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Diario de Mallorca

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BOULEVARD

La fiscalía ataca a Neus Truyol tras su sonado fracaso con los confeti

Cuántos políticos no nacionalistas están perseguidos por delito ecológico, cuándo empieza la investigación de los trece muertos de Sant Llorenç y de los ladrones de vacunas

¿Quién es ese señor con cara de perdedor que el 13 de junio se abrazaba en Córdoba a Armengol como si fuera un náufrago?

Mallorca necesita menos gente que sepa lo que Mallorca necesita. Aquí nadie limpia un grafiti, pero cada día se celebra un foro con aire acondicionado sobre el futuro de la isla. Esta sección criminógena se tituló un día «La fiscalía de Balears archiva», porque los teóricos acusadores se desembarazaban en un fin de semana del caso Rasputín, donde los dirigentes del PP cargaron a los ciudadanos su factura en un prostíbulo moscovita, probablemente el mayor insulto a los mallorquines obligados a pagar las consumiciones de sus políticos en un burdel. Ni sombra de delito. Ahora bien, cuando los sospechosos son nacionalistas como los doce jóvenes del caso confeti o Neus Truyol, todos a la cárcel por nimiedades.

Los científicos denuncian la desaparición de la arena de las playas, mientras Mallorca entera se convierte en un arenal llovido del Sáhara. Así trabajamos en la isla. Por eso es imposible igualar desde la prensa, contra la que arremetió el fiscal, la descalificación que la sentencia de la Audiencia efectúa del ministerio público que pedía 29 disparatados años de cárcel para doce jóvenes, y de la policía que no supo ni identificarlos. «No se causó ningún tipo de daño», «Nadie ha formulado reclamación», «No se alteró la paz pública», «No se ejecutó ningún acto de violencia», «No se ha acreditado el peligro», «No es un delito de peligro».

Se han gastado miles de euros públicos en este sonoro y sonado fracaso fiscal y policial, además de cargar durante meses con el peso moral y el estigma de cárcel a jóvenes que no me caen simpáticos. Quién paga esa broma. Pues bien, ahora le toca a Neus Truyol, curiosamente también nacionalista aunque sea de pega. Lejos de mí la aprobación de la gestión de la actual responsable municipal de Urbanismo, que no ha autorizado ni proyectado en Palma una sola casa que sus votantes puedan comprar.

Truyol es la santa patrona de la gentrificación, pero tampoco se trata de meter en la cárcel a todas las personas de las que discrepo, sean concejalas soberanistas al servicio de los suecos o malos poetas como Valtònyc. Basta con no votarles ni escucharles, pero según el ministerio público son cuatro veces más criminales que Cursach. El caso selectivo de la fiscalía contra políticos nacionalistas por los vertidos tiene el mismo sustento y sustrato que la imponente acusación del caso confeti. Como mínimo, perder por 29 años solicitados a cero conlleva una visión distorsionada de la realidad, y esa desproporción crea indefensión.

Nada más fácil que desmentir este artículo. Basta que la fiscalía especifique cuántos políticos de partidos no nacionalistas están perseguidos ahora mismo con peticiones de cuatro años de cárcel, por alguno de los centenares de delitos medioambientales que se están cometiendo en Mallorca a cielo abierto en estos momentos. O que los fiscales indiquen cuándo comenzará la investigación de los trece muertos de Sant Llorenç con alerta amarilla, que solo pasó a roja cuando dejó de llover y de morir. Por no hablar de la investigación de los políticos ladrones de vacunas, contra quienes se ha actuado penalmente en Valencia o Murcia.

Me urgen a que felicite públicamente al director de la céntrica y concurrida oficina palmesana de CaixaBank, que «tiene un trato personal exquisito y está al tanto de los problemas derivados de las aglomeraciones, también contesta rápidamente a los mails». Un comportamiento imperial y excepcional en demasiados sentidos.

Ante la imposibilidad de mejorar al abogado Rafael Perera sobre su colega fallecido Gabriel Garcías, solo añadir que cuando los miserables quisieron utilizarlo para cargar contra este diario, se negó en redondo. ¿Cuál de ellos? Los dos, aunque los miserables no eran los mismos. Ambos encarnan el talante dialogante que imperaba antes de que su profesión también compartida degenerara en el hooliganismo. En los ochenta sabíamos que no podíamos esperar nada de la Justicia, ahora rezamos para que alguien nos proteja de ella. Y en la misteriosa foto que hoy nos ilustra, ¿quién es ese señor con cara de perdedor que el 13 de junio se abrazaba demasiado en Córdoba a Francina Armengol, como si fuera un náufrago?

Reflexión dominical dual: «El optimista no sabe lo que está estropeado pero puede arreglarlo, el pesimista sabe lo que está estropeado pero no puede arreglarlo».

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