieren vender y empresas que necesitan investigar UIB

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Así es el Programa UIB-PIMES: Investigadores que quieren vender y empresas que necesitan investigar Mar Ferragut

Empresas e investigadores se buscan, se necesitan, pero no se conocen o no siempre se encuentran. La UIB, con el apoyo del Govern, quiere remediar eso y se ha lanzado a hacer de Celestina entre unos y otros, buscando emparejar a esa empresa que tiene una idea innovadora con los científicos que le pueden asesorar sobre cómo llevarla a cabo. También quiere ayudar a buscar pareja de baile en el mundo empresarial a ese investigador que quiere dar forma y sacar al mercado el resultado de su trabajo.  

Lograr que lo descubierto y creado en la universidad se convierta en una aplicación con un uso en el mundo ‘real’ es la llamada ‘transferencia del conocimiento’ y es el eslabón más débil del sistema universitario español.  

El programa Innova UIB-PIMES impulsado en colaboración con el Govern tiene dos patas: por un lado, Espai Accelera, que ofrece asesoría científica a las empresas que quieran desarrollar una idea innovadora; y del otro, Espai Valida, que ayuda a los investigadores a ultimar sus investigaciones para después poder vender su resultado (registrando una patente, creando una empresa derivada...).

Enseñar a vender a los investigadores

“Los investigadores estamos en nuestra burbuja y a veces no sabemos muy bien cómo vender nuestra idea, la comercialización”, admite Iosune Salinas, del departamento de Enfermedades y Fisioterapia. Con Valida, ella y su equipo han podido dar el empujón final a su proyecto: la creación de una plataforma para hacer ejercicios contra el dolor de cervicales a través de un videojuego en el móvil. 

“Los investigadores estamos en nuestra burbuja y a veces no sabemos muy bien cómo vender nuestra idea, la comercialización”

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La cervicalgia es una dolencia muy extendida («el sedentarismo y la tecnología no ayudan», razona la investigadora) y para combatirla los profesionales normalmente recomiendan a los afectados hacer una serie de ejercicios... que estos no siempre hacen. Por eso, plantean usar un videojuego, ya que es una manera de motivar más al paciente en el tratamiento.

 Gracias al programa impulsado por la UIB han podido validar la web que han diseñado para que los profesionales monitoricen y controlen el uso de este videojuego y ahora empezarán la experiencia piloto en consultas de fisioterapeutas. ¿Y después, qué toca, cómo seguir? 

Salinas y el resto del equipo que han diseñado la app para combatir el dolor cervical MANU MIELNIEZUK

«Hemos recibido mentorías para estudiar cómo llevar a cabo la comercialización y la opción sería hacer una licencia que podría adquirir una empresa o una plataforma (de mutuas, aseguradores...) o el servicio público de salud», indica. 

Demostración de uso de la app diseñada por estos investigadores de la UIB UIB

«Les ayudamos a dar ese salto al mercado, queremos evitar que haya ideas y conocimiento que no vean nunca la luz», resume Loren Carrasco, vicerrectora de Innovación y Transformación Digital, responsable del programa Innova UIB-PIMES que llega ahora a su segunda edición.

En su primera edición seis proyectos de investigación de la UIB han participado en Valida (uno ha derivado ya en una solicitud de spin off o empresa derivada y otro en una patente). 

Gel contra la periodontitis y la gingivitis

Uno de los proyectos que ha tenido apoyo es el que lidera Marta Monjo, del departamento de Biología Fundamental y Ciencias de la Salud, que ha inventado un gel bactericida para combatir la periodontitis y la gingivitis (que afectan a más de la mitad de la población) partiendo de un compuesto, la mangostamina, extraído de un árbol del sudeste asiático que tiene una importante capacidad antibacteriana, además de una elevada biocompatibilidad y un efecto antiinflamatorio(todo ventajas, y más teniendo en cuenta que el tratamiento más habitual actualmente, la clorexhidina, tiene varios efectos secundarios, señala Monjo). 

El grupo de Monjo ha creado un gel contra la gingivitis y la periodontitis B.RAMON

El grupo ha podido completar una serie de pruebas que les faltaban para poder solicitar la patente PCT (ya tienen patentado el uso del compuesto, la patente PCT implica lograr su protección en casi todo el mundo). Además han contratado a una consultoría para conocer la ruta regulatoria que deben seguir para llevar el gel al mercado. Asimismo, la consultoría ha buscado empresas del sector que podrían estar interesadas (ya están en conversaciones con varias: «Un gran logro», celebra Monjo, aunque advierte de que aún les queda camino hasta que el producto llegue a comercializarse). También han empezado a entrevistarse con odontólogos para validar comercialmente su producto.

 

Trabajando con el compuesto extraído de la Garcinia mangostana B. RAMON

En resumen, han sacado un buen provecho de la convocatoria y están «muy contentos» con la ayuda recibida para poder transferir a la sociedad los frutos de su investigación, un paso que la investigadora reconoce que es «complicado». Aunque desde la Fundació Universitat-Empresa reciben apoyo, Monjo cree que los investigadores necesitan más formación en este área, más ayudas y más incentivos.  

El Espai Accelera está financiado en la edición de este año con 200.000 euros por parte de la dirección general de innovación (a la spera de ver si puede doblarse la cantidad gracias a los fondos europeos). En 2022, ocho empresas presentaron sus ideas y fueron emparejadas con investigadores de la UIB que les ofrecieron consultoría científica. La mayoría de firmas eran del sector agroalimentario y del tecnológico. 

De lana a biofilm o tinta para una impresiora 3D

Una de ellas fue Llanatura, proyecto enmarcado dentro de la Fundació Garrover, que busca dar una nueva vida a la lana mallorquina. La recogen, la limpian, la procesan y la transforman. Llamaron a las puertas de la Universitat porque quieren encontrar una salida para la lana, más allá del uso textil y artesanal.

Las dos fundadoras de Llanatura trabajando con la lana LLANATURA

Su idea es lograr un uso industrial y con miembros del departamento de Química trabajaron con el polvo de lana con tres posibles aplicaciones en mente: confeccionar un sustrato aprovechando su potencial para retener contaminantes; hacer tintes naturales mezclándolo con otros componentes que podrían usarse en impresoras 3D; o crear un biofilm que podría sustituir al plástico.   

Muestras del polvo de lana Llanatura

 A Gemma Salvador, cofundadora del proyecto junto a Eugenia Marcote, el tiempo de trabajo con los investigadores se le ha quedado corto ya que finalmente solo han tenido dos meses de colaboración: «Ha faltado tiempo de calidad para profundizar, ahora tenemos casi más preguntas que antes, muchas vías diferentes por las que podríamos tirar». Tras esta primera experiencia, Salvador ve necesario, además de más tiempo para poder investigar, poder hacerlo con equipos multidisciplinarios, alejados de la estructura excesivamente compartimentada de la universidad. En su caso, se le ocurren muchos departamentos con los que podrían trabajar: de Ingeniería de la Construcción a Fisiología Vegetal. 

Colaboradores de Llanatura y Fundación Garrover Llanatura

 Su proyecto cumple con todas las banderas que hoy las instituciones enarbolan (los Objetivos de Desarrollo Sostenible, la proximidad, el apoyo al campo, el carácter innovador, la economía circular...) y sin embargo encuentran muchos obstáculos por la normativa europea de tratamiento de residuos y porque en España, cree, la innovación y la transferencia de conocimiento no se fomenta como en otros países como EEUU.  

 La vicerrectora de Investigación señala que en esta segunda edición de Innova han pulido varios aspectos, como ampliar los plazos para trabajar. Las empresas interesadas tienen hasta el día 24 para apuntarse y Loren Carrasco espera gran demanda. Para seleccionarlas se hace una evaluación externa sobre la viabilidad del proyecto. Luego, le tocará a la UIB hacer de Celestina y emparejar a las empresa elegidas con el grupo de investigación idóneo. En este caso el objetivo no es amoroso pero sí ambicioso: que el conocimiento llegue a la sociedad y la haga avanzar.  

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