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Diario de Mallorca

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Investigación

Una beca millonaria para buscar una solución a los retrasos aéreos

Massimiliano Zanin desarrolla su proyecto en el IFISC con una subvención de 1.300.000 euros

El científico italiano Massimiliano Zanin. Bernardo Arzayus

No todos los retrasos aéreos son malos. O, por lo menos, no todos son ilegítimos. Si uno se imagina en un avión cuya ruta pasa por una tormenta, seguramente prefiera evitar el mal clima y no llegar mareado a su destino.

Sin embargo, hay retrasos aéreos que son intrínsecamente ‘malos’, tanto para los pasajeros como para las aerolíneas; los denominados como ‘reaccionarios’, es decir, un retraso transferido de un vuelo anterior que ha llegado tarde. Por ejemplo, un avión que viaja de Palma a Berlín puede llegar tarde por cualquier motivo razonable, el problema es que todos los siguientes vuelos que realizará este avión, empezando por su siguiente ruta desde Berlín, se tendrán que posponer también.

Esto es lo primero que recalca el investigador Massimiliano Zanin (Verona,1982), afincado en Palma, para explicar su proyecto, cuyo objetivo central es ofrecer soluciones a la propagación de retrasos entre aeropuertos. «No estudio todos los atrasos, sino solo aquellos que se han generado de forma ilegítima y que se propagan a lo largo de la jornada hasta que la noche se convierte en un auténtico caos de impuntualidades», explica.

Zanin desarrolla su proyecto en el Instituto de Física Interdisciplinar y Sistemas Complejos (IFISC), un centro mixto entre la agencia estatal CSIC y la Universitat de les Illes Balears (UIB). Su proyecto ha recibido una ERC Starting Grant, una de las becas más prestigiosas de todo el continente, dotada con 1,3 millones de euros por el Consejo Europeo de Investigación.

De la neurociencia a los aviones

Lo realmente innovador del estudio de Zanin, que ya de por sí resulta insólito, es la metodología que emplea. En lugar de utilizar el sistema tradicional, con macrosimuladores que imitan el movimiento de todos los aviones, el científico plantea analizar el transporte aéreo desde la neurociencia.

Igual que las neuronas transmiten información a las distintas áreas del cerebro, los aviones transmiten información sobre sus retrasos, que luego se distribuye y manipula en los diferentes aeropuertos. Este símil ha servido de eje central de la investigación y supone un enfoque absolutamente novedoso en este campo, que posteriormente investigadores de otros países, como China, han tomado de ejemplo para llevar a cabo estudios similares.

De la misma manera que las regiones cerebrales computan información para centrarse en una actividad, Zanin analiza cómo se sincroniza y coordina el mapa global del tráfico aéreo, especialmente el de Europa, para describir cuáles son los puntos débiles del sistema y cómo se podría hacer más robusto. A efectos prácticos, busca una solución para acabar con los retrasos que generan pérdidas millonarias cada año y perjudican la reputación de este tipo de transporte: «Todos sabemos que es raro que los aviones lleguen puntuales, estamos acostumbrados a programar la llegada horas antes del compromiso porque es probable que el vuelo se retrase. Eso no debería ser normal y tiene que cambiar», señala Zanin.

Dos semanas después

El científico estudió Gestión Aeronáutica en la Universidad Autónoma de Madrid y se doctoró por la Universidade Nova de Lisboa en Ingeniería Eléctrica y de Computadores. Después de una larga trayectoria académica, el 1 de marzo de 2020 firmó el inicio de su proyecto a cinco años vista en el centro balear IFISC.

No se imaginaba ni de lejos que apenas dos semanas después, a mediados de marzo, el mundo entero se pondría en cuarentena por una pandemia que azotó a todo el planeta y obligó a frenar en seco el tráfico aéreo global.

Un golpe directo a la ambiciosa investigación, que pretendía analizar los vuelos en tiempo real. A raíz de esta crisis, Zanin viró el timón de su proyecto y decidió replantearlo con datos históricos de la prepandemia.

Son Sant Joan no ha mejorado

No obstante, sin haberlo esperado, el macroanálisis se convirtió en una oportunidad para poder comparar los movimientos aéreos antes y después de la pandemia.

Según explica el científico italiano, el aeropuerto de Son Sant Joan, uno de los que contempla el proyecto, está inmerso en los retrasos y no ha mejorado respecto a las cifras anteriores a la crisis sanitaria. El 26% de aviones han despegado del aeródromo balear con más de diez minutos de retraso en los seis primeros meses del año, frente al 24,4% del mismo periodo en 2019.

Respecto a las llegadas, el 17,7% de los vuelos aterrizaron más de diez minutos tarde, un porcentaje ligeramente inferior al 18,4% en 2019. «Se puede decir que Palma genera bastantes retrasos», manifiesta el investigador. Minutos e incluso horas que no se recuperan y que transfieren el problema a otros aeropuertos. «Supongo que la mayoría se debe a los problemas en los controles de seguridad y a las huelgas en compañías de bajo coste, es decir, no tanto a cuestiones operacionales», considera el académico.

Se prevé que la investigación concluya a finales de 2024 con propuestas y soluciones al problema, una cuestión que las metodologías tradicionales no han logrado remediar y que Zanin pretende zanjar inspirándose en la propia biología y naturaleza del cuerpo humano. Para hacerlo, cuenta con un equipo conformado por un investigador postdoctoral y dos estudiantes de doctorado, aunque todavía queda una quinta plaza por cubrir: «Me cuesta mucho encontrar científicos que encajen con el perfil, muchos dejan la investigación y se van a la industria», lamenta.

Con todo, en estos dos últimos años y medio, Zanin y su equipo han logrado resolver las dos primeras fases del proyecto, que consistían en desarrollar la parte teórica y describir el estado de la cuestión, además de crear herramientas para estudiar el gigantesco volumen de datos sobre tráfico aéreo que manejan.

Ahora, en pleno ecuador de la investigación y ya con las herramientas necesarias, el grupo de académicos afronta los próximos dos años y medio con energía, aunque queda por delante la parte más difícil: desarrollar y exponer un método efectivo para bloquear la avalancha de vuelos retrasados en Europa.

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