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Congreso de la CEDE

Lecciones para directivos

La revolución en la que estamos inmersos no es sólo tecnológica, también lo es laboral

El rey Felipe VI saluda al presidente de la Fundación CaixaBank, Isidro Fainé, a su llegada al Congreso de la CEDE. EFE

"Los jóvenes tienen que ser escuchados". Lo dijo sin matices el Rey de España, Felipe VI, en el discurso que ofreció en el Congreso de la Confederación Española de Directivos y Ejecutivos (CEDE) celebrada en el Bilbao Exhibition Center de Baracaldo esta semana. Frente a él, unos 900 altos cargos de empresas, hombres y mujeres, cuya edad media sobrepasaba los cincuenta años. Entre los ponentes, la edad era incluso superior. En una sala anexa, destacó la organización, estaban reunidos unos centenares de jóvenes veinteañeros que, durante la interrupción para tomar café bajaron a mezclarse con los veteranos. El Rey también se acercó a hablar con ellos. 

En el Congreso de la CEDE se habló de casi todo. De la geopolítica internacional, de los desafíos industriales, del nuevo mundo de los datos y la inteligencia artificial, de cómo superar las desigualdades, de cómo se va a combatir la inflación, del futuro de la energía, incluso enseñó a respirar el doctor Eduardo AnituaLarry Fink, el amo del universo desde Wall Street, propietario de BlackRock, la mayor gestora de fondos del planeta discurseó sobre el valor de los ‘stakeholders’ y su relación con el accionista. Participaron en el acto cuatro primeras espadas del Ibex 35. El presidente de Telefónica, José María Álvarez Pallete; Repsol, Antonio Brufau; CaixaBank, Juan Ignacio Goirigolzarri; y Naturgy, Francisco Reynés. Tampoco faltaron el gobernador del Banco de España, Pablo Hernández de Cos, que con 51 años bajaba la edad media de los participantes de forma considerable y que dio una lección magistral de economía, y el presidente de las CEOE, Antonio Garamendi. Éste fue de los pocos que se atrevió a arremeter contra las políticas económicas del Gobierno.

El único ponente que habló de gestión directiva y que se atrevió a dar consejos para los directivos fue Isidro Fainé, presidente de la CEDE, además de presidente de Fundación Caixa y Criteria, su brazo inversor. A sus 80 años, Fainé condensó en menos de una hora las claves esenciales para poder emprender y crecer en tiempos de máxima incertidumbre.

"¿Qué se necesita?" se preguntaba Fainé. Sus respuestas: un motor lleno de muchas piezas que deben coordinarse entre sí; energía que mueva el motor y un mapa donde estén inscritos el propósito empresarial, un sistema de valores y principios. El motor está formado por diversas palancas. Destacó tres palancas en los que hizo hincapié. La primera: "Hay que elaborar el plan estratégico desde el mercado y el cliente, donde se cuecen las habas", señaló Fainé citando los consejos de uno de los gurús del management, Michael Porter. La segunda: el factor humano que forman el equipo y los empleados. Son mucho más decisivos que otros factores, como las materias primas o la tecnología. Tercera palanca: la productividad. "No es el punto fuerte de la empresa española", apuntó Fainé. Pidió una mayor apuesta por el crecimiento para alcanzar masa crítica. Sobre todo: aprovechar las oportunidades que genera el mercado europeo. "Hay que ser más inteligentes con el uso del tiempo", insistió. En España se pierde demasiado el tiempo en el lugar de trabajo y esto acaba perjudicando a la vida personal y familiar. Cómo organizar el tiempo es una de las tareas pendientes de muchos lugares de trabajo después de la pandemia. El debate sobre trabajo presencial y virtual aún está encima de la mesa. Depende, en todo caso, de cada tipo de profesión y de la confianza en los equipos.

"El crecimiento profesional es una carrera de fondo", aleccionó Fainé. Energía empresarial significa, para él, liderazgo, empuje e incentivos. Siempre bajo el respeto a la libertad responsable que permite generar espíritu emprendedor dentro de los equipos empresariales. "Un líder debe ser coherente entre lo que hace, dice y piensa". Al final, el presidente de CEDE apeló al coraje y al optimismo, a no desfallecer por muy difíciles que aparenten ser las circunstancias y el escenario.

En el trasfondo de este discurso hay un hilo que permite pensar que estas recomendaciones son eternas. La personalidad de un buen líder y gestor no cambia. Tan visionario fue Henry Ford en su época como Steve Jobs hace treinta años. O lo son ahora Elon Musk Jeff Bezos, por hablar de casos estadounidenses. Las cualidades que pueda tener el gran líder de turno de 2100 apenas se diferenciará de sus predecesores. Pero, ¿cambiará radicalmente la manera de trabajar y las relaciones entre empleador y empleado? ¿Cuáles serán las exigencias de los profesionales del futuro? ¿Cómo se entenderá la lealtad a una empresa y su cultura? En tiempos donde los cambios laborales, mucho más en EEUU que en Europa, se intensifican, ¿cuáles serán los factores decisivos para retener a las personas claves de una organización o a aquellos jóvenes prometedores? No es solo una cuestión de incentivos.

¿Escuchan los altos directivos y ejecutivos preeminentes de la gran empresa española a los jóvenes que hay en sus empresas que, un día, alcanzarán los cargos más importantes? La revolución en que estamos inmersos no es solo tecnológica, también laboral.

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