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Diario de Mallorca

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ANÁLISIS

La pospandemia se nombra en femenino

La necesidad de incluir a más mujeres en estudios científicos beneficiará a toda la sociedad

Angela Saini. Wikipedia

La comunidad científica estudia desde hace tiempo el impacto de la Covid persistente. La Sociedad Española de Médicos Generales y de Familia (SEMG) en colaboración con la asociación Long Covid Autonomous Communities Spain (ACTS) estiman, en la Guía Clínica para la atención al paciente Long Covid/Covid persistente publicada en enero de 2022, que entre el 10-20% de los pacientes que sufren Covid-19 no se recuperan completamente de la fase aguda de la enfermedad y desarrollan «síntomas persistentes e incapacitantes». Y parece que esta nueva enfermedad afecta de forma desproporcionada a las mujeres. Citan una encuesta con 3.762 pacientes de 59 países en la que el 78,9 % de quienes sufren Covid persistente son mujeres, cuyas voces han sido imprescindibles para el reconocimiento y estudio de esta nueva enfermedad.

Estas voces han posibilitado movimientos de base con impacto en la comunidad científica. En Reino Unido destaca la doctora Emma Kavanaugh, psicóloga con amplia experiencia clínica en el ámbito militar, quien sufre COVID persistente desde hace dos años. Kavanaugh es autora de novelas de crímenes y recientemente ha publicado How to be Broken: The Advantages of Falling Apart (2021), un libro en el que analiza el impacto del estrés sobre el cerebro inspirada por los efectos de la pandemia sobre la salud mental. Kavanaugh está recopilando datos sobre los efectos de la Covid persistente en Gales, para fomentar la creación de grupos profesionales y de investigación sobre esta enfermedad en el sistema sanitario de Reino Unido (NHS).

España es pionera en la investigación de otro gran problema derivado de la pandemia: los potenciales efectos adversos de las vacunas de ARNm contra la Covid sobre los ciclos menstruales. El proyecto, “Efecto de la vacunación contra el SARS-CoV-2 en el ciclo menstrual de mujeres en edad fértil. Proyecto EVA” de la Universidad de Granada y el Hospital Universitario San Cecilio de Granada, liderado por la matrona, profesora y doctora en Enfermería Laura Baena, investiga las alteraciones menstruales. de las que informan 7 de cada 10 mujeres en una encuesta online en la que participaron más de 14.000 jóvenes. En la fase actual se llevará a cabo el seguimiento de 100 de esas mujeres durante 1 año.

Ambos proyectos buscan solventar la imperiosa necesidad de incluir a más mujeres en estudios clínicos, ya que, por defecto, se suele considerar al hombre blanco como sujeto predefinido. Esta predisposición tiene un impacto directo en la salud de la población gener’al, ya que no solo no se toma en consideración a las mujeres, sino que se obvia a los sujetos racializados (en el ámbito médico-sanitario todavía se distinguen razas para estudiar ciertas enfermedades, como ha sido el caso de la hipertensión entre la población negra de EEUU). Los sesgos de género y raza no son ninguna novedad en las investigaciones científicas. La autora y periodista científica británica Angela Saini ha escrito ampliamente sobre ambos en sus libros Inferior (2017) y Superior (2021. Ambas lecturas son imprescindibles para construir la investigación científica en la era postcovid.

En España se lucha desde hace años por la inclusión de mujeres en estudios médico-sanitarios para alcanzar una investigación científica de excelencia. La doctora Carmen Valls aclara en Mujeres invisibles para la Medicina: Desvelando nuestra salud (2006, reedición 2021) que «el hecho de aportar más información sobre la forma en que se desarrollan las enfermedades según el sexo […] sirve para hacer más visibles los problemas de salud de ambos sexos y para cambiar la relación que los profesionales de la medicina establecen con las y los pacientes». Por tanto, incluir a más mujeres en estudios científicos no solo nos beneficia a nosotras, sino también al resto de la sociedad y, sobre todo, a la práctica clínica y asistencial.

Nos queda mucho camino postpandemia por recorrer, pero es innegable que el SARS-CoV-2 ha supuesto un toque de atención para incluir a más pacientes mujeres e investigadoras responsables en los estudios clínicos. Hasta entonces, y considerando los estudios, movimientos y lecturas que ya han surgido, estamos en muy buenas manos.

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