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Natación

El sueño olímpico de una joven ucraniana reflota en Barcelona

La quinceañera Valeria Zinchenko recupera en el CN Sant Andreu su objetivo tras dejar en marzo su país natal

La nadadora ucraniana de 15 años, Valeria Zinxenko, tras su sesión de entrenamientos en la piscina del CN Sant Andreu. Jordi Cotrina

A primera vista parece una adolescente más. Pero un lazo amarillo y azul en su mochila roja del Sant Andreu da una pista de que la vida de esta quinceañera ha sido muy distinta. No solo es diferente porque en la piscina tenga unos movimientos que sorprenden hasta a nadadoras olímpicas. Sino porque hace ocho meses se montó en un coche para dejar atrás su antigua vida sin saber cuándo regresaría a su país ni si volvería a ver a su hermano.

Valeria Zinchenko salió de Ucrania quince días después del estallido de la guerra. Vivía en Chernivtsi, en el sudoeste del país, hasta que la primera semana de marzo se marchó con sus padres mientras su hermano mayor, de 21 años, se quedaba atrás. Aquel trayecto marcado por la incertidumbre está entre brumas en el desván de su memoria. "Fuimos en coche hasta Rumanía y desde ahí en avión. Fue muy extraño, tengo un recuerdo neblinoso de ese viaje".

Llegó a Lloret de Mar, donde la piscina era de lo que poco que no le resultaba desconocido. Ella, que en Ucrania ya entrenaba cuatro horas diarias con el sueño de ser olímpica, se zambulló en el agua para encontrar algo de normalidad en un mundo que había cambiado por completo. "Al principio fue duro porque no entendía la lengua, todo era un nuevo y difícil de entender. Con la guerra en mi país era difícil entrenar: echaba de menos a todos mis amigos y a mi entrenador. Estaba nerviosa por ellos. Pero esperaba que estuvieran a salvo".

Afortunadamente sigue pudiendo hablar a diario con ellos porque su ciudad "ha estado más o menos a salvo" durante el conflicto y muchos de los 250.000 habitantes que había se han quedado. Apenas llevaba tres meses en Cataluña cuando, de la mano del CN Lloret, participó en el torneo internacional Ciutat de Barcelona. Jessica Vall, medallista mundial y europea en braza, se fijo rápidamente en ella. "La vi calentar fuera del agua y hacía ejercicios típicos de Europa del Este. Me recordaba a algunas competidoras que había tenido a nivel profesional y me quedé un poco su cara".

Al verla en el agua constató que era diferente y habló con Jordi Jou. El director técnico del CN Sant Andreu se reunió con los padres de Valeria en el patio interior del club. Rodeados de las fotos de todos los deportistas olímpicos del club les convenció de que se trasladara sola allí para intentar que algún día la cara de Valeria estuviera también en ese cuadro de honor. “Quiero ser campeona olímpica. Ese es mi sueño. Hago lo máximo para conseguir ese sueño: entrenar duro, no saltarme entrenos e ir paso a paso”, asegura la joven que ahora vive en Barcelona compartiendo piso con otras nadadoras.

"Tiene un objetivo muy claro y quiere llegar", señala Carlos Peña, su entrenador. "Le digo que tiene que estar a menos cuarto y llega a menos 20 para calentar. En todo es la primera. Salimos por filas y ella tiene que ser la primera porque en su mentalidad es que tiene que ser la mejor". Entrena 20 horas a la semana de lunes a sábado y ha evolucionado muy rápido desde su llegada al Sant Andreu. “Tiene una patada muy buena y mucha flexibilidad. Es muy laxa y eso la ayuda a apoyarse. Lo que ha mejorado mucho nivel técnico desde que ha llegado es la parte superior del cuerpo. Antes se hundía”. Como formador sabe que cuando más mayores son más difícil es depurar la técnica pero cree que en este caso no es cuestión de edad sino de actitud. "Contra más tarde más complicado es corregirles. Pero lo ha cambiado porque su actitud es esa: tengo cambiar sí o sí para ir más rápido".

Cuando llegó tenía una marca de 2.44 en 200 braza. Ahora la ha rebajado cinco segundos, hasta 2.39. La mínima para el próximo Europeo júnior es de 2.33. En categoría júnior son dos años por lo que si no entra con 15 años podría intentarlo al año siguiente. Vall, fascinada con la patada que tiene Valeria, la anima para que no desfallezca. "Intento que ayudar a que se sienta cómoda, pueda seguir entrenando y llegar a sus objetivos. La chica estás superagradecida y supercontenta. Más que darle consejos intento que esté a gusto, hacer lo que pueda para que se pueda integrar. El deporte es una herramienta para poder desarrollarte en otros ámbitos", explica la excampeona continental en piscina corta. 

Aunque Valeria sigue muy pendiente de lo que pasa en su país natural, en Catalunya ha recuperado la sonrisa. "Me gusta Barcelona y Cataluña. Aquí tengo nuevos amigos. Me gusta este club, toda la gente es muy amable. Me gusta vivir aquí. Quiero mucho a Ucrania, pero España es el país número dos en mi lista". Esta adolescente, con la ideas muy claras, tiene decidido que su lugar en el mundo ahora es este. "Si la guerra termina seguiré aquí porque necesito estudiar y en Ucrania tras la guerra no será lo mismo. Quiero terminar mis estudios, ser una buena nadadora y ayudar a niños pequeños a ser mejores nadadores".

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