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Diario de Mallorca

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Veterinario
Entrevista

Xavier Farrès: «Es más saludable un producto hecho aquí que otro que no sabes ni de dónde viene»

«Es muy probable que esos alimentos que nos llegan de fuera hayan sido sembrados y recolectados por personas en unas condiciones inhumanas»

Xavier Farrès promueveel consumo local con la ONG Justícia Alimentària. MIQUELA VIDAL

Inspector de la Conselleria de agricultura y delegado en Mallorca de Veterinarios sin Fronteras. A través de una ONG, Justícia Alimentària, promueve el consumo local. Su proyecto actual es ‘Dona-li la volta, tria la carn ben feta’.

Ustedes vienen de Veterinarios sin fronteras.

En efecto. Y es que Veterinarios sin fronteras es de ámbito internacional y es una marca muy potente y que hace muy buen trabajo en los países donde actúa. Y no solamente en el campo del cuidado de los animales sino también en el del consumo. Por eso nosotros, con ‘Justícia alimentària’, hemos querido incidir en ese aspecto más social, el de concienciar al consumidor y ayudar al productor, a través de campañas formativas, informativas y educativas.

Siempre partiendo del sector primario, entiendo.

Cierto, que es el que necesita más ayuda, entre ellas la protección y la dignificación incluso. Pretendemos intervenir en esos aspectos y, por lo que hemos comprobado, la mejor manera es a través de campañas que lleguen al consumidor, como la que ahora tenemos en marcha y que hemos titulado Dona-li la volta, tria carn ben feta, con la que queremos hacer llegar a los que consumimos la problemática del productor primario.

Con lo cual ya no hablamos de veterinarios que se dedican al mundo animal, sino que nos referimos a un concepto mucho más amplio.

La base de nuestro proyecto es el sector alimentario en general. Luchamos a favor de la soberanía alimentaria, un concepto que desde hace unos años se va dando a conocer; hasta tal punto que en la administración autonómica hay una dirección general específica sobre el tema.

Explíquenos algo más sobre ese concepto. ¿De qué hablamos cuando hablamos de soberanía alimentaria?

De todo lo que envuelve el mundo del consumo de alimentos: exportaciones, compra de los productos del entorno, márgenes justos a los agricultores y ganaderos, cómo y qué producir… Nos gustaría llegar a ser autónomos y soberanos a la hora de producir y consumir, que nadie ni nada impida disponer de los más cercano.

Por tanto sería algo parecido a incentivar el quilómetro cero.

Claro. Consumir los alimentos que tenemos en nuestro propio entorno, lo que se produce en la tierra cercana y cuándo se produce, todo eso forma parte de los que comúnmente llamamos consumir quilómetro cero. Y lo que falta es informar al consumidor, ese es uno de nuestros objetivos primordiales. Y con un valor añadido, que es el de la calidad y sanidad. Es más saludable un producto hecho aquí y de temporada, que otro que no sabes ni de dónde viene ni que contiene ni qué fases ha sufrido para su conservación.

Imagino que usted no compra tomates ni alcachofas en invierno.

(Sonríe) Esa es otra, no solamente hablamos de consumo de producto local, sino también de temporada. ¿Fresas en invierno? No, esperemos a abril y que además son mejores.

¿Es fácil para el consumidor encontrar productos quilómetro cero?

Tema económico aparte, lo que hace que productos de fuera sean más baratos que los propios debido primero al fuerte peso que tienen la industria alimentaria a nivel mundial y segundo a la no regulación por parte de algunos gobiernos, aparte eso, que no es cosa menor, quizás el consumo de producto de aquí obliga al consumidor a buscarlo e ir a comprar a comercios específicos. Es triste, pero es así: la comercialización del producto local está menos desarrollada que la del producto general, con lo que es difícil que entre en las grandes superficies.

¿Local es sinónimo de ecológico?

No necesariamente. Un producto puede ser local y no ajustarse a las reglas del comercio biológico. Pero da igual, lo importante es que consumamos lo que producen nuestros campos. Mejor eso que comprar alimentos que no sabes de dónde vienen ni cómo se han elaborado, pues es muy probable que esos productos que nos llegan de fuera hayan sido sembrados y recolectados por personas en unas condiciones inhumanas. No ayudemos a potenciar esa desigualdad social. Y, además, si compras un producto local tienes más posibilidades de comprobar cómo y dónde se ha producido, pues tienes cerca al productor y de forma directa ayudas a hacer crecer el tejido económico de tu entorno. Así que el hecho de comprar producto de aquí tiene una repercusión social muy valiosa aquí mismo.

Y el productor ¿tiene fácil entrar en el mercado habitual, en el circuito de las grandes superficies?

No. Y es mejor que no entre en ese circuito, ya que acabará explotado por las marcas y empresas del sector. Firmará la entrega de una producción enorme, pero a precios ridículos. El productor local que entre en el circuito alimentario de las grandes superficies acabará ahogado. Por eso pedimos, desde organizaciones como la nuestra, que las administraciones regulen el sector.

Entonces ¿dónde comprar el producto local?

En los mercados locales, en las asociaciones o cooperativas de consumidores, venta a domicilio, una manera que ha entrado y con fuerza. Vender es más difícil que producir y aquí es donde debemos incidir los que fomentamos ese consumo, pero también las administraciones.

¿Y crear un gran mayorista para el producto local?

Nuestra experiencia demuestra que al depender de un monopolio o de un oligopolio de pocos distribuidores acabas cediendo a las presiones. Al estar en manos de una o pocas empresas distribuidoras, en cualquier momento puedes acabar hundiéndote, pues tus intereses chocarán con los de los distribuidores. Este no es nuestro modelo.

¿Y dónde situamos el auge de las cooperativas?

Lo vemos con muy buenos ojos, pues el cooperativismo normalmente funciona muy bien, tenemos ejemplos como Ramaders de Felanitx que es un ejemplo de modelo de gestión. La multicolaboración, en este campo es muy necesaria. En estas cooperativas se organizan los productores y los distribuidores. Ese es un buen camino a seguir, es la manera de luchar contra los monopolios de producción, distribución y venta que dominan el mercado y que son todo lo contrario a la soberanía alimentaria.

¿Puedo fiarme cuando un producto indica que está hecho aquí?

Al cien por cien no. Pero sí que existen sistemas de control. El producto agroecológico dispone de reguladores que lo certifican. ¿Que pueda haber algún fraude? Pues no diré que no, como lo hay en todos los sectores. Otra cosa es indicar que es ‘producto de Mallorca’, pues la materia prima con que se hace el producto no necesariamente tiene que ser de aquí, sino que basta que se elabore aquí. Por eso existen las DO, denominaciones de origen o las IGP, indicaciones geográficas protegidas. La diferencia es el origen de la materia prima. En el primer caso materia y elaboración deben ser de aquí y en el segundo basta que sea de aquí la elaboración.

Y el mundo del pescado, ¿dónde lo metemos?

Desde nuestra organización no trabajamos el sector primario de la pesca y puede que sea una carencia. De todas maneras, como inspector que soy de la Conselleria de agricultura puedo decir que el etiquetaje del pescado es obligatorio que indique el origen. En este sentido sí van más adelantados que el sector agrícola y ganadero.

Y ¿qué decir de las ‘matances’ caseras que luego venden sus productos?

En teoría un particular no puede vender nada de lo que produce con el cerdo, pues para ello necesitaría pasar un control sanitario con un registro que se da cuando tienes una industria autorizada. Ahora bien, y tal como se hace en otros países, sería bueno legislar de tal manera que un payés, hasta ciertos límites que no dañen la parte industrial, pudiera vender productos elaborados por él mismo. Todo controlado, naturalmente, en origen incluso, para ver de qué manera y cómo se han realizado las sobrasadas u otros productos derivados de la matanza, o también fuera de ella como otros productos elaborados a partir de materias primas provenientes del campo. Falta dar pasos claros en esa dirección, como han hecho en regiones francesas dónde de forma legal y reglada puedes comprar quesos u otras cosas en la misma casa del payés.

Y en todo esto ¿qué papel juega el sector público?

La administración pública de aquí debe someterse a la normativa europea, que en muchos casos no recoge las casuísticas locales y siempre es distante. En Bruselas se legisla a un nivel continental y lo que pueda pasar en Mallorca u otros lugares pequeños no se contempla. Y además tenemos los lobbies que presionan a los legisladores para que hagan las leyes a su medida. Una aberración es que la ley europea no contemple excepciones para casos y lugares concretos. Mallorca debería tener una legislación propia. Legislar para toda Europa es lo más cómodo, pero no lo mejor. Solamente con esos matices locales se aseguraría una soberanía alimentaria. La Comunidad Autónoma está muy ligada de manos, aunque sí puede hacer pequeñas puntualizaciones, pero la normativa general viene dictaminada desde Bruselas.

Tema comedores escolares y de residencias. ¿Cómo podríamos incidir para que consuman productos locales?

Sería fácil si el gobierno pusiera en las bases de adjudicación de la concesión unos puntos que favorecieran a quienes ofrecen esos productos de quilómetro cero. Nuestra campaña Compra Pública va en ese sentido.

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