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Análisis

Una oportunidad para aprovechar

El Mallorca reúne todas las condiciones, económica, social y deportiva, para mantenerse un largo periodo en Primera

Pablo Ortells.

Probablemente desde los tiempos del añorado Antonio Asensio Pizarro, a finales del siglo pasado, no atravesaba el Mallorca por un momento tan dulce como el actual. Saneado económicamente -el mes pasado el club anunció que se había liquidado la deuda que quedaba con Hacienda del concurso de acreedores-, con una paz social pocas veces vista y una situación deportiva envidiable, con el equipo en Primera División y con perspectivas de realizar una buena temporada, el club es una balsa de aceite. Se dan todas las condiciones para que el Mallorca esté en el inicio de otro largo -ojalá- periodo entre los grandes del fútbol español, el único argumento que puede proporcionar a la entidad una larga estabilidad. Porque la realidad indica que, en el cada vez más loco mundo del fútbol, los clubes, acompañados de una buena gestión, solo pueden ser rentables si militan en la máxima categoría, donde fluye el dinero de las televisiones.

El tiempo está dando la razón a la propiedad norteamericana, que aterrizó en la isla en enero de 2016 con la promesa de estar un mínimo de cinco años -ya los ha cumplido- y dar una imprescindible estabilidad tras años convulsos que mejor no recordar. Han sido más los aciertos que los errores, que también los ha habido. Pero ni aún en los momentos más bajos, con el descenso al pozo de la Segunda B, Sarver, Kohlberg y compañía perdieron la compostura. Ante la incredulidad de todos, pusieron los cimientos para ascender a Segunda, que tenía que ser el paso previo al objetivo principal, la Primera. Con más de 50 millones invertidos, ya solo falta que logren lo que todos los dirigentes que les han precedido han intentado, la eliminación de la pista de atletismo del estadio de Son Moix. Y lo conseguirán.

Esta temporada promete, no solo por el gran inicio de Liga, con siete puntos de nueve, sino porque, sobre el papel, se ha evitado cometer los errores de hace dos años. Con otro consejero delegado y director deportivo, para suerte de la entidad, la plantilla se ha reforzado con jugadores con experiencia en Primera, un aspecto fundamental que Molango y Recio despreciaron. El director deportivo Pablo Ortells ha trabajado de la mano del técnico Luis García, un entrenador jovial pero serio, extrovertido, que habla con una (bendita) naturalidad alejada del resto de sus colegas. Pero, sobre todo, ha demostrado poseer un profundo conocimiento de su plantilla. Un inmejorable punto de partida.

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