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Diario de Mallorca

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Guerra en Ucrania

La "fortaleza rusa" de Putin se tambalea bajo el peso de las sanciones internacionales

La economía del país sufre ya la escasez y el encarecimiento de algunos productos mientras proliferan las colas en los cajeros

Decenas de personas esperan para sacar dinero de un cajero del banco Tinkoff en Moscú el pasado 9 de marzo.

Alexander tuvo que volar hasta Estambul para salir de Rusia circunvalando el cierre del espacio aéreo europeo, una de las rutas elegida por miles de sus compatriotas para abandonar el país ante la tormenta que las sanciones internacionales han desencadenado sobre la economía rusa. Algunos productos empiezan a escasear en las tiendas; otros han aumentado hasta un 30% de precio; y en los cajeros se suceden las colas para sacar el máximo autorizado en divisa extranjera ante el derrumbe del rublo. "Muchos rusos están bajo un enorme estrés. Es horrible lo que está sucediendo en Ucrania. Hemos comprendido que nos estamos quedando sin futuro", dice este treintañero moscovita. "Hay rumores de que podrían cerrar las fronteras rusas a los hombres y obligar a algunos a alistarse. Todo es tan impredecible que no he querido arriesgarme", confiesa desde Estambul.

A diferencia de sus ciudadanos, el régimen de Vladímir Putin llevaba desde 2014 preparándose para este momento. Aquel año comenzaron a llover las sanciones contra Moscú por su anexión ilegal de la península ucraniana de Crimea y, desde entonces, el Kremlin ha tratado de inocularse frente a un hipotético escenario de 'guerra económica' como el que ahora enfrenta. Basculó hacia a Oriente para reducir su dependencia de Occidente y soltó algunos de los nudos que le atan a la globalización. Redujo sus reservas en dólares, penalizó las importaciones con elevados aranceles, minimizó su deuda externa y creó un sistema alternativo al Swift para las transferencias bancarias internacionales. 

Pero sobre todo se dedicó a engordar las reservas de divisas de su banco central con un chaleco antibalas de 630.000 millones de dólares, el equivalente a un tercio de su economía, concebido para proteger al rublo de potenciales ataques. A esa estrategia le puso un nombre, "Fortaleza rusa", la misma fortaleza que se venido abajo estos días con una pasmosa facilidad. "En menos de dos semanas, la guerra de Putin ha catapultado a Rusia a los niveles de aislamiento económico de la era soviética", escribía esta semana el exasesor del Tesoro estadounidense y experto en sanciones Bryan O'Tool. "Y eso conducirá al pueblo ruso al desastre".

Un castigo económico sin apenas precedentes

Todo ha sucedido con una enorme rapidez, a medida que los bombardeos del Kremlin vapuleaban las ciudades ucranianas. Las sanciones han ido cerrando casi todas las vías de comunicación entre el sistema financiero ruso y el resto del mundo. Tanto las adoptadas por la treintena de gobiernos que han seguido hasta ahora la pauta marcada desde Washington, Bruselas y Londres, como por el sector privado. El transporte de mercancías rusas ha perdido sus aseguradoras, Visa y Mastercard han dejado de procesar las compras de sus ciudadanos en el extranjero y el banco central ha visto como al menos la mitad de su reserva de divisas quedaba congelada fuera de sus fronteras. 

Las consecuencias de semejantes desajustes arrecian en cascada. El rublo ha perdido la mitad de su valor frente al dólar desde el inicio de la invasión. La bolsa de Moscú lleva días cerrada para evitar la desbanda de los inversores. La treintena de grandes empresas rusas cotizadas en Londres han perdido más del 90% de su valor. Los tipos de interés se han doblado hasta el 20% y la deuda rusa ha quedado reducida a bono basura. "Muchas de las sanciones son parte del menú habitual, lo distinto esta vez es la rapidez con que se han impuesto, la cohesión entre los países que las han aplicado y las dimensiones económicas del país sancionado", afirma a este diario Richard Nephew, uno de los arquitectos de las sanciones estadounidenses contra Irán. "Nada de eso tiene precedentes desde el paquete de sanciones impuesto a Irak en 1990 con el aval del Consejo de Seguridad de la ONU". 

Los analistas predicen que la economía rusa perderá este año alrededor del 10% de su PIB y, según el Banco Mundial, se está acercando a peligrosamente a un escenario de suspensión de pagos como el que ya vivió durante la crisis de 1998. La misma que se llevó por delante los ahorros de millones de rusos. "Mi salario se ha devaluado enormemente en apenas dos semanas. Y con la salida de las empresas multinacionales de Rusia mucha gente se va a quedar sin trabajo. La situación es muy preocupante", dice Alexander desde su exilio temporal en Turquía, del que no sabe cuándo podrá regresar a su país.

El país más sancionado del mundo

Cuantitativamente Rusia es ya el país más sancionado del mundo, por encima de Corea del Norte e Irán, según la consultora Castellum.Al. "Las devastadoras sanciones contra Irán se adoptaron en un plazo de 10 años. El mismo tipo de sanciones contra Rusia se han implementado en solo 10 días", ha dicho su director, Spencer Vuksic. No hay duda de que el coste para la sociedad rusa será monumental. La cuestión es esas sanciones servirán para alcanzar el propósito que se han marcado: detener la guerra en Ucrania. Días después de la invasión, la popularidad de Putin se disparaba hasta el 70%, según una encuesta de la empresa estatal VTsIOM. Nada demasiado sorprendente teniendo en cuenta cómo la propaganda oficial ha blanqueado la ofensiva o la férrea censura informativa que impera en el país

"En la Sudáfrica del apartheid o en la Libia de 2003 las sanciones sirvieron para cambiar el comportamiento de sus regímenes", dice Nephew, autor del libro 'The Art of Sanctions'. "Esta vez es posible que contribuyan a frenar la guerra, pero probablemente no lograran detenerla por sí solas". Nephew reconoce que, entre medio, podrían acentuar la agresividad del Kremlin. Tanto en el campo de batalla como en la esfera económica. Cartas en la manga, todavía le quedan. Desde cerrar el grifo de gas a Europa a expropiar los negocios en Rusia de las multinacionales que abandonan el país, una posibilidad que Putin ya ha aireado públicamente.

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