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Dolors Marín: «Ejecutar a Puig Antich supuso ver que el franquismo moría matando hasta el final»

La autora del libro sobre el anarquismo afirma que «hay un gran movimiento antifascista a nivel europeo, aunque está silenciado»

La autora del libro.

La autora del libro. Manu Mielniezuk

Reconoce Dolors Marín que en las postrimerías del franquismo «la ilusión estaba puesta en el fin del dictador y la mejora del país», sin atisbar más mazazos, por lo que la aplicación del garrote vil al anarquista Salvador Puig Antich, la última persona ejecutada por Franco, supuso «comprobar de forma totalmente inesperada que el franquismo moría matando hasta el final». La autora del libro Breu història de l’anarquisme als Països Catalans con Jordi Martí ofreció una charla ayer en Llibres Ramon Llull en la que esbozó la evolución que se desarrolla en el texto y habló del momento actual y el auge de la ultraderecha.

Puig Antich estuvo presente, aunque la experta no cree que el anarquismo en Cataluña hubiese sido diferente sin esta figura que acabó asesinada por defender sus ideales, sino al revés. «Tal vez no le entenderíamos a él si Cataluña no hubiese tenido su trayectoria anarquista, donde casi siempre había en las familias un abuelo o tío anarquista. Hay que entender a un chico buscando referentes históricos inmediatos en un país silenciado por el franquismo», en palabras de Marín.

Los autores abarcan hasta la actualidad, haciendo referencia a los casales okupas más recientes y reivindicaciones de colectivos dedicados a la edición de libros o a la acción sindical, además de los espacios feministas. Y frente al resurgimiento de la ultraderecha, Marín afirma que «el anarquismo está reaccionando. Hay un gran movimiento antifascista a nivel europeo, aunque está silenciado, no sale en los medios y se castiga desde los propios Estados, ya que todo lo que va contra cualquier tipo de poder es perjudicial y se denigra diciendo que es el caos». Por el contrario, la especialista afincada en Mallorca recuerda que «los anarquistas afirman que no hay nada más caótico que el sistema capitalista, con sus crisis constantes y la desorganización del mundo con la mala distribución de la riqueza».

Además del silenciamiento, otro motivo por el que no parece estar haciendo contrarréplica es porque «el anarquismo quiere crear conciencia antes de iniciar el cambio político. No se puede poner un cañón en cada esquina para que la gente sea anarquista. Para hacer una revolución antes hace falta educar», destaca.

Según su opinión, el motivo del auge de la ultraderecha «viene dado por el revisionismo histórico al que estamos asistiendo. Se sienten amenazados por países emergentes, piensan que pueden hacer tambalear los privilegios y el poder que tienen, por lo que en esta reordenación del mundo en la que estamos inmersos y que, con la pandemia, no sabemos cómo acabará, nace un discurso racista, xenófobo y machista que está intentando heredar otra vez la hegemonía de los capitalistas del XX», concluye la especialista en la historia de los movimientos sociales europeos.

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