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Ciclismo

El Tourmalet: de Joan Manuel Serrat a Chris Froome

En 1984 el genial cantautor siguió el Tour cuando todavía faltaban 10 meses para que naciera el mejor corredor británico de todos los tiempos

Chris Froome atiende a los enviados especiales de las radios españolas. Borja Cuadrado

Solo tenía tres años más que Chris Froome cuando Joan Manuel Serrat emprendió la aventura de seguir el Tour de 1984 para El Periódico. Cada día escribía una columna. A Froome le faltaban 10 meses para nacer. Y ambos, uno de forma oficial, el cantautor, y el otro, el ciclista, sin haberlo comunicado todavía, están emprendiendo la última gira profesional en lo que saben hacer: llenar auditorios desde el escenario o pedalear entre los mejores corredores del mundo.

Serrat vibró y sufrió con 40 años a la estela de Pedro Delgado en el que fue el segundo y último triunfo de Laurent Fignon en el Tour, con un dominio que no había ejercido el año anterior. Fignon nunca más volvió a alcanzar un nivel tan alto aunque se le escapó solo por ocho segundos la victoria en París de 1989, en el que está considerado como uno de los mejores Tours de la historia, aunque no pudo empezar peor para Perico que se perdió entre las calles de Luxemburgo. Ganó también el Giro y aguantó físicamente cómo pudo el Tour de 2011 cuando el cáncer ya no tenía solución. Comentó en directo todas las etapas para la televisión francesa, aunque algunas noches debía visitar el hospital. Murió en París al mes y una semana de acabar la carrera.

La diversión

Froome se divierte. Dejémoslo que se divierta. De sufrir, de pasárselo mal, de no haber asumido el cambio de enorme figura a corredor más bien anónimo, ya ni estaría en el Tour ni siquiera en el pelotón en carreras de nivel medio. Tampoco se daría cada día la paliza de salir a entrenar. Porque hay que entrenar, y mucho, para estar entre los 40 primeros de la clasificación general de la Grande Boucle. Serrat, en 1984, comprobó de primera mano cómo se esfuerzan los ciclistas en un Tour que obliga a hacer no solo muchos kilómetros con el dorsal en la espalda, si no a cambiar de hotel, a pasar horas de traslado para ir a la salida o a descansar al acabar la etapa. Hace unos días Geraint Thomas, heredero de Froome en el Ineos y vencedor del Tour de 2018, lanzaba una queja, solo una queja, cuando el masajista de su equipo le advertía que tenía que hacer 23 kilómetros extra para llegar al autocar del equipo, que luego iba a conducirlo a los ‘vestuarios’. Aquí no hay que bajar una escaleras para ducharse. Aquí todo está más lejos.

La caída en el Dauphiné

De hecho, no es exagerado decir que la vida deportiva a alto nivel de Froome se terminó el 12 de junio de 2019 cuando sufrió un gravísimo accidente mientras inspeccionaba el recorrido de la contrarreloj del Critérium del Dauphiné camino de un Tour que nunca corrió. Impactó contra un muro y se destrozó el cuerpo. La fractura más grave fue en el fémur derecho. Nunca quedó claro, después de meses y meses de recuperación, si iba a volver. Se recordó la caída de Alejandro Valverde en la contrarreloj inicial de la ronda francesa de 2017 y que cuando regresó se convirtió en campeón del mundo.

Sin embargo, Froome ya no volvió a ser el mismo y con 37 años la retirada parece ser un camino más sencillo -pero cuando él y no la afición o los que escribimos de este deporte digamos- que el intentar conseguir un quinto Tour para entrar en el club de Jacques Anquetil, Eddy Merckx, Bernard Hinault y Miguel Induráin.

El recuerdo de Antonio Vallugera

Serrat emprendió la aventura del Tour porque era muy amigo de Antonio Vallugera. Eran tiempos en los que los periodistas escribían con el puro en la boca. Ahora está prohibido fumar en la sala de prensa. Vallugera, fallecido en 1987, fue algo así como el Bahamontes o el Ocaña entre los periodistas que un día decidieron dedicarse a este deporte. Términos como ’etapa dantesca’ llevan su firma. Hubo una vez, en la desaparecida Setmana Catalana, que Serrat se acercó a Montjuïc para ver la contrarreloj final de la carrera. Fue a saludar a Eusebio Unzué y este lo invitó a subir al coche del Banesto para seguir a Induráin. “Pero no va a hacer ninguna exhibición. Todavía no está en forma. ¿Vas a volver algún día al Tour?”, le dijo Unzué, hoy mánager del Movistar, a Serrat. “No. Yo fui porque me invitó Vallugera, que era mi amigo”, contestó el cantautor.

La clandestinidad de 2021

Hace un año, Froome llegó a París en la clandestinidad de la clasificación general. Solo ocho ciclistas hicieron peor tiempo que él. Acabó el 133º a cuatro horas, 12 minutos y un segundo de Tadej Pogacar. Hoy va mucho mejor. Hasta intentó el martes por primera vez pillar la escapada buena. Es el 38º, a 28.50 minutos del mismo protagonista que en 2021 vestía de amarillo.

Serrat se despide de los escenarios con una gira. Hace 38 años escuchaba el ya olvidado sonido de las máquinas de escribir y veía a los enviados especiales ‘cantar’ en pequeñas cabinas la crónica que habían escrito. Serrat no volvió al Tour y Froome dejó en 2017 de ganar en París. Las máquinas de escribir se mantuvieron activas unos años más, con el llorado Gianni Mura, un artista de la escritura, y que se resistió a dejar su Olivetti hasta que se jubiló la última teclista de ‘La Reppublica’.

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