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Diario de Mallorca

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Arabia Saudí

El dinero saudí incendia el golf (y su conciencia) con un nuevo circuito multimillonario

Dustin Johnson, Sergio García y Phil Mickelson son algunas de las caras visibles de LIV Tour, que tiene al frente a Greg Norman

Dustin Johnson, en la presentación del inicio del tour saudí. Reuters

El LIV Golf Invitational Series dejará este jueves de ser solo un proyecto disruptivo que amenaza con un cisma en el mundo del golf para convertirse en un peligroso incendio de proporciones desconocidas.

Los fondos de inversión público del gobierno de Arabía Saudi volcarán cerca de 2.000 millones de dólares de inversión de aquí a 2025 para impulsar el nuevo circuito profesional que arrancará hoy mismo en el Centurion Club de St Albans, en las afueras de Londres, el primero de una serie de ocho torneos con un cuadro con 48 jugadores en competición, en formato equipos e individual, con algunas normas nuevas como una competición a tres vueltas, es decir a 54 hoyos (en lugar de los 72 habituales) lo que ha acabado dando nombre al circuito por su traslación a números romanos.

La sensación generalizada es que esta apuesta millonaria responde a un intento de Arabia Saudí de lavar su imagen a través del deporte, con el asesinato en 2018 del periodista Jamal Khashoggi todavía muy presenteun filtro para limpiar conciencias como pretende también conseguir Catar con la organización de la Copa del Mundo de fútbolque se disputará a finales de noviembre, o hizo Rusia en su momento con los Juegos Olímpicos.

Para hacerlo realidad, LIV golf ha puesto al frente de la organización a una de las leyendas de este deporte, Greg Norman, como director ejecutivo, y ha conseguido reclutar a tres nombres de referencia que serán las caras visibles de la competición: Dustin Johnson, ganador de dos ‘majors’, uno de los jugadores dominantes de los ránkings mundiales, un veterano como Phil Mickelson, seis veces ganador de un ‘major’, y el castellonense Sergio García. El objetivo, y el peligro para la PGA y el Tour europeo, es que esa nómina siga creciendo tras esta primera experiencia. A Johnson, por ejemplo, le ha costado la pérdida de su principal espónsor, Royal Bank of Canadá, pero se da por hecho que el jugador estadounidense ha recibido un fijo de 100 millones de dólares para dar el salto.

Johnson y García han anunciado esta misma semana su renuncia al circuito de la PGA estadounidense, pese a que el comisionado de la PGA, Jay Monahan, lleva tiempo avisando sobre las posibles sanciones y multas, incluso con la exclusión, en caso de que los jugadores se enrolen en el tour saudí. Mickelson competirá en Londres sin hacer pública su renuncia al PGA Tour.

Greg Norman. Reuters

No hay ninguna explicación más allá de las cifras de locura para entender la marcha de los jugadores del circuito estadounidense, donde los golfistas ya viven como privilegiados. Para hacerse una idea, cada torneo del circuito saudí tendrá una bolsa para premios de 25 millones, con 4 millones para el ganador, 1,5 millones para el segundo o 120.000 para el último clasificado. El torneo que cerrará la temporada llegará hasta los 50 millones en premios y, además, varios jugadores están recibiendo unos fijos de salida. El Masters de Augusta, uno de los torneos más lucrativos del circuito, repartió este año 15 millones de dólares en premios y 2,1 millones para el ganador, Scottie Scheffler, el actual número uno del ránking mundial.

Los 'rebeldes'

La explicación de Norman para trabajar con los saudís no le deja en muy buen lugar. “Todos cometemos errores”, fue su intervención, una respuesta que provocó la condena de Amnistía International. Su argumento es que su misión está al margen de otros temas, como puedan ser los derechos humanos. “Estoy aquí por el golf. Eso es que me preocupa y no me dejo llevar por el resto. Esa es mi prioridad”, cuenta el ‘Tiburón blanco’ que dice defender un mercado libre para que los jugadores no estén sometidos a las decisiones de la PGA o el circuito europeo.

Phil Mickelson. EP

Muchísimas estrellas del circuito se han distanciado del proyecto de Norman y LIV golf, como Tiger Woodsque ha rechazado una oferta de nueve dígitos para integrarse en el circuito saudí, o también de Jon Rahm, que fue de los primeros en dejar clara su posición. “Todo el mundo es libre de tomar su decisión. Pero para alguien joven como yo, con todo su futuro por delante, la liga saudí no parece algo muy inteligente”, afirma el jugador de Barrika.

Otras figuras, por el contrario, han acabado sucumbiendo por razones evidentes como Louis Oosthuizen, Martin Kaymer, Graeme McDowell, Ian Poulter, Lee Westwood, Charl Schwartzel, Kevin Na o los españoles Adrian Otaegui y Pablo Larrazábal. La presencia de estos jugadores ‘rebeldes’ en los torneos del Grand Slam no peligra por ahora y el Open de EEUU, el tercer ‘grande’ del calendario, que se disputará del 16 al 19 de junio en el Country Club de Brookline (Massachussets) ya ha confirmado que no les vetará. Pero su decisión de integrar la Liga saudí sí les impedirá formar parte de la Ryder Cup, el torneo bianual que enfrenta a Europa y EEUU.

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