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Derechos humanos

Las mujeres en Irán, ciudadanas de segunda

Además del velo obligatorio, las ciudadanas iranís sufren una represión y limitaciones diarias, en sus puestos de trabajo y por la calle

Mujeres iraníes durante una procesión fúnebre. AFP

Foziyeh se enfada cuando piensa en el dinero que está gastando porque sí, cada día, cada mañana, en taxis —y el tiempo que pierde atrapada en atascos de tráfico— porque al ser una mujer no puede ir al trabajo en moto. A Foziyeh —no es su nombre real— no le llega para comprarse un coche y el transporte público no le sirve. Así que no le queda mucha más opción que el taxi.

"Si fuese en moto me pararían y me la quitarían. Después mandarían una orden judicial a casa para llamarme a juicio. En ese juicio, el juez sería un hombre, claro, porque una mujer tiene prohibido ser jueza, y acabarían multándome", explica esta joven de Teherán, a quien le encantan las dos ruedas pero los clérigos que mandan en Irán le ponen trabas.

Todo dio un giro de 180 grados en 1979. Ese año triunfó la Revolución Islámica y el país pasó de ser una monarquía autoritaria amiga de Occidente donde el velo islámico había sido prohibido y donde mandaban señores con corbata y traje castrense a otro en el que los jefes eran los hombres religiosos, con barbas blancas hasta el pecho y vestidos negros hasta los pies.

Las normas dieron un vuelco: hiyab, el velo islámico para mujeres, pasaba a ser obligatorio; los hombres podían casarse con cuatro mujeres; una mujer tenía prohibido divorciarse; una mujer no podía viajar sola sin permiso de su marido o padre; y los trabajos en el gobierno y sector público serían solo para hombres. Las iranís se convirtieron en ciudadanas de segunda.

La situación, sin embargo, con el paso de los años y gobiernos más moderados, cambió. Ahora un hombre solo puede casarse con más de una mujer si su primera esposa está de acuerdo; una mujer tiene derecho a divorciarse de su marido —si un juez, hombre, ve motivos suficientes—, y una mujer puede andar sola por la calle. Además, desde 2019, a las iranís se les permite entrar en los estadios de fútbol. Solo, eso sí, en partidos concretos.

Presión diaria

Hay, no obstante, muchos peros. "Es difícil describir en palabras lo que se siente al ser mujer en Irán. Es como una presión cada día. En una sociedad tan patriarcal como la de aquí es muy difícil hacer cosas normales que se hacen en cualquier otra parte del mundo. Me encanta ir en bicicleta, pero no puedo hacerlo en un sitio donde no haya mucha gente, ni puedo hacerlo después de las nueve de la noche, o no puedo hacerlo si no voy con algún amigo hombre", explica Foziyeh. Hacer todo lo que no debería podría enfadar a la policía de la moral, que se lleva a las mujeres con comportamientos "inmorales" a comisaría para su "reeducación".

De todas las medidas y limitaciones que tienen las mujeres, la más visible e importante es el hiyab obligatorio: una marca diaria de qué tiene y qué no tiene que hacer una mujer; un recuerdo constante de que, si una no lo lleva "correctamente", como mandan quienes interpretan los libros sagrados, los problemas acabarán llegando.

Una moto de la policía iraní arde durante las protestas por la muerte de Mahsa Amini en Teherán, el pasado 19 de septiembre. WANA NEWS AGENCY

Si una mujer se quita el velo en público, por ejemplo, puede ser acusada de "incitar la inmoralidad y el vicio", de "quitarse el hiyab en un espacio público" y de "representar públicamente un acto pecaminoso". Delitos que comportan hasta 10 años de cárcel.

"Hay muchas mujeres feministas, incluyendo muchas mujeres jóvenes, que no son mencionadas en ningún sitio porque no son famosas pero que llevan en prisión muchísimos años. Este es el precio que pagan por luchar por la justicia y la libertad. Pagamos este precio a diario", decía, hace unos años, la abogada por los derechos humanos iraní y premio Nobel de la Paz en 2003, Shirin Ebadi.

La última en pagar este precio fue Mahsa Amini, la joven de 22 años muerta la semana pasada tras recibir una paliza en comisaría a manos de la policía de la moral iraní. Su crimen fue llevar el velo obligatorio demasiado bajo, enseñar demasiado pelo. 

La piedra angular de la República Islámica

Tras su muerte, las protestas se han desarrollado por todo el país. Primero, los manifestantes pedían el fin de la violencia policial y de la obligatoriedad del velo. Ahora, las demandas claman el derrumbe de la República Islámica y sus esencias, parte indispensable de la cual es el hiyab obligatorio. 

"El Gobierno iraní se basa en el islam en su versión más brutal y básica —explica Foziyeh—, y usa el velo como herramienta de supresión y de control, para decirnos que si una mujer se pone el hiyab, nada malo le ocurrirá. Que ningún hombre te hará daño siempre y cuando lleves el velo. Esta prenda se ha convertido en una herramienta de sumisión, y por esto creo de verdad que la República Islámica no puede sobrevivir si deroga la ley del hiyab obligatorio".

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