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Jordi Reina: "Quitar la mascarilla en los aviones sería una medida adecuada por la baja incidencia de casos"

El virólogo del Hospital Universitario de Son Espases se muestra a favor de retirarla por la "buena situación epidemiológica" | La pandemia de la gripe empezó en abril y aún no ha acabado

El virólogo del Hospital de Son Espases, Jordi Reina MANU MIELNIEZUK

La mascarilla ha sido protagonista absoluta durante estos años marcados por la pandemia. Su anhelada retirada en interiores por la mayor parte de la ciudadanía se convertía en una realidad el 20 de abril. «Quitar las mascarillas es una buena forma de normalizar la vida» opinó el virólogo del Hospital Universitario de Son Espases, Jordi Reina. 

La posibilidad de prescindir de esta protección en algunos espacios se debe a que la «intensidad es totalmente asumible y no supone ningún riesgo para la población», explicó. La «buena situación» epidemiológica y la «levedad» que marca las nuevas infecciones permiten que se pueda plantear una relajación progresiva en las populares restricciones que han ido y viniendo en el escenario de la covid. Por ello, descarta volver a implantar la mascarilla a la sociedad por ahora, y esperar a los meses de octubre y noviembre: «Dejaría que la población descansará porque si no cuando pidamos que se la pongan ya no harán caso». 

Unas declaraciones que realizaba Reina a este diario, después del confuso anuncio de la ministra de Transportes, Movilidad y Agenda Urbana, Raquel Sánchez, el pasado jueves en el Congreso, que llevaba a la mayoría a pensar que el Gobierno eliminaba la mascarilla en los aviones: «En el caso del transporte aéreo, el real decreto ley elimina la obligatoriedad de las directrices vinculadas con la pandemia en los aeropuertos y se establece que sean recomendaciones», expuso.

Un malentendido lógico si se tiene en cuenta la falta de novedad en la información que daba la ministra, ya que desde hace meses el único lugar del transporte aéreo que exigía cubrir la boca y nariz eran las aeronaves. Por lo que más tarde, enfatizó que se englobaba el espacio del aeropuerto y no a los aviones, por lo que se entiende que el cambio afecta a los termómetros y a la distancia de los controles de seguridad que ya eran casi inexistentes. 

En el caso de que la medida tomada por el Ejecutivo hubiese incluido dejar de lado la mascarilla en los vuelos, para Reina sería una decisión «adecuada»: «Estamos en el final de la séptima ola y las tasas de incidencia son muy bajas», afirmó. A pesar de admitir que con el coronavirus «hemos tenido todas las sorpresas», el número de personas infectadas disminuye a la vez que se reducen las posibilidades de que haya nuevas variantes porque se necesita la «infección de mucha gente para que el virus pueda mutar». 

Asimismo, entiende que si existiera la disposición en un futuro se aplicará previamente al transporte aéreo para seguir la «tónica europea», en la que la mayoría de países no hacen uso de las mascarillas en sus trayectos y puede suponer «un rollo» para los turistas ponérsela o quitársela dependiendo del recorrido que llevan a cabo. Su posterior aplicación al resto de transportes sería lógico porque «el grado de proximidad en el avión es el mismo que en el bus». 

Reina recomienda que las personas de riesgo que tengan alguna enfermedad cardiaca, respiratoria, asma o sean mayores de 80 y 90 años sigan haciendo uso de ella «sea donde sea» como medida preventiva. 

La epidemia de gripe más larga

Respecto a las voces alarmistas que pronostican un otoño e inviernos complicados por el aumento de la gripe, Jordi Reina explica que «no es razonable hablar de la siguiente epidemia si esta aún no ha acabado». Durante estos meses de verano la gripe no ha descansado, «cada semana aún llegan 10 y 14 casos» y no parece que finalice de forma «drástica con cero casos», añadió.  

Esta epidemia «excepcional» se ha coronado como una de las más largas «en cuarenta años», ya que ha venido de forma «atrasada» y se ha quedado a veranear ocupando «el sitio que dejaba la covid». La preocupación llega por la despedida de las mascarillas durante los meses fríos en los que la gripe acecha con mayor facilidad. Sin embargo, la convivencia de la ciudadanía con este virus, desde los meses de abril y mayo, ha puesto a prueba la inmunidad de muchos: «La epidemia del verano ha sido como una segunda tanda de vacunación», aclaró Reina.  

La información epidemiológica obtenida hasta el momento en lugares en los que ahora es invierno no da lugar a pensar que la epidemia vaya a ser «más virulenta o grave» que otros años.

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