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Música

Un largo camino por recorrer

Un estudio pone de manifiesto la paupérrima presencia de la mujer en las orquestas españolas

Elena Herrera. LNE

Impulsado por la Fundación SGAE, y realizado por las asociaciones “Clásicas y Modernas” y “Mujeres en la Música”, lleva varios años haciéndose un estudio sobre la presencia de la mujer en las programaciones de las orquestas sinfónicas españolas. Y lo hace en varios frentes, tanto en el ámbito de la dirección como en el de las solistas, así como en el de las compositoras. Tres aspectos muy relevantes a los que se podría añadir, en la misma línea, la estructura de las plantillas de las formaciones orquestales.

El resultado es demoledor, sobre todo porque, después de varios años, el avance es lentísimo en todos los ámbitos, lo cual debe llevar al sector a una reflexión muy seria al respecto. Si atendemos a la presencia de compositoras en los conciertos el porcentaje global es del ¡uno por ciento! Se escala cuatro puntos, hasta el cinco por ciento, en el caso de las directoras, mientras que la cifra ya es un poco más presentable, aunque tampoco sea para tirar cohetes, en lo referente a las solistas que tuvieron presencia en el 23 por ciento de los conciertos en la temporada 2018-2019, que es la última analizada.

Estamos ante una situación ante la cual pocas justificaciones caben. Por una parte, en el patrimonio histórico, desde la musicología, se está aportando numeroso material que está sacando a la luz obra de compositoras hasta ahora olvidadas. Al igual que sucede con los hombres, habrá obra mala, mediocre, buena y muy buena. Pero ni el público, ni los propios músicos, han tenido la opción de testar los umbrales de calidad en condiciones. A la larga, en el repertorio quedarán las opciones de mayor interés porque es el tiempo y la calidad de cada obra la que acabara decantando su pervivencia, al igual que sucede en las obras escritas por varones. Lo mismo podríamos decir en el caso de la nueva creación, con una hornada de jóvenes, excelentemente preparados y cada vez más presencia femenina ya desde los estudios en el Conservatorio. En el plano de las solistas, hoy en día el nivel es muy alto en todos los instrumentos –aunque es verdad que alguno está más asociado a las mujeres, como es el arpa– y, sin embargo, su implicación en los abonos orquestales apenas evoluciona con el paso de los años. Es como si, también aquí, más que un techo de cristal lo hubiese de hormigón.

Es tremenda la escasísima presencia de la mujer en la dirección orquestal. Es verdad que, décadas atrás, eran escasos los ejemplos de mujeres que pudiesen realizar una carrera estable. En las dos últimas décadas se ha producido una eclosión que ha lanzado al mercado internacional a directoras de primerísimo nivel y también a otras que no lo son tanto. Algo que sucede exactamente igual con los directores. ¿O es que un director correcto, o incluso bastantes mediocres, tiene derecho a una trayectoria duradera y directoras de igual valía –magníficas o regulares– no lo tienen en el mismo grado? En el ámbito hispano, recuerdo cuando a finales del pasado siglo la maestra cubana Elena Herrera buscó abrirse camino en España, especialmente en el ámbito lírico, en el cual su talento era de muy alto nivel. Le costó muchísimo salir adelante, pese a estar trabajando en proyectos sinfónicos y líricos relevantes, tanto en Cuba como en Brasil y otros países iberoamericanos. En Oviedo sí consiguió mantener actividad con cierta estabilidad, pero aún recuerdo una crítica publicada en un diario nacional, supuestamente progresista, de un insigne crítico que descalificó su trabajo en una ópera en Madrid con una displicencia machista que hoy sería, directamente, para ir al juzgado de guardia. Fue una pionera y una luchadora convencida y enamorada de su trabajo. Como dice María Luz González Peña, “la historia de la música estará incompleta hasta que no se haga eco de tantas compositoras cuyas obras aguardan en los archivos a ser descubiertas y programadas”.

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