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Festival de Venecia

Jafar Panahi vuelve a desafiar con maestría a sus carceleros

El represaliado cineasta iraní compite en la Mostra con 'No bears', una película profética que merecería un lugar en el palmarés

Miembros del jurado de la Mostra y cineastas protagonizan en Venecia un acto de apoyo a Panahi y otros directores represaliados. CLAUDIO ONORATI

Cuando Jafar Panahi completó su nueva película‘No Bears’, ya sabía que no podría asistir a su estreno en la Mostra, porque la justicia iraní le tiene prohibido viajar al extranjero hasta 2030; de lo que no era consciente es que, mientras algunos de sus colaboradores paseaban el viernes por la alfombra roja del festival, él llevaría 52 días entre rejas. Pero, pensándolo bien, tal vez sí fuera consciente. Después de todo, si el largometraje que ahora le puede volver a proporcionar el León de Oro resulta tan demoledor -ya ganó el premio gracias a ‘El círculo’ (2000), desoladora denuncia de la situación de la mujer en su país- es en buena medida porque se trata de una obra asombrosamente profética.

Según las autoridades iraníes, meter a Panahi en prisión supone ejecutar la condena a seis años de cárcel que le fue impuesta en 2010 por un delito de orquestación de propaganda contra el régimen de los ayatolás, y que inicialmente había sido revocada. Pese a que entonces también fue sentenciado a 20 años de prohibición de hacer películas, escribir guiones y salir de su país, en los últimos 12 años ha seguido filmando largometrajes -’Esto no es una película’ (2011), ‘Pardé’ (2013), ‘Taxi Teherán’ (2015, ‘Tres caras’ (2018)- que no son ni ficciones ni documentales y que, con grandes dosis de ingenio, cuestionan su propia naturaleza y la del cine mismo mientras ponen en evidencia el opresivo contexto personal, social y político en el que han sido creadas; ‘No Bears’ se basa en esa misma premisa, y le saca incluso más partido que la mayoría de esos títulos previos.

Un rodaje clandestino

La protagoniza el propio Panahi, interpretándose a sí mismo. Lo vemos escondido en un pueblecito pegado a Turquía, dirigiendo de forma remota una película cuyo rodaje tiene lugar en Estambul. Él se plantea entrar de forma clandestina en el país vecino, los personajes de la historia que está filmando son una pareja de iraníes que tratan de huír a Europa, y los actores que los encarnan están en esa misma situación; todo el mundo quiere escapar de Irán. Y, durante su estancia en esa aldea fronteriza, la necesidad que Panahi tiene de usar su cámara lo abocará a un enfrentamiento cada vez más violento contra tradiciones locales que solo sirven para perpetuar una masculinidad supersticiosa, absurda y estúpida. Mientras contempla todo eso, ‘No Bears’ se erige en una de las obras más complejas de su autor, porque a la sofisticación conceptual añade dosis extraordinarias de furia, y de pesimismo lacerante. Si en el pasado Panahi demostraba creer que su cine podría contribuir a la salvación de sí mismo y sus compatriotas, ahora parece convencido de que solo contribuirá a su condena. Profecía, decimos.

Hasta el momento de su estreno en el certamen, la presencia de ‘No Bears’ en el palmarés se daba por hecha como gesto de solidaridad con su director; ahora, la exigen sus abrumadores méritos artísticos. A menos que Julianne Moore y el resto de miembros del jurado que preside hayan perdido el juicio, en cambio, entre las películas premiadas no debería figurar ninguna de las presentadas a concurso en esta última jornada: ni la también iraní ‘Beyond the Wall’, mezcla de melodrama y thriller tan torpe como tramposa, y cuya presencia en la competición solo se entiende como una toma de posición política por parte del festival; ni la francesa ‘Les miens’, comedia familiar aplastada por la pesada metáfora que vehicula; ni la italiana ‘Chiara’, biopic de Clara de Asís mucho menos interesante que la página de la Wikipedia dedicada al personaje.

Pese a que ambas figuran entre las favoritas, y a que ambas son películas magníficas, las posibilidades de ‘Blonde’ y ‘Almas en pena en Inisherin’ cara al León de Oro son rebatibles; la primera de ellas es una obra divisiva -el jurado, en todo caso, debería premiar a su protagonista, Ana de Armas-, y la segunda rezuma una masculinidad nada conectada con el ‘zeitgeist’. Este cronista apuesta por la victoria de ‘Tár’, una película cuidadosamente diseñada para ganar premios, a sabiendas de que Jafar Panahi tiene bastantes posibilidades de evitarla.

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