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Presidenta del Consell Escolar
Entrevista

Pepita Costa Tur: «Algunos siempre maniobran con la lengua y la bandera para atacar el sistema educativo»

«Lo ocurrido en La Salle se ha aprovechado como instrumento político, es intolerable»

Pepita Costa Tur, presidenta del Consell Escolar. | TONI ESCOBAR

Tras representar a la Federación de Asociaciones de Padres de Eivissa, Costa asumió en 2021 la presidencia del principal órgano consultivo de la educación en Balears.

¿Qué opina sobre lo sucedido está semana en La Salle?

En primer lugar, condeno y rechazo las amenazas e insultos a una profesora, es intolerable. Siempre hay personas y grupos que aprovechan estos conflictos como instrumento político, para aumentar la conflictividad y entrometerse en el trabajo docente, no podemos tolerar estas intromisiones.

Lo sucedido es un conflicto dentro de un centro, que tiene unas normas que se han de cumplir para garantizar la convivencia; normas que tendríamos que crear entre todos y acatar y cumplir. Si aún no sabemos del todo qué ha pasado, hemos de respetar la función del equipo directivo y de las normas. El conflicto se ha de analizar entre todas las partes, escuchando a todos. Nosotros desde el Consell Escolar trabajamos mucho la participación del alumnado, y también se les ha de escuchar. Desde un punto de vista pedagógico, hemos de aprovechar el episodio para aprender.

Si no implicara una bandera y la profesora no fuera de catalán, ¿nos habríamos enterado?

No, simplemente las maniobras con temas de lengua y banderas están siempre ‘activadas’ por parte de algunos para atacar el funcionamiento del sistema educativo y en concreto el uso de la lengua, que hemos de recordar que es algo conflictivo para una minoría.

¿El episodio muestra la pérdida de autoridad moral del profesorado, del deterioro de su imagen social?

La figura de la autoridad está en crisis desde mediados del siglo pasado y se liga a la crisis de la educación. La autoridad del docente es imprescindible, ahora, hay que entender bien el concepto, que ha evolucionado y a veces eso no se entiende bien, ni en el seno de la familia ni entre los docentes. Hemos pasado del ordeno y mando, del ‘porque yo lo digo’, a asumir que el alumnado es consciente de que tienen derechos y quieren que se escuchen sus opiniones. Familias y docentes somos guías y acompañantes, es un servicio y una obligación para favorecer su aprendizaje y formación: ‘estoy aquí para ayudaros porque yo sé más que vosotros’. Afrontar esta relación requiere una buena formación, saber manejar las disciplinas y tener determinadas actitudes y habilidades didácticas y pedagógicas, especialmente en Secundaria, donde hay más conflictos.

Hay que tener un diálogo permanente, los adolescentes no son sujetos pasivos y no podemos mantener la misma relación de hace cien años. Se ha perdido la autoridad, el respeto, porque la autoridad no se impone, se gana y eso lo hemos de aprender tanto familias como profesores. Las normas sociales se han diluido, y la autoridad que ejercían con nosotros ya no sirve, pero no puede dejar de ejercerse, eso sí, formándose para entender que el concepto ha cambiado.

Siempre se dice que antes te castigaban en el colegio y al llegar a casa te decían ‘algo habrás hecho’ y te castigaban también; ahora te castigan en el colegio y los padres van a pedir explicaciones al colegio, ¿cree cierta esta generalización?

Pasa y es una equivocación. No podemos pasar de un lado a otro, tiene que haber una relación fluida. Ante una medida disciplinaria, que podríamos debatir hasta qué punto sirven, el ‘algo habrás hecho’ tampoco es la respuesta. El centro tiene que contactar con las familias, y éstas han de hablar con sus hijos, pero tampoco dar por hecho de primeras que tienen razón. Tiene que haber coordinación y dar prestigio al profesional de la educación. Ahora, aunque hay conflictos que se pueden resolver sin medidas disciplinarias tampoco hay que sobreproteger al niño, esto les hace pensar que sus actos no tienen consecuencias y así no los preparamos para la vida en sociedad.

La teoría suena fácil, pero también en los centros se cometen injusticias, ¿cómo calibrar la situación como familia si nuestros hijos nos exponen un episodio como éste?

Si hay un conflicto con una clase entera creo que es difícil resolverlo en el momento álgido, mejor reposarlo, ‘id a casa y mañana lo miramos y lo trabajamos’. Al recibir la noticia es normal que las familias se dirijan al centro si están preocupadas y este lo ha de explicar. Las familias tienen derecho a saber y participar con espíritu constructivo, no en plan ‘me defiendo porque me atacan’.

¿Cómo lograr que las familias participen y se impliquen en el día a día?

Es una cultura que no tenemos y que no se logra de un día a otro, hay que trabajarla. Nosotros, desde la FAPA, introdujimos la idea de que los centros públicos hagan firmar a las familias que quieran una carta de compromisos de las dos partes. Es una manera de darles la importancia que tienen y decirles que son bienvenidas y parte del proceso de enseñanza.

Durante el conflicto del TIL se creó un vínculo entre docentes y familias. Tras la pandemia, ¿ha habido divorcio?

Desde la FAPA seguimos teniendo relación y complicidad con sindicatos y asociaciones de docentes y directores. Cuando el TIL se creó un vínculo muy fuerte, cuando luchas contra algo la unión parece más fuerte, pero ahora tenemos que seguir trabajando unidos para mejorar y alcanzar el éxito educativo. Al principio de la pandemia igual hubo un conflicto de intereses, pero no divorcio. Lo importante es que ahora hay un debate continuo sobre la educación, nunca se había hablado tanto.

Usted participó en Illes per un Pacte. Al final no ha habido un pacto, sino una ley autonómica que ha conseguido bastante consenso, pero no unanimidad. ¿Satisfecha?

Con el trabajo hecho, sí. Con los resultados finales, no. Después de mucha parafernalia, ha sido muy decepcionante la actitud y el posicionamiento de algunos políticos, se ha menospreciado a la comunidad educativa y al Consell Escolar, que hizo aportaciones y aprobó el documento. La actuación de los partidos ha sido deplorable. Valoro que hay elementos que sí se han quedado, que ha habido consenso en algunas cuestiones básicas y que avanzamos, aunque no con la velocidad que nos gustaría en algunos temas, como por ejemplo con la inclusión.

¿Le da miedo lo que pueda pasar tras las elecciones?

Estamos a la expectativa, pero miedo no, somos una comunidad educativa fuerte, organizada y con habilidades y capacidades que no teníamos hace diez años.

¿Cómo valora la implantación de la LOMLOE?

Ha sido precipitada, no sé si por miedo a que tras las elecciones no pudieran aplicarla... Pero confiamos en los profesionales; al margen de los decretos, la realidad del aula se impone y los cambios se van haciendo al ritmo que se puede.

¿Cuál cree que es hoy por hoy el principal reto del sistema educativo balear?

Diría las infraestructuras, en el caso de Eivissa la situación es muy grave. También se ha de impulsar como toca la FP y la inclusión y atención a la diversidad. Y necesitamos una mejora de la financiación que recibimos del Estado.

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