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Nueva etapa

El adiós de Mario Draghi al Gobierno de Italia

El ya exprimer ministro deja el poder tras 20 meses al mando, en los que le devolvió al país la confianza internacional | Su último acto será este domingo la ceremonia en la que le cederá oficialmente el poder a la ultraderechista Giorgia Meloni

Mario Draghi. Reuters

"Hasta luego, chicos". Con estas palabras y una sonrisa algo forzada, Mario Draghi, el primer ministro saliente de Italia, se despidió el pasado viernes de su último Consejo Europeo, después de 20 meses al mando del Gobierno y una retirada anticipada que se produjo por los insaciables apetitos de los partidos italianos, siempre a la gresca y siempre enroscados en sus maquiavélicas intrigas palaciegas, incluso si el mundo vive en tiempos de guerra y crisis económica.

"No daré ningún consejo al nuevo Ejecutivo", dijo desde Bruselas Draghi, al añadir lo que sí ha hecho es dejarle deberes. "Los ministros y la presidente del Consejo de Ministros", explicó, "han preparado dosieres con todos los problemas que habrá que enfrentar" en los próximos tiempos. El objetivo es que el nuevo Gobierno "pueda iniciar su actividad con rapidez", añadió.

El primer ministro saliente de Italia y exjefe del Banco Central Europeo (BCE) cumplirá este domingo el último acto de su mandato como Jefe del Gobierno italiano. En una ceremonia que se celebrará en el Palazzo Chigi, la sede principal del Ejecutivo transalpino, le cederá su puesto a Giorgia Meloni, la nueva primera ministra ultraderechista de Italia. Ambos compartirán la escena en el patio de Palazzo Chigi y luego en la Sala de los Galeones, en un momento de alta carga simbólica que también será retransmitido en directo por la televisión. Los paralelismos acaban aquí. 

Un soplo de éxito

El hombre que se considera que salvó el euro siendo jefe del BCE (en ese atormentado 2012 cuando la moneda única vivía una crisis sin precedentes), asumió su cargo como mandatario en febrero de 2021. El presidente de la República, Sergio Mattarella, le pidió que lo hiciera, y los partidos políticos transalpinos -todos los principales, salvo el de Meloni- le apoyaron de forma unánime para que formase un Gobierno de unidad nacional. Draghi aceptó. 

La razón era que la clase política del país se encontraba en dificultades. Italia tenía problemas en esos días con la campaña de vacunación contra el covid, la crisis económica acechaba y todo esto había creado malestar entorno a la figura de Giuseppe Conte, el entonces primer ministro. Ya en el puesto, Draghi no defraudó a quienes lo habían elegido. Convirtió Italia en un ejemplo a seguir, un país aclamado internacionalmente, con un PIB que ese año cerró con una alza de más del 6%, lo que, junto con las maniobras de Draghi para reforzar la cohesión europea, le devolvió a Roma una credibilidad en Europa no vista en décadas. 

Antípodas

Incluso este año, con la guerra en Ucrania y sus consecuencias, Draghi sorprendió. En pocos meses, hizo algo que no se había logrado en años: reducir la dependencia italiana del gas ruso. Y, en paralelo, siguió poniendo orden, y cumpliendo con los objetivos solicitados por Bruselas, para obtener los fondos del plan de recuperación pospandémico destinado a Italia por la Unión Europea.

Todo esto contrasta con el punto de partida de Meloni, quien a llegado al poder tras unas elecciones anticipadas que se han celebrado después de que, por razones de poco peso y sin grandes conflictos en curso, algunos partidos retiraran su apoyo al Gobierno de Draghi. Lo que en julio provocó la dimisión del exbanquero. Dos de estas formaciones (la Liga de Matteo Salvini, y Forza Italia, de Silvio Berlusconi) son hoy los principales socios gruñonesdel nuevo Gobierno de Meloni, quien inicia su legislatura sin un equipo que ilusione a las elites como cuando Draghi tomó el poder.

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