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El cine no morirá

Las salas de cine viven un momento complicado y, a la hora de buscar responsables de esta situación, todas las miradas apuntan a las plataformas de internet. No es la primera vez que los cines tienen un feroz adversario

El cine no morirá

Las dificultades que tienen las salas de exhibición por mantenerse a flote son conocidas por todos. Las restricciones pandémicas fueron una piedra más en el pesado lastre que arrastran desde hace tiempo y que casi provoca su naufragio definitivo. Lo cierto es que el problema viene de antes, con la aparición de las plataformas de internet. Estos días hace 25 años de la fundación de la más popular: Netflix.

Entre el Beta y el VHS

Pocos recuerdan que esa empresa empezó siendo un negocio de alquiler de filmes y entonces ya se la consideró como una de las responsables del final de los videoclubs. Cualquier lector que tenga memoria de cómo era el mundo de 1980 y 1990 no necesita demasiadas explicaciones sobre la importancia que tenían aquellos establecimientos donde había copias físicas de las películas. Y no hablamos de DVD, sino de videocasetes con formatos de nombres tan exóticos como 2.000, Beta y VHS. De la misma forma que ahora los cines sufren la competencia de las plataformas, entonces la amenaza eran los videoclubs.

Ahora bien, si aparecen nuevos modelos de negocio es debido a la llegada de nuevas tecnologías que son adoptadas de forma masiva por la sociedad de consumo. El videoclub nunca hubiera existido si, en 1975, Sony no hubiera puesto a la venta aparatos que grababan y reproducían imágenes en movimiento. Algunas compañías cinematográficas enseguida vieron que aquello podía ser un peligro para su negocio y por eso Universal y Disney denunciaron la marca japonesa para que se le prohibiera la comercialización de ese nuevo artefacto. Pero perdieron.

Mientras tanto, otros vieron la vertiente lucrativa de la novedad. El primero fue George Atkinson, que abrió el primer videoclub estadounidense en Los Ángeles. Además, llegó a un acuerdo con la 20th Century Fox para ofrecer en alquiler las principales novedades de su catálogo en formato Beta y VHS. A partir de ahí ocurrió lo que sucede siempre con las innovaciones. Bajó el precio tanto de los aparatos como de la fabricación y grabación de cintas, y en consecuencia, cada vez estaban al alcance de más gente. Así, aparte de las típicas cadenas de videoclubs como Blockbuster, muchas tiendas de barrio ofrecían un servicio de alquiler de unas cuantas películas que la gente solía ver los fines de semana.

El profesor de medios audiovisuales de la Universidad de Michigan, David Herbert, en 2014 publicó Videoland, un concienzudo trabajo sobre el fenómeno de los videoclubs y su incidencia en la cultura popular norteamericana de las últimas décadas del siglo XX. En su libro constata que con el alquiler de cintas, la gente descubrió el placer de poder escoger lo que quería ver sin tener que seguir la cartelera a un precio mucho más económico que una entrada de cine y, además, sin moverse de casa. Según los datos de Herbert, en 1987 en Estados Unidos el volumen de negocio generado por el alquiler de cintas ya había superado el taquillaje de las salas de cine.

Pero nada dura para siempre y en 1997 Reed Hastings y Marc Randolph pusieron en marcha Netflix aprovechando dos nuevas tecnologías que se estaban abriendo paso: internet y el DVD. Sus clientes escogían los títulos que querían alquilar a través de la web de la compañía y en pocos días lo recibían en casa. Debido a que las copias eran en formato DVD ocupaban poco espacio y eran más fáciles de enviar por correo. Luego, el cliente las devolvía a uno de los puntos asignados con unos sobres prefranqueados que ya había recibido junto a las películas. Y para hacerlo más fácil, pagando una cuota fija se podían ver todos los títulos que quisieras. Así pues, la única diferencia con lo que tenemos ahora es que se ha pasado del físico al digital y que el servicio es ubicuo, porque puedes consumirlo donde te apetezca gracias al wifi y al 4G.

Ahora bien, este no será el último capítulo de la historia del consumo audiovisual. Al igual que el cine no mató al teatro, tampoco el streaming acabará con las grandes pantallas. Los cines tendrán que luchar, pero sobrevivirán.

Resistente

El videoclub más antiguo del mundo

El alemán Eckhard Baum tiene el honor de ser considerado el primero que inició un servicio de alquiler de filmes, aunque surgió de forma espontánea.

En el año 1975 empezó a dejar sus cintas de Super 8 a sus amigos y, poco a poco, creció la demanda hasta convertirlo en un negocio. Se trata del videoclub más antiguo del mundo y todavía sigue abierto. Lo encontraréis en la ciudad de Kassel.

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