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Crítica de Cine

La comedia de derechas existe

Tras Dios mío, ¿qué te hemos hecho? (2014) y Dios mío, ¿qué te hemos hecho ahora? (2019), llega Dios mío, ¿pero qué nos has hecho? Resulta inaudito que lo que comenzó hace ahora ocho años siendo una comedia retrógrada, clasista y racista haya llegado ya a una tercera parte (todas firmadas por Philippe de Chauveron), pero el cine también es un reflejo de la sociedad y seguramente a los votantes de la ultraderechista Marine Le Pen estos gags en torno al color, la orientación sexual y las costumbres culturales diversas les hagan mucha gracia.

No hay demasiadas novedades con respecto a la primera entrega, en la que las hijas de un matrimonio conservador decidían casarse con un negro, un chino, un judío y un árabe, sí, como los chistes de cuñaos, desatando la ira del progenitor, que quería algo mejor (es decir, un blanco católico) para su descendencia femenina.

Ahora, todas las respectivas familias se reúnen para celebrar las bodas de rubí de la pareja formada por Christian Clavier (un gran representante de la comedia francesa de derechas) y Chantal Lauby, y todos se llevan muy mal hasta que terminan por tolerarse. Qué gran lección. Que toda una parte gire en torno a lo polémico que puede ser una representación teatral con un Jesús negro demuestra lo antediluviano de la propuesta.

En ese sentido, podríamos decir que la película Dios mío, ¿qué nos has hecho? hace retroceder 50 años el cine, casi al Pleistoceno. Es una película faltona, su comicidad es ridícula, las situaciones que presenta resultan sonrojantes y la ideología sobre la que se sustenta es de lo más peligrosa.

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