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James Bond y Guy de Lusignan agitados, no mezclados

Eduardo Valls Oyarzun explica desde la mitología del Agente 007 acontecimientos como el Brexit o el ascenso de Trump

James Bond y Guy de Lusignan agitados, no mezclados

James Bond y Guy de Lusignan agitados, no mezclados

Decía el director de cine Jesús Franco (también guionista, actor, productor y, en definitiva, todocampista cinematográfico al estilo de Paul Pogba o Yaya Touré en el fútbol) que solo en los títulos de crédito de Agente 007 contra el Dr. No había más cine que en toda la trayectoria de Ingmar Bergman. Ahí queda eso. ¿Discutible? Puede ser. Pero Eduardo Valls Oyarzun sostiene en James Bond contra el Dr. Brexit que la mitología de James Bond permite interpretar la identidad británica, la ética imperial, la masculinidad, el capitalismo de consumo en la sociedad de masas y, en fin, comprender los contextos culturales contemporáneos, desde el ascenso de Donald Trump al laberinto del Brexit o el fenómeno del #Me Too. Ahí queda eso. ¿Discutible? Puede ser. Pero recomiendo a los lectores (sobre todo si son seguidores de Bergman) que, antes de despreciar a Jesús Franco o despachar a Eduardo Valls con una mueca, vean (o revisen) los títulos de crédito de Agente 007 contra el Dr. No y lean James Bond contra el Dr. Brexit.

Las películas protagonizadas por James Bond, el personaje creado por el escritor Ian Fleming, forman parte de la cultura popular. Y la cultura popular, la cultura de masas o como queramos llamar a la reformulación como ficción de las preocupaciones y temas universales, acostumbra a albergar reflexiones muy inspiradas en torno a la sociedad que las produce y, como apunta Rubén Higueras Flores en su estudio sobre el “Mad Doctor” en la literatura y el cine, a veces superiores a las de la llamada “alta cultura”. Así, las aventuras del agente 007 permitirían reformular conflictos ideológicos a través de una ficción geopolítica (la capacidad de Gran Bretaña de influir en el mundo tras la desamortización de su Imperio) y, por ejemplo, interpretar a Donald Trump como uno de los “malos” de las películas de Bond: Trump y Elliot Carver en El mañana nunca muere tienen una agenda personal ajena a la razón de Estado y los dos comparten el mismo gusto por la teatralidad y las “fake news”, Trump y Max Zorin en Panorama para matar tienen el mismo afán depredador financiero, Trump es un nacionalpopulista al estilo de Blofeld en Operación Trueno… Eduardo Valls reflexiona sobre lo viejo y lo nuevo al hilo del fascinante diálogo entre Q y Bond en Skyfall con el auxilio de conceptos de la “alta cultura” (“crítica derrideana del concepto butleriano de agencia que defiende Q”), pero nunca pierde de vista la cultura popular a la que pertenece el mundo de Bond y mezcla con habilidad la “altura” de Derrida, de Thomas Carlyle o de la cultura neovictoriana con los “populares” apuntes sobre los trajes de Bond o las letras de las canciones que acompañan a sus películas. La alta cultura y la cultura popular no son agua y aceite.

James Bond contra el Dr. Brexit defiende con potentes argumentos que James Bond no es partidario del Brexit, distingue con precisión quirúrgica entre lo inglés y lo británico, reflexiona sobre la dinámica entre muerte y resurrección en torno a Bond y disecciona, con saludable seriedad, la organización criminal SPECTRE considerada como un consorcio privado dirigido por Ernst Stavro Blofeld que se dedica la coacción a escala geopolítica y cuyo éxito supone la promoción a la condición de superpotencia mundial de la iniciativa privada. Podríamos decir, siguiendo a Hans Magnus Enzensberger, que la modernidad de Blofeld y SPECTRE, como la de Al Capone y la Mafia, decide su éxito, mientras que su antigüedad (sus leyes bárbaras) alimenta su fascinación. ¿Y Bond? ¿El éxito del agente 007 es también moderno, mientras que su bárbara licencia para matar es fascinante? En la película El reino de los cielos, Guy de Lusignan le pide a Reinaldo de Châtillon que le dé una guerra, y Reinaldo responde: “Eso sí sé hacerlo”. Y lo hace. Vaya si lo hace. Lo hace de una manera brutal, atacando una caravana comercial y rompiendo el pacto con Saladino. Guy de Lusignan, manchado de sangre hasta las cejas, reflexiona después de la matanza: “Soy lo que soy; alguien debe serlo”. ¿Es Bond un Guy de Lusignan de los nuestros? ¿Vivimos, como dice el coronel Natham Jessep en Algunos hombres buenos, en un mundo que tiene muros, y esos muros han de ser defendidos por hombres armados como Guy de Lusignan o como James Bond? La cultura popular tiene muchas respuestas, pero sobre todo propone muchísimas preguntas. A veces formuladas por un tipo duro, elegante, ligón, culto, violento y que seguirá bebiendo su cóctel favorito tras un Brexit agitado, no mezclado.

James Bond y Guy de Lusignan agitados, no mezclados

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