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Piden construir minipisos con espacios compartidos en Mallorca para alquilar a los trabajadores de temporada

Agentes de la propiedad inmobiliaria reclaman una regulación autonómica y municipal para habilitar edificios de ‘coliving’ que solucionen la estancia de empleados trasladados temporalmente a la isla

Una camarera atiende a dos clientes en un restaurante. DAVID PAGE

«Hay mucha demanda de alquiler por meses en Mallorca, pero muy poca oferta y la que hay no es barata, no baja de los 1.200 euros al mes», expone la presidenta del Colegio de Agentes de la Propiedad Inmobiliaria de Balears Natalia Bueno. La mayoría de personas que reclaman este tipo de arrendamientos de media duración son trabajadores de temporada o que se han trasladado transitoriamente a la isla para realizar algún proyecto. También encajarían en esta necesidad los nómadas digitales. Son tres tipologías y casuísticas distintas.

Bueno considera que los edificios de pisos con zonas compartidas, «que están teniendo mucho éxito en Barcelona», podrían ser una buena solución para los trabajadores de temporada turísticos, «y también para empleados de otros sectores en invierno», considera. El hecho de contar con usos y servicios comunes debería tener un impacto en los costes, resultando éstos más asequibles para los arrendatarios.

El problema, señala Bueno, es que «los planes generales urbanísticos no contemplan estas figuras intermedias, que no son ni hoteles ni edificios residenciales de todo el año», comenta. «Los inmuebles de coliving no encajan en ningún modelo urbanístico de los que tenemos y sólo hay trabas administrativas para construirlos», subraya.

En Cataluña, sí se ha regulado ya el cohousing. La normativa catalana exige que los pisos tengan un mínimo de 24 metros cuadrados que incluyan salón, cocina, baño y una habitación. Y deben tener acceso a una o varias zonas comunes que permitan alcanzar los 36 metros cuadrados que se exigen como mínimo de habitabilidad.

Minipiso de coliving.

La agente de la propiedad relata que fue incapaz de encontrar un piso de alquiler para dos veterinarios que vinieron a la isla para hacer un trabajo puntual para el Consell. «Al final, hablando con el propietario, conseguimos que un piso que tenía a la venta se lo alquilara de forma temporal», señala. «Habitualmente los arrendadores no quieren este tipo de alquileres por meses, prefieren que sea todo un año. Y el tema es que, si acceden, acaban pidiendo un 50% más», indica. «También nos llaman para arrendamientos de este tipo profesionales del audiovisual que están varios meses rodando en la isla».

En Mallorca no hay cultura de firmar alquileres de media estancia o de temporada, «sobre todo a raíz de las prohibiciones y limitaciones de las licencias». Para Bueno es un tipo de alquiler que sería muy positivo fomentar. «Eso sí, siempre dando seguridad jurídica sobre el cobro a los propietarios que no se quieran comprometer por cinco años», argumenta. «Con estos edificios de coliving también se liberaría oferta de alquiler que hay en el mercado para los residentes», considera.

Para el presidente de la Asociación de Inmobiliarias Nacionales e Internacionales de Balears (ABINI), Hans Lenz, faltan normativas apropiadas para la flexibilidad de este tipo de alquileres de media estancia. «No tenerlas está frenando muchos proyectos de inversión en coliving. Se siguen haciendo pisos y chalets como en los años 70, pero la sociedad ha cambiado y estas soluciones de pisos con espacios compartidos están disponibles hoy día y podría atraer inversión», indica.

Nómadas digitales

Lenz, también director de Engel&Völkers, asegura que para los nuevos edificios de Gomila, cuyo alquiler comercializa, le gustaría atraer nómadas digitales, «pero tampoco tenemos una regulación sobre este tipo de trabajos», indica. «En Grecia sí tienen una normativa, y en Portugal. Pagan en el país al que viajan la mitad del impuesto de IRPF. En esos países se persigue que paguen. Aquí en Mallorca hay nómadas digitales también, pero están fragmentados y encubiertos».

En cuanto a la necesidad de contar con bloques de coliving, Lenz comenta que hay solares en la isla que cuentan con calificaciones «tipo equipamientos o espacios socioculturales que habría que desbloquearlos para proyectos de este tipo y también para residencias de estudiantes, que la de la UIB tiene una lista de espera larguísima», apunta. «Que el arquitecto municipal te dé el ok para un proyecto de coliving, vivienda flexible o residencia de estudiantes es arbitrario, al final depende de un técnico», comenta. «En la isla hay mucho interés en invertir en opciones de este tipo, pero la falta de una normativa clara lo está paralizando», comenta. «Son proyectos que distensionarían el mercado de vivienda residencial», concluye.

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